Autor: Fuente Tarrero, Jesús Manuel de la. 
 El movimiento ciudadano. 
 ¿Con o sin futuro?  :   
 De cara a las elecciones municipales volverá a reavivar su actividad. 
 Pueblo.    26/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El movimiento ciudadano

¿CON O SIN FUTURO?

De cara a las elecciones municipales volverá a reavivar su actividad

HACE escasos días, al escribir sobre la posible e inmediata legalización de la Federación Provincial de

Asociaciones de Vecinos de Madrid, acabamos nuestro reportaje haciéndonos una pregunta: ¿para qué?

¿Quizá la formulación exacta debió ser mucho más amplia: ¿para qué el movimiento ciudadano? ¿Tienen

ya sentido, en la actual coyuntura política, las asociaciones de vecinos? ¿Van a seguir sirviendo de algo?

¿Terminarán finalmente siendo absorbidas por los partidos políticos? Vamos a intentar contestar en lo

posible tantas interrogantes.

La actual inoperancia del movimiento ciudadano madrileño es un hecho elementalmente constatable, al

lado de la vitalidad a que nos tenía acostumbrados —las posturas aisladas sobre la conveniencia o no de

la dimisión de alcaldes después de los resultados de las elecciones legislativas han sido más

pronunciamientos al dictado de intereses políticos, que auténticas reivindicaciones nacidas de los propios

administrados organizados en asociaciones—. Desde que el proceso aperturista comenzó a cristalizar en

una legalización paulatina de partidos, las asociaciones de vecinos duermen el sueño de los justos

Un buen día el movimiento ciudadano se encontró con que había sido desbordado por las circunstancias y

con nadie más a quien cargar las culpas que a sí mismo. Los líderes más destacados, que al tiempo lo eran

de partidos políticos metidos en plena liza electoral, lo habían abandonado. Evidentemente, todo hacía

indicar que el movimiento ciudadano había firmado de esta manera su muerte definitiva. Los resultados

electorales, sin embargo, no hicieron esto posible (hubiese sido francamente interés ante comprobar, si los

resultados hubieran sido otros, cuál hubiese sido la postura de los líderes vecinales: volver u olvidar...).

Había que volver a empezar, había que desandar el camino andado precipitadamente.

OBJETIVO: LAS MUNICIPALES

Ahora mismo, el objetivo más inmediato del movimiento ciudadano radica, claro está, en las próximas

elecciones municipales.

En este sentido —justo es también decirlo— la actuación de la Administración ha sido .un tanto

diabólica, El nuevo decreto-ley del pasado mes de abril, que regula el derecho de asociación que venía a

sustituir la ley de Asociación de 24 de diciembre de 1964, posibilita una multiplicidad en el hecho

asociativo que. si bien a la larga puede dar buenos frutos, ahora mismo lo único que hará será sembrar aún

más el desconcierto entre el movimiento ciudadano madrileño.

En este punto, precisamente, es donde entran de nuevo en juego los intereses políticos representados en la

Federación que, de cara a las municipales, vendrá a ser el auténtico caballo de batalla en todo el tema.

Hasta comienzo del año pasado, tres partidos (PCE, ORT y PTE) se repartían casi por igual la fuerza

dentro, del movimiento ciudadano madrileño. A partir del verano, el PCE y la ORT fueron aumentando

considerablemente su hegemonía al adoptar posturas mas transigentes que las radicales propugnadas por

el PTE. La Federación se sume entonces en una aguda crisis interna que la va a producir una inoperancia

enorme, en ¡a que, por supuesto, sigue. Las presiones y negociaciones por la legalización de la misma y

demás asociaciones, no han dejado de ser pequeñas escaramuzas para cubrir el pobre expediente. Ahora,

de cara a las municipales, cambiará su estrategia.

ASEGURAR FUTURO

Qué duda cabe que inmediatamente después de las municipales, y a la vista de los resultados,

posiblemente tengamos que volver a plantearnos la pregunta: ¿tiene ya futuro el movimiento ciudadano?

Algunos dicen que no, y otros, en cambio, que sí. Desde luego, tal y como está estructurada la vida en los

grandes núcleos urbanos, e incluso en los de menor entidad —tocados ya de ala por la especulación—, la

necesidad de que las asociaciones de vecinos sigan funcionando es evidente, y personalmente creemos

que lo van a seguir haciendo. Ahora bien, ¿exactamente en qué términos...?

Sobre este punto existen dos, posturas básicas diferentes. Por un lado, los hay que abogan por una

continuidad ideológica de las asociaciones hacia los partidos políticos que las copen. Seria capitidisminuir

mucho las cosas y, sobre todo, el campo de acción. Por el contrario, otros se vuelcan porque las

asociaciones sigan representando una vanguardia vecinal, no ajena de ideología —eso es imposible, por

supuesto— pero sí lo más independientes posible, pero tampoco sin excesos. Desde el poder se intentará

siempre un estratégico reparto de poderes que consista el asignar a los partidos lo político y a las

asociaciones lo reivindicativo.

Por otro lado, además, las asociaciones de vecinos han sido, una conquista popular que pasará a la

historia del periodo que vivimos. Nadie, pues, y mucho menos los partidos, deberá quitarles su sentido

popular, llegándolas a burocratizar hasta el punto que pierdan el sentido de base que ahora tienen. En

cierta manera eso ocurre coa la Federación, cuyo tema apenas si ocupa ya tiempo dentro de los puntos que

habitualmente se discuten en las diferentes asociaciones.

La Federación supone un ente abstracto superior, para el que los barrios y sus problemas representan una

cosa secundaria, al menos ahora mismo. Claro que la culpa de este fenómeno la tiene en buena parte la

actual Junta directiva, integrada mayoritariamente por miembros del PCE, y para los que —por

supuesto— lo que manda es la organización, «la burocracia democrática».

Por el contrario, posturas basadas en un proceso asambleario constante; como la propugnada por la

corriente del PTE y en cierta medida también por la ORT, hace tiempo que no tiene resonancia. Sólo

últimamente, con la propuesta del alcalde de Madrid de que se constituyera una comisión cerrada de

representantes vecinales para áreas de colaboración directa con la Casa de la Villa, la Federación parece

haber vuelto al terreno abandonado.

Finalmente, y como ha ocurrido en otros países, el movimiento ciudadano deberá compaginar de ahora en

adelante ,su tarea reivindicativa y de colaboración frente a los respectivos Ayuntamientos con otra más

puramente formativa. La democracia, y todo lo que ella implica, que a nivel político puede ser ya un

hecho, hace falta llevarla objetivamente a los barrios. Interesante y productiva tarea ésta para las

asociaciones, que les puede asegurar «trabajo» de modo prácticamente indefinido.

Jesús DE LA FUENTE

 

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