Autor: Domenech, Cristino. 
   El interés de todos los trabajadores     
 
 El País.    18/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TRIBUNA ELECTORAL

El interés de todos los trabajadores

CRISTINO DOMENECH Secretario general segundo del Sindicato Unitario (SU)

Las elecciones sindicales, que se van a celebrar reguladas por el decreto del pasado 13 de diciembre, tendrán en buena medida un carácter distinto que las celebradas bajo el franquismo. Al no existir el sindicato vertical y estar legalizados los sindicatos de trabajadores, los obreros tenemos mayores posibilidades de ejercer nuestra libertad sindical.

Sin embargo, el decreto-ley del Gobierno impone graves limitaciones a la libertad sindical y es muy perjudicial para los trabajadores. Dichas limitaciones, que favorecen a los grandes capitalistas y a su principal representante, el Gobierno de UCD, han sido denunciadas por el SU en numerosas ocasiones.

Lógicamente, se puede pensar que si el conjunto de los sindicatos hubieran hecho un frente común, el.Gobierno no hubiera podido imponer un decreto a su antojo, tan lesivo para los intereses de los trabajadores. Esto no ha sido posible, y justo es pensar que este decreto se negoció a puerta cerrada con UGT y CCOO, como una de las «mejoras» del pacto social de la Moncloa. Así las cosas, en las elecciones sindicales van a existir tres modos diferentes de enfocarlas, que responden a los intereses que se representan:

En primer lugar, el Gobierno y la patronal. Sus propósitos son que las elecciones sirvan para que surjan «negociadores cómodos» y «comprensivos» con los intereses capitalistas. Con este objeto buscan crear las condiciones más favorables para dividir al máximo a los trabajadores y abrir, al mismo tiempo, las puertas al reagrupamiento de los verticalistas y a la aparición de los sindicatos amarillos. En este sentido podemos entender las últimas declaraciones de la CEOE.

Los reformistas se plantean las elecciones sindicales como una batalla por conseguir el mayor control posible en el movimiento obrero, sin buscar la unidad frente a las maniobras del Gobierno y convirtiendo las elecciones en una lucha entre sindicatos. Esta posición está representada por la CS de CCOO y UGT, que compiten entre sí, pero que, al mismo tiempo, tienen el propósito conjunto de imponer la hegemonía de ambos sindicatos y de aniquilar en la batalla electoral, si fuera posible, al sindicalismo de clase representado por el SU. El objetivo electoral de la dirección de estos sindicatos es hacer ver que controlan una parte del movimiento obrero para utilizarlo como arma de regateo en sus pactos con la patronal y el Gobierno.

El SU es la tercera opción, y enfoca las elecciones sindicales como corresponde a los intereses de todos los trabajadores. Nuestra posición se puede resumir en lo siguiente: convertir las elecciones en un arma para la unidad, la organización y la lucha de los trabajadores por el pan, el trabajo y la libertad, frente a la ofensiva antidemocrática del Gobierno de UCD y la posición intransigente de la patronal, que se apoya en el pacto social de la Moncloa y no detiene su ofensiva en sus límites. Las ofertas salariales de los patronos de la construcción de Madrid son buena prueba de ello.

De acuerdo con el planteamiento de nuestro sindicato, en las elecciones únicamente debería haber dos frentes: el de los trabajadores, representado en la unidad electoral de sus sindicatos, y el de la patronal y el Gobierno.

Sin embargo, el Gobierno y los reformistas van a imponer en buena medida que las elecciones sean una batalla en múltiples frentes, desconcertando, debilitando y desuniendo las nías de los trabajadores. Al parecer, a la dirección de CCOO y UGT lo único que les importa es imponer su hegemonía, aunque esto sea a costa de debilitar a los trabajadores y favorecer el reagrupamiento de los viejos verticalistas. Hoy los resucitadores de la CNS, junto a nuevos agentes ama-rillistas, se esfuerzan en construir los llamados sindicatos independientes.

Pero la clase obrera está mostrando también una gran conciencia del momento político y económico que atraviesa el país y sabe que la unidad es la clave para impedir que se descargue sobre los trabajadores las duras consecuencias de la crisis económica y hacer frente a la ofensiva antidemocrática del Gobierno. La huelga general contra los expedientes de crisis, el 2 de diciembre en Vizcaya y la amplitud que está tomando el apoyo de los trabajadores a la marcha de los parados son una prueba de cómo los trabajadores sabemos imponer organismos de unidad y desde ellos promover la solidaridad y el apoyo de todo el pueblo.

Este espíritu unitario de la clase obrera española y los 500.000 afiliados con los que cuenta el SU, entre los cuales están miles de hombres y mujeres destacados luchadores, que contribuyen a levantar el gran movimiento unitario que se forjó bajo las condiciones de fascismo, son la base para que el SU gane el apoyo de millones de trabajadores en las elecciones sindicales. La clase obrera, que se esfuerza en conseguir la unidad para conquistar el pan, el trabajo y la libertad, tiene en el SU el instrumento para forjarla.

 

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