Autor: Salís Balzola, Miguel. 
   Los empresarios y el nuevo sindicalismo     
 
 Informaciones.    21/01/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Los empresarios y el nuevo sindicalismo

Por Miguel SALÍS BALZOLA

(Presidente de la FASME y vicepresidente de la C.E.O.E.)

UNA sociedad de Libertades como la que todos los empresarios españoles deseamos y los líderes políticos de todos los partidos —del Gobierno y de la oposición— dicen defender para España, exige un nuevo marco de relaciones sociolaborales.

Este nuevo marco, para ser consecuente con una organización social libre y democrática, debe de sustentarse sobre los dos siguientes principios: autonomía de las partes en la negociación y neutralidad de los poderes públicos en el proceso de cristalización de las relaciones sociolaborales. Esto quiere decir que trabajadores y empresarios, a nivel de empresa, y sus respectivas organizaciones representativas, en el nivel superior a la misma, deben de poder pactar libremente las condiciones laborales, debiendo ser el papel del Estado pura y simplemente el de un notario que da fe de los compromisos libremente adquiridos por las partes, eficaz garante de que los compromisos son cumplidos, y guardián que impida que la paz social sea alterada por acciones violentas al margen del proceso El corolario inevitable de los papeles que se asignan a los poderes publicos en el nuevo modelo diseñado es que el dirigismo paternalista que caracterizó al periodo político anterior debe desaparecer, dando paso, al modelo de libre contratación, que es el usual en los países occidentales.

Los presupuestos fundamentales de la libertad de negociación de las condiciones laborales entre las partes, cuando es a un nivel superior al de la empresa, exige que trabajadores y empresarios libremente se organicen, y además es necesario que sindicatos y patronales partan del consenso previo sobre el modelo de organización social dentro del cual van a trabajar. Es evidente que sólo pueden existir sindicatos y patronales verdaderamente libres en el marco de una sociedad liberal y democrática;, la historia y la geografía nos demuestran que en los países de dirección económica centralizada los sindicatos son meras correas de transmisión del aparato burocrático del Estado y los empresarios simplemente no existen.

El sindicalismo de tipo occidental, principalmente el americano y centroeuropeo, es perfectamente válido en este sentido y pieza fundamental de la convivencia, pues son sindicatos integrados en el sistema de Poder, que cumplen para con sus afiliados las funciones reivindicativas y de prestación de servicios, pero no cuestionan sistemáticamente él modelo social en el que se asientan. Quiza, dentro de nuestro continente, Alemania y Suecia sean el mejor exponente de cuanto venimos proponiendo, e Italia y Francia, el mejor exponente de lo contrario.

Cuando los sindicatos de trabajadores se desenvuelven en dirección revolucionaria o cuando las organizaciones patronales favorecen sistemas políticos autoritarios, el frágil equilibrio se rompe, la libertad se ve seriamente amenazada, la democracia entra en vías de desaparición, la fecundidad creadora de unos y otros se adormece y las penalidades y la miseria afloran en el horizonte.

Por´ todas las razones expuestas, trabajadores y empresarios, tenemos una grave responsabilidad en el presente momento político español. Desde nuestras respectivas organizaciones, sindicatos y patronales debemos, con nuestras actitudes, dotar de firmeza a la frágil —por todavía naciente— democracia española.

 

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