La ciudad es de todos     
 
 ABC.    21/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA CIUDAD ES DE TODOS

El ministro del Interior, señor Martín Villa, recibió ayer a representantes de la Federación de

Asociaciones de Vecinos. Los delegados de las Asociaciones de Madrid, Barcelona, Valencia y Murcia,

en nombre de sus compañeros, solicitaron. del ministro la próxima legalización de las mismas, así como

una normativa clara para su funcionamiento.

Para nadie resultará una sorpresa que, sin presumir de adivinos, indiquemos que este interés de las citadas

Asociaciones tiene un meridiano objetivo: preparar las primeras elecciones municipales democráticas, las

que el Gobierno tiene anunciadas para antes de que finalice el año. Un interés que honra a las

Asociaciones, y que sitúa en un primer plano de la actualidad política práctica la necesidad de que los

ciudadanos tomen conciencia de su responsabilidad y obligaciones para la ciudad donde viven, sin que

nadie que sea consciente de su papel eluda su participación y se abstenga, dejándolo todo en manos de los

que por el solo hecho de ser más activos, propiamente activistas, creen tener derecho a hablar y disponer

por los demás.

Las Asociaciones de Vecinos nacieron, en las grandes capitales, mientras agonizaba el Régimen anterior,

intentando buscar una cierta cohesión ciudadana con fines inmediatos, centrados en el abandono y las

necesidades experimentadas por tantos y tantos barrios periféricos, nacidos sin unas lógicas expectativas

de planificación de servicios. Había mucho que conseguir y mucho más que criticar, y las Asociaciones,

diestramente pilotadas por los pocos que hace tres años militaban activamente en ana política de

oposición, florecieron por doquier, con el singular atractivo de una ilegalidad tolerada en tanto en cuanto

llegaban los partidos.

Hoy las cosas han cambiado de modo sustancial. No solamente existen los partidos; se han celebrado unas

elecciones generales y hay unas Cortes democráticas y representativas; parece, pues, que va siendo hora

de remediar ausencias. Las Asociaciones de Vecinos, si quieren seguir siéndolo auténticamente, deben

abrirse a todas las tendencias y a todos los partidos. O, por el contrario, prescindir de su honroso y

esperanzador apelativo para transformarse en claras filiales políticas de barriada.

De un modo u otro, lo que no resulta aceptable es que el ciudadano medio, el hombre que siente y vive

sus ciudad, que sabe de sus problemas e intuye, cuando menos, soluciones a los mismos, se inhiba. Ni

siquiera en el caso de quienes-, sabiéndose políticamente distintos y acaso opuestos a los que hoy

manejan las Asociaciones, se sientan incapaces de colaborar con ellos. Si las Asociaciones se convierten

en el coto cerrado de un partido, y acaparan, por el encogimiento general de hombros, la representación

de la ciudad, las consecuencias habrán de sufrirlas todos los ciudadanos. La ciudad es de todos y todos

han de trabajar por ella y responsabilizarse con su destino y su representación.

 

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