Autor: Mancebo Alonso, Mayte. 
   El movimiento ciudadano, olvidado en la campaña electoral     
 
 Informaciones.    23/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

PONTO DE VISTA

El movimiento ciudadano, olvidado en la campaña electoral

Por Mayte MANCEBO

MADRID, 23.

EL vecino de Madrid está viviendo intensamente la presencia anticipada de las elecciones en las calles de

la ciudad. El vecino de Madrid —hay que suponer que como el de cualquier otro pueblo o ciudad de

España— es algo diferente al ciudadano político o al trabajador que milita en las filas del sindicalismo,

aunque esta afirmación pueda parecer incongruente con el hecho de que ese mismo vecino es el mismo

ciudadano político o el mismo militante sindical.

Pero, observando el comportamiento y el sentir del hombre en cada una de esas vertientes, podrá

comprobarse que la incongruencia no existe; mientras que la actividad política y sindical se vuelca y

expande cada vez mas hacia el exterior, el hombre de la ciudad se va encerrando cada vez más en su

barrio, queriendo rescatar el contacto inmediato con el convecino, preocupado por su calle, su jardín o su

polideportivo. No es espíritu individualista lo que hoy caracteriza al vecino de esta gran ciudad, no; es

simplemente la necesidad de sentirse miembro activo de una comunidad pequeña y no la tarjeta perforada

que procesa el cerebro electrónico de la macrociudad.

Quizá por eso el triunfo que han tenido las Asociaciones de Vecinos no ha acompañado a la Federación

Provincial de estas asociaciones, a la que desde hace algún tiempo vienen formulándosele severas críticas

de inoperancia por parte de los propios vecinos federados La Asociación tiene sentido en cuanto impulsa

y alienta la solución de los problemas inmediatos del barrio; pero su inoperancia ha venido siendo rotunda

hasta ahora, cuando, por si sola o a través de la Federación, ha querido invadir terrenos de más amplios

objetivos, como son !os políticos —a nivel nacional— o los sindicales.

En contrapartida, eso mismo fenómeno cié inoperancia se viene advirtiendo también en el intento de gran

parte de los partidos políticos que ahora concurren a las elecciones, de aproximarse a los barrios para

hablad —no al ciudadano político, sino al vecino de la ciudad—. Los partidos políticos no han podido

hacer suyo ni el lenguaje ni el espíritu del movimiento ciudadano, y ello pese a que gran parte de los

líderes de ese movimiento ciudadano militen en las filas de partidos políticos.

PINTADAS, BARRICADAS Y OTRAS COSAS

El hecho de que la mayoría de los partidos políticos hayan infravalorado la importancia del movimiento

ciudadano se ha traducido, por una parte, en la ausencia de grandes líderes de barrio en las listas

electorales o en la postergada colocación en las listas de aquellos que figuran en alguna, y, por otra parte,

en la reducida publicidad que los servicios informativos de los partidos han dado a la celebración de

mítines, que han corrido a cargo de hombres y mujeres del movimiento ciudadano que concurren en las

listas electorales.

Tampoco se ha tenido en cuenta, a la hora de la publicidad electoral, un programa que contemplase todos

aquellos problemas y deficiencias que el madrileño advierte cada día en su barrio, desde la seguridad

nocturna a la mejora del transporte colectivo, la limpieza, la humanización del urbanismo y otras cosas.

Quizá pueda argumentarse que son todas ellas facetas y motivo de las elecciones municipales de octubre,

pero, de hecho, son situaciones que están exigiendo soluciones a plazo inmediato y que, al menos,

debieran merecer una mínima preocupación por parte de quienes aspiran a formar las próximas Cortes.

Desde la vertiente vecinal no puede verse con optimismo la actuación de aquellos que aspiran al voto y

comienzan por despreciar el propio rostro del barrio con pintadas y repintadas, de las que ni siquiera se

hacen responsables para su desaparición: de aquellos que en fachadas de casas y colegios dan publicidad

a un lenguaje soez para pedir a continuación enseñanza gratuita. Pintadas, barricadas, insultos y groserías

no constituyen la imagen de la democracia, a la que aspiran los vecinos de esta ciudad.

Lo peor de todo es que ese maremágnum preelectoral empieza a crear serias dificultades en un tráfico

cada vez más anárquico, que prolonga las horas de tensión que el ciudadano padece al volante de su coche

o en el asiento de un autobús.

 

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