Autor: Redondo, Nicolás (Secretario General de UGT). 
   Economía, huelga y convenios     
 
 El País.    25/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA ELECTORAL

Economía, huelga y convenios

NICOLÁS REDONDO

Secretario general de la Unión General de Trabajadores

La situación económica no ha hecho más que deteriorarse en los últimos meses por la falta de una política clara por parte del Gobierno. La opinión pública ha sido confundida con la falsa impresión de que el Gobierno está dispuesto a negociar con los sindicatos las condiciones de su plan económico y que han sido éstos los que se han negado a la negociación.

La realidad es muy distinta. Las centrales sindicales expusieron claramente a los representantes del Gobierno que, mientras no se liquidaran los residuos de la legislación sindical y laboral franquista y postfranquista (por ejemplo, el desdichado decreto ley de 4 de marzo que facilita el despido) no pasarían a discutir las cuestiones económicas. Han pasado los meses y el Gobierno ha perdido un tiempo precioso para la liquidación de esa legislación y da la impresión de que el Gobierno Suárez ignora los problemas sindicales y la importancia que tienen para la afirmación del proceso democrático. El proceso de reforma política ha seguido un ritmo más acelerado que el de reforma sindical y ello ha creado graves problemas a toda la sociedad española.

La responsabilidad de que sigamos con una legislación que ignore la capacidad de negociar convenios colectivos y de proclamar las huelgas a los sindicatos, es exclusiva del Gobierno actual. Lo mismo podemos decir de la incertidumbre sobre la acción sindical en la empresa, de la no devolución del patrimonio sindical histórico y de los trasvases de servicios y del patrimonio adscrito a los mismos que se ha efectuado al margen de la opinión de las centrales.

Por todas estas razones no ha habido negociación sobre el programa económico, ni siquiera se ha iniciado. Sin embargo, la gravedad de la crisis, que están sufriendo los trabajadores con la pérdida de su puesto de trabajo y del poder adquisitivo de sus salarios ante la inflación galopante, exige de las centrales responsabilidad a la hora de desarrollar su política reivindicativa y negociar con un Gobierno que se comprometa a luchar de

verdad contra el paro y la carestía.

Además, un Gobierna que definitivamente aborde la reforma de las estructuras que padecemos en el orden fiscal, en la Seguridad Social, en la educación, en la vivienda. Este es el reto que las centrales lanzan al Gobierno sin que en estos momentos sepamos cuál será la respuesta gubernativa.

Respecto a la huelga, la UGT mantiene la concepción de que antes de recurrir a ella hay que agotar la vía negociadora. No se puede presentar una plataforma para negociar el convenio y, tras el primer encuentro de las partes, considerar que las conversaciones están agotad as y recurrir a la presión.

La negociación colectiva supone algo»que muchos parecen olvidar: que la empresa tiene que continuar funcionando con un beneficio porque estamos en un sistema capitalista y porque con la negociación de un convenio no se está haciendo la revolución. La lucha por mejorar las condiciones de trabajo la enmarcamos siempre en la perspectiva de avanzar hacia una sociedad socialista, pero sabemos que ésta no se consigue por la prolongación mayor o menor de una huelga.

Tenemos que fortalecer el sindicato socialista y la unidad de la clase obrera en cada ocasión en que se negocie, se reclame o se presione; aprovechar esas situaciones para aumentar el grado de concienciación de los trabajadores, haciéndoles ver las dificultades por alcanzar la autoemancipación obrera, pero también las posibilidades y el significado de cada conquista hecha realidad.

Esta doble perspectiva de la acción sindical es la que nos impedirá caer en el simple radicalismo sindical, en el reformismo económico y en un sindicalismo burocratizado y sin perspectivas más profundas de cambio a medio y largo plazo. La liberación del movimiento obrero ha sido históricamente lenta y costosa. No podemos caer en el simplismo de pensar que por un

radicalismo mayor en una determinada huelga de un sector industrial o de una empresa vamos a liquidar la explotación del sistema capitalista. La historia está llena, por desgracia, de retrocesos de la clase trabajadora, de restricciones en la libertad sindical, de quiebras de la democracia, por no haber sabido valorar debidamente y con realismo la agresividad sin límites del capitalismo y de sus aliados antidemocráticos. La victoria, que ya se vislumbra con claridad, de la UGT como central socialista en estas elecciones sindicales será, por tanto, la mayor garantía de futuro para la clase trabajadora española y para el país en general

 

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