Autor: Hoz, José María de la. 
   La U.S.O. Se consolida     
 
 Informaciones.    25/02/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA U.S.O. SE CONSOLIDA

Por José M. DE LA HOZ

EL 11 de febrero apareció en INFORMACIONES un artículo de Antonio Checa sobre las elecciones sindicales. Es, en su globalidad, de lo más ponderado y objetivo que se ha escrito sobre el tema, teniendo en cuenta la parcialidad, la deformación y, a veces, el engaño con que se está tratando todo lo relacionado con las elecciones.

Al punto que me quiero referir en este artículo es cuando se habla del aparente «hundimiento» de U.S.O., como consecuencia de la maniobra llevada a cabo por la U.G.T. El juicio que se emite se me antoja como el de un observador que no dispone de una serie de elementos y, por consiguiente, no contempla todos los aspectos. Voy a intentar aportar nuevos datos para ana más profunda clarificación.

La afirmación que refleja mejor la realidad actual de la U.S.O. es la de que esta central se está consolidando. En la U.S.O. se está dando un proceso —para nosotros lógico— que comienza en la ilegalidad y que llega hasta estos momentos, pasando por los meses de tolerancia del posfranquismo. El proceso de la U.S.O. ha sido un proceso siempre ascendente, incluidos los cinco largos meses que nos ha llevado el superar el intento de absorción por parte de la U.G.T., que contaba desde dentro de la U.S.O. con la ayuda nada despreciable de la mayor parte de la Ejecutiva de ésta, hasta que se eligieron nuevos órganos, en el congreso extraordinario del 2 de octubre. La U.S.O., en ese proceso, ha tenido la suficiente fuerza para salir airona de la ilegalidad y para vencer el reto que suponía el paso por la tolerancia y la llegada a la. legalidad. En ese preciso momento, mientras estábamos poniendo las mínimas bases organizativas para consolidar la U.S.O. como sindicato fuerte para la legalidad —meses de mayo y junio del 77—, «desde arriba» se nos coloca una carga, de dinamita que podía hacer estallar por los aires el sindicalismo que la U.S.O. había trabajado durante años en la ilegalidad y se preparaba a desarrollar en la legalidad recién estrenada.

Sin querer mitificar las dificultades vencidas durante este último período por la U.S.O. en su conjunto, hay que reconocer que es de un valor indiscutible el mantenerse en pie, como si apenas nada hubiera pasado, cuando los adversarios eran de la categoría de U.G.T.-P.S.O.E. - C.I.O.S.L. - socíaldemocracia internacional, que contaban en el interior de la U.S.O., como apuntábamos antes, con la práctica totalidad —seis de ocho— de la Ejecutiva confederal. Y, así y todo, la U.S.O. venció y continuó sus pasos hacia, su progresiva consolidación.

Estos pasos, dados con seguridad y sin retroceder en ningún momento, denotan que la U.S.O. camina con un ritmo normal, sin ascensiones rapidísimas, muchas veces sospechosas, como sindicato autónomo que utiliza sus propios medios, medios que provienen de los propios, trabajadores y no de otros lugares. Estos otros lugares pueden ser, en unos casos, potencias o bloques que quieren tener sus propias sucursales en el incipiente sindicalismo democrático del Estado español, y en otros —a veces coinciden con los anteriores—, son los partidos los que quieren tener sus propios sindicatos como fuerza de choque para sus alternativas políticas o como correas de transmisión de una política cuyo vértice está en el Parlamento.

La U.S.O. ha rechazado siempre —porque no lo quiere ni para ella misma ni para los trabajadores— ser sucursal de nadie, ni objeto del dirigismo de ningún partido. Eso le ha costado, como contrapartida —aceptada conscientemente, por otra parte—, el que sus avances no sean espectaculares, como en otros casos, y que en ciertos momentos su realidad pueda interpretarse como un estancamiento o como un cierto hundimiento. Únicamente los que vivimos día a día nuestro propio proceso y el de las demás centrales somos los que podemos calibrar de una manera objetiva cuándo se avanza y cuándo se retrocede.

Para ir a lo concreto. En estos momentos se da una escalada enorme de una llamada "coordinadora de sindicatos independientes». Grandes anuncios en los periódicos, «spots» televisivos carísimos, «spots» en las emisoras de radio, en las emisiones mas «caras», furgonetas con matrícula de Madrid que inundan de propaganda los pueblos de Extremadura, de Andalucía, o de cualquier región del Estado español, sin que se conozca ni a un solo afiliado a dicha coordinadora (los periodistas mismos nos preguntan ansiosos que les demos una mínima pista para localizar a un solo afiliado a esas centrales «fantasmas-televis ivas), y nosotros no les podemos complacer). Todo esto sucede mientras el patrimonio sindical está siendo quitado definitivamente de las manos de sus únicos legítimos dueños: los trabajadores y las centrales democráticas representativas. Es casual que estos dos hechos coincidan en el tiempo: creación artificial, mediante un gran despliegue de propaganda, de unos supuestos sindicatos amarillos (y para mayor sarcasmo calificados de «independientes») y la negativa del patrimonio sindical a los trabajadores.

Otro ascenso vertiginoso ha sido «aunque en otro contexto», el de la Unión General de Trabajadores, que desde una ausencia prácticamente total durante varias décadas en el interior del Estado español, se ha constituido en la segunda fuerza sindical en cuanto al numero de afiliados y delegados de los comités. No creemos que «su éxito se base exclusivamente en la historicidad de sus siglas y en la presencia de sus militantes durante la época franquista, sino, y sobre todo, a dos factores: primero, a la ayuda que le ha venido desde fuera (léase: desde su partido y desde la socialdemocracia internacional, que han querido evitar, sin conseguirlo, que en España se consolidase un modelo parecido a Portugal: el partido en el Poder —o como «alternativa de Poder»—, y el sindicato en minoría), y segundo —y de esto tenemos pruebas en nuestra propia carne—, es la tendencia a pasar por encima de cualquier ética, a utilizar los medios que sean necesarios para conseguir los objetivos previstos, a poner en marcha maniobras descaradas, a pesar de que en su propaganda hable del sindicato «honrado».

La clase trabajadora avanza a un ritmo lento, con dificultades, negociando, presionando, consiguiendo pequeñas conquistas, conservándolas. Casi nunca de una manera espectacular. ¿Por qué las organizaciones sindicales no van a seguir ese mismo ritmo de desarrollo? Podríamos encontrarnos con espejismos que siempre resultan muy peligrosos. La U.S.O. evita trabajar con espejismos. No conducen a nada. Por eso sus cifras de delegados son las que realmente van sacando. No nos gusta hacer propaganda de lo que no existe. Por eso preferimos que sean las demás centrales las que reconozcan que la U.S.O. es la tercera fuerza sindical —como en realidad se está reconociendo en todas las listas— autos que hacer un gran despliegue de propaganda, con kilómetros de enormes carteles, como ha sucedido con otra central sindical, que intenta por esos medios convencerse a sí misma —a nadie más convence— de algo que no se da en la realidad. Cuando el espejismo desaparece, la decepción es todavía mayor. La falta de objetividad siempre se paga.

En resumen, para nosotros, ser la Unión Sindical Obrera la tercera fuerza sindical en todo el Estado español, tener una estructura consolidada en todas las provincias y en todos los sectores, contando con los pocos medios con que hemos contado y sorteando las trampas que se nos han colocado en nuestro camino, significa haber llegado a un objetivo mínimo, pero importante, para poder alcanzar nuevas cotas de presencia e influencia dentro de la clase obrera. Hemos demostrado que la U.S.O. es irreversible, que hay que contar con ella ya desde este momento, en unos sectores mas que en otros, pero que en ningún caso puede quedar marginada.

No puede quedar marginada, en primer lugar, por su implantación en todas las provincias y en todos los sectores, y en segundo, por su propuesta sindica] de autonomía, de clase, de protagonismo de los trabajadores. Y aunque su ascenso no haya sido vertiginoso —como el de otras centrales— es un ascenso seguro y constante que se hace con la suma diaria de nuevos trabajadores y de nuevos lugares que hacen suya la propuesta sindical de la Unión Sindical Obrera. La fuerza de una central sindical no debe servir únicamente para apoyar las propuestas que los partidos deben llevar al Parlamento —como hemos visto en la convocatoria y «desconvocatoria» de huelga en Málaga con el fin de apoyar lo que un partido debía ¡levar al Parlamento sobre el problema de Intelorce—. Si sólo sirven para eso, las centrales sindicales pierden su protagonismo y su objetivo de transformación social.

Creemos que lo que antecede puede ayudar a comprender la lógica de crecimiento y desarrollo de la U.S.O., que no siempre coincide con otras lógicas. Y lo que podía dar la impresión de hundimiento a primera vista, no es más que un avance lento y progresivo como corresponde a un sindicato que se declara autónomo y que a su modo de actuar no traiciona •—como tantas veres pasa— dicha opción por la autonomía. Yo conozco de muchos sindicatos en Europa y en el mundo que se han hecho potentes en dinero y en afiliados, pero que después no se han puesto al servicio de la clase trabajadora, sino que simplemente se han constituido como pieza de control de los trabajadores al servicio de un neocapitalismo que se acepta sin más. Ese no es el sindicalismo de la U.S.O., y es precisamente el sindicalismo que la U.S.O. está intentando que no prospere en nuestro país, porque traería consigo unas trágicas consecuencias para los trabajadores.

25 de febrero de 1978

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