Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Asambleas     
 
 Informaciones.    14/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LETRAS

DEL CAMBIO

Asambleas

Por Jaime CAMPMANY

DESDE hace algunos años se utiliza en muchos lugares de trabajo un procedimiento singular para obtener criterios de actuación. Me refiero al sistema de las asambleas. Es este un sistema que encierra graves riesgos, si no probables seguridades, de falsificación de la voluntad mayoritaria de un colectivo.

A las asambleas acude un número reducido de la totalidad de eso que podríamos llamar censo. Generalmente, las intervenciones no guardan orden ni respeto para las naturales discrepancias. Se ahogan unas voces y se jalean otras. Se abuchea y se clamorea. Se vota a mano alzada, a veces bajo coacción, otras veces bajo el insulto.

Este movimiento asambleario nace en los momentos en que algunos sectores profesionales intentan romper la normativa rígida de los viejos sindicatos. Se afirma, primero, que la asamblea es soberana, y se sustituye, después, la voluntad de aquellos representantes sindicales elegidos por las viejas normas de la Organización Sindical. En definitiva, es un Instrumento de lucha para obtener la libertad sindical y para oponer unos acuerdos, ¡legales, pero clamorosos, a los acuerdos de una representación cuya legitimidad no se reconoce.

La asamblea es costumbre que pervive gracias seguramente al vacío en la representación sindical que se ha producido hasta tanto no se celebren las inminentes elecciones sindicales. Es de esperar que cuando tales elecciones se celebren, las asambleas —concebidas tal y como ahora se celebran— queden fuera de las costumbres. Los representantes que puedan invocar el mandato o el deseo de «la base» .deberán haber sido elegidos por ella. Por tanto, ningún grupo minoritario, aunque más escandaloso y audaz que los demás, podrá arrogarse una representación que nadie le ha otorgado.

Porque la asamblea no tiene sentido si no es en momentos de emergencia, de vacío representativo o de lucha contra normas rechazadas por un amplio sector laboral o profesional. En un sistema democrático, ninguna representación de una central sindical, elegida por sufragio secreto, permitirá que una asamblea minoritaria y «salvaje» la sustituya y la suplante.

Afirmar que la asamblea —tal y como ahora se viene entendiendo esta figura en los lugares de trabajo— representa la más alta soberanía del colectivo, sea cual sea el numero de asistentes, se compruebe o no la condición que legitime para asistir a ella, es una argucia. Es como llamar plebiscito a una clamorosa manifestación en la plaza pública.

 

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