Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Elecciones sindicales     
 
 Informaciones.    27/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS DEL CAMBIO ELECCIONES SINDICALES

Por Jaime CAMPMANY

HABRÁ que esperar datos confirmados y definitivos acerca d e 1 resultado de las elecciones sindicales antes de intentar un análisis de las preferencias electivas de los trabajadores y de intentar obtener unas consecuencias. Ahora estamos en una fase que podríamos denominar de «guerra de cifras». Las dos grandes centrales sindicales —Comisiones Obreras y U.G.T.— ofrecen cifras diferentes, publican informaciones contradictorias, manejan resultados parciales. Tal vez dicen la verdad, pero una verdad a medias, y, por tanto, una verdad sospechosa. No sería extraño que ambas estén utilizando la vieja arma del triunfalism.o. Por tanto, las cifras que hasta ahora nos dan hay que dejarlas en cuarentena. Su alcance, y, consecuentemente, su significación pueden sufrir alteraciones importantes conforme los datos vayan siendo más completos y firmes.

Mientras llegan esos datos definitivos, vamos a asomarnos a los que disponemos, según las actas remitidas al Ministerio de Trabajo, o mejor dicho, a las que han sido recibidas en dicho departamento hasta los días 23 y 24. Sobre un total de 4.000 representantes —exactamente 4.009—, aproximadamente la mitad —exactamente 1.960— corresponde a representantes independientes o que no hacen constar su afiliación. Una cifra sensiblemente menor se encuentra repartida entre Comisiones Obreras y U.G.T. Para seguir moviéndonos en la exactitud: 847 representantes de CC.OO. y 652 de Union General de Trabajadores. Es decir, un total de 1.499. El resto se reparte entre los restantes sindicatos, que obtienen una representación muy inferior.

Si se mantuviera esta proporción, tendríamos que adquirir conciencia de que la mitad de los trabajadores no desean estar representados sindicalmente por representantes que pertenezcan a sindicatos «de partido». Prefieren otorgar su confianza a gentes independientes o puramente profesionales, no ligadas a ninguna disciplina sindical o política. Para algunos, el hecho ha constituido una sorpresa. Confieso que no sé s\ esto es un síntoma bueno o malo, satisfactorio o preocupante para la vida laboral española. Espero los comentarios y análisis de los especialistas. Pero no cabe duda de que merece la pena subrayarlo y tenerlo ante los ojos como una realidad más, y no de las menos significativas, en esta etapa de la transición. Estas son las primeras elecciones libres después de largos años de sindicalismo unitario. Y cuando alguien habla en nombre de los trabajadores, atribuyéndose una representación casi exclusiva, conviene saber hasta qué punto eso es una verdad o es un ´paseo.

 

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