Autor: Checa, Antonio. 
   Geografía y valoración de las elecciones sindicales     
 
 Informaciones.    11/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

GEOGRAFÍA Y VALORACIÓN DE LAS ELECCIONES SINDICALES

Por Antonio CHECA

UN las elecciones generales del pasado 15 de junio, y por lo que afecta a los dos grandes partidos de la izquierda, Partido Socialista Obrero Español y P.C.E., el voto popular se inclinó en una proporción 3 a 1 a favor de los socialistas. Esta proporción varió considerablemente de unas regiones a otras, no llegaba al 2 a i en Cataluña, pero superaba el 5 a i en Galicia.

En las elecciones sindicales que se desarrollar estos días, y a tenor de los resultados disponibles, segunda quincena de enero y primera decena de febrero, se configura una relación tres a dos a favor de los comunistas, relación que es aún más favorable a Comisiones Obreras en reglones como Cataluña y Andalucía, en tanto es ligeramente favorable a los socialistas en Castilla y Extremadura.

La primera observación pues que se deduce del análisis de los resultados en las elecciones sindicales es ese cambio de influencias. Cambio de influencias que es aún más notorio si tenemos en cuenta que la escasa organización de los sindicatos moderados tiende a favorecer a la U.G.T. En efecto, son muchas las empresas en que al competir sólo candidaturas de U.G.T. y CC. OO., o a lo sumo hay presencia de otras centrales mas a la izquierda, el voto moderado va a U.G.T. preferentemente,

Este cambio de decorado tiene una explicación histórica. La penetración de Comisiones Obreras a lo largo de los años sesenta y setenta en el viejo aparato sindical, en las empresas mismas, ha sido incontestablemente superior al de la U.G.T. Se trata, además, de elecciones en las que la aureola, la experiencia del «viejo líder» de los años de clandestinidad tiene un valor. U.G.T., pues, ha sido víctima de su política contraria a la «toma desde dentro» de los antiguos sindicatos verticales. De forma que, sorprendentemente, U.G.T. está obteniendo un porcentaje de delegados inferior al de votos obtenidos en las elecciones de] 15 de junio por el F.S.O.E.; mas claramente inferior aún si contabilizamos los votos de otros partidos socialistas. Sólo en las grandes empresas, donde esa vinculación del «líder sindical» con los compañeros de trabajo se dífumina, está U.G.T. consiguiendo mejores resultados, casi igualando a CC.

OO., pero también por bajo de ella.

Estos resultados acercan el mundo sindical español al esquema mediterráneo, donde los partidos´ comunistas muestran una implantación en el mundo del trabajo muy superior a la de los socialistas, aunque éstos en elecciones legislativas obtengan cifras superiores. Es el caso de Francia o Portugal. Es obvio que el éxito de CC. OO. aumenta el papel político del P.C.E. (y P.S.U.C.), bastante secundario a la luz de los resultados del 15 de junio.

EL HUNDIMIENTO DE U.S.O.

En lo que sí parece haber conseguido un triunfo la U.G.T. es en la absorción y eliminación de lo que hace unos meses era una central sindical potente y claramente arrglo a los resultados disponibles, no parece que esta central supere el 5 por 100 de los delegados. El tirón, pues, de las dos grandes centrales ha sido importante. U.S.O. seguirá probablemente como la tercera central sindical, por encima de S.U. y C.S.U.T. —que tienen, como veremos, una influencia muy concentrada—, pero objetivamente muy secundaria, excepto en algunas provincias del litoral mediterráneo r Cádiz, Almería, Murcia, Alicante y Valencia, sobre todo.

A la izquierda de estas tres centrales principales, las dos «maoistas», con un papel modesto, pero con provincias de gran implanta- -ción. El Sindicato Unitario muestra una penetración importante en Navarra, Logroño y Huelva —curiosamente, provincias de industrialización reciente—, en las que compite con las dos grandes, U.G.T. y Comisiones Obreras, por el primer puesto. La C.S.U.T. tiene algo más difuminadas sus áreas de influencia, pero es evidentemente fuerte en la baja Andalucía (Sevilla y Cádiz, sobre todo), Badajoz, Granada y más modestamente en Madrid, Barcelona, La Coruña...

LOS SINDICATOS NACIONALISTAS

El análisis geográfico de la implantación de las distintas centrales nos obliga a resaltar el éxito de Solidaridad de Trabajadores Vascos (E.L.S-S.T.V.) en el País Vasco, sobre todo si lo comparamos con la presencia mínima de sindicatos nacionalistas en otras regiones, incluida Cataluña Aunque S.T.V. sólo ha sido la primera central en Guipúzcoa, tiene una influencia notoria en Álava y Vizcaya, y mucho menor en Navarra.

La ausencia en la práctica de una central sindical nacionalista en Cataluña es sumamente significativa.

Confirma que el nacionalismo catalán tiene su gran arraigo en las

clases medias, pero muy escaso en el sector industrial —los inmigrantes—. Por el contrario, el nacionalismo vasco muestra un arraigo en todas las clases sociales.

Los independientes se centran sobre todo en el sector servicios; es significativo su triunfo en los grandes almacenes, siendo escasa su presencia en el mundo industrial; abren sin duda el camino para la creación de un sindicato de cuadros, para personal altamente cualificado.

Volviendo a las dos grandes centrales, CC. OO. y U.G.T., merece destacarse el triunfo de CC. OO. en las provincias industrializadas—con alguna excepción, como Vizcaya— y en general desarrolladas, mientras se defiende peor en provincias atrasadas, generalmente conservadoras las castellano-leonesas, más agrarias—. Pero con importantes matizacionez, como el triunfo de CC. OO. en Valladolid. La industria, en definitiva, vota a CC. OO., mientras el comercio y, en general, los servicios lo hacen por U.G.T. Esto nos lleva a pensar que el voto socialista en las elecciones de junio de 1977 fue bastante moderado, fue voto de clases medias en una proporción superior a la estimada por aquellos días. Y, por el contrario, que el voto comunista fue esencialmente proletario.

EL CAMPO

Estas elecciones, al no incluir el mundo agrario, el mundo rural, dejan como incógnita la penetración del PJ3.O.E. y el P.C.E. en las zonas latifundistas del país —Andalucía, pero también la Mancha y Extremadura—, donde se evidenció un importante voto de izquierdas en las elecciones generales. Intuimos que aquí no seria tanta la ventaja comunista sobre los socialistas como en el mundo industrial; con excepciones, más geográficas —pueblos o comarcas concretos— que sectoriales.

En definitiva, las elecciones sindicales contribuyen a aumentar el papel político del Partido Comunista y a reducir el del Partido Socialista, partido que quizá haya pecado de triunfalismo tras sus resultados de junio, y que ahora ve corregida su imagen. La «O» de obrero del P.S.O.E. pierde brillantez, en tanto acerca su electorado al del Partido Socialista francés, por ejemplo.

Y, desde otro punto de vista, el bipartidisino, que pareció «al alcance de la mano» tras el 15 de junio, aparece ahora mucho más difícil, sobre todo si, como intuimos, también se está produciendo en la derecha un aumento del electorado más conservador, un poco asustado de lo que se afirma es «falta de autoridad del Gobierno» y del «aumento de la inseguridad en nuestra sociedad».

INFORMACIONES

11 de febrero de 1978

 

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