Autor: Frances, María José. 
   Los jefes se sindican     
 
 El Imparcial.    22/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

los jefes se sindican

LA industrialización, el aumento del tamaño de las empresas y el progreso técnico han provocado en Europa la escalada de los directivos, técnicos, mandos de empresa y jefes de taller. Todas estas personas, de cometidos tan distintos dentro de las empresas, tienen un punto en común: son trabajadores por cuenta ajena, y por más alto que sea su puesto, no son empresarios. Europa, y concretamente Francia, llegó hace muchos años a la conclusión de que todos estos trabajadores —que por tener mando pertenecían a una misma clase- debían unirse y formar su propio sindicato. Nació así la CGC (Confederación General des Cadres de Francia), que encuadraba a distintas agrupaciones independientes y hoy cuenta con más de 350.000 afiliados.

En España, país salido de una larga etapa de sindicalismo vertical, estas personas se han encontrado sin un sindicato a que afiliarse y han tenido que crearlo. Los días 8,9 y 10 de diciembre pasado nació la CGCM (Confederación General de Cuadros y Mandos española).

>(No somos ni ´señoritos´ ni ´fascistas´, somos trabajadores con una responsabilidad», dice Miguel Ángel Pardo

Manuel Ángel Pardo, presidente de la Federación de Alimentación y dirigente de la CGCM, explica en qué consiste esta gran central sindical:

—Me alegro de poder hablar de esto, porque hasta ahora la Prensa ha dado informaciones que nada tienen que ver con la realidad de la CGCM. Sin saber por qué, ha corrido la especie de que se trata de empresarios que se sindican. "Nada más falso. Ya va siendo hora de que nos enteremos de que empresario es sólo quien detenta el capital. Los trabajadores por cuenta ajena, por mucho mando que tengan dentro de la empresa, no son de ninguna manera empresarios. Estos son lo que llamamos «cuadros».

—¡Quién forma parte de la CGCM?

—Toda persona que tenga responsabilidad, aunque sea poca: desde el obrero oficial de primera jefe de

grupo, hasta directores generales que no tengan puestos en consejos de administración.

—Pero en la práctica ¿hay muchos obreros encuadrados en la CGCM?

—Aproximadamente el 10 por 100, que es en realidad la proporción que corresponde dentro de la organización de la empresa. Tenga en cuenta que un tornero, por ejemplo, que esté encargado de tres tornos, ya tiene su puesto aquí, porque tiene mando. Otra cosa será que sus ideas políticas le lleven a afiliarse a sindicatos obreros marxistas, socialistas o de cualquier otra ideología.

-¿Ideología de la CGCM?

—Es totalmente apolítica y apartidista, no está subordinada a nadie.

—¿Se ha extendido mucho en estos tres meses?

-Contamos ya con 50.000 afiliados en treinta y ocho provincias españolas.

-¿Qué pretende esta central sindical?

—Me gustaría darle la declaración de principios y los objetivos de nuestro sindicato, pero temo que no los reproduzca usted íntegros. En síntesis, la CGCM es apartidista e independiente, propugna la propiedad privada, se opone a la lucha de clases por considerar que todas forman en conjunto la sociedad y tiene una firme voluntad de promover la participación en las empresas. Entre las exigencias de la CGCM están:

1. Que figure en la legislación laboral la categoría profesional de los cuadros y se defina claramente por ley sus funciones.

2. Que se forme un tercer colegio electoral.

(En este punto hay que recordar que desde que se abolió el sindicalismo vertical sólo hay dos colegios electorales: el de los obreros y el de administrativos y técnicos. El tercero estaría formado por los cuadros, estas personas que tienen responsabilidad y mando a mayor o menor nivel.)

3. Que las centrales sindicales lleven a cabo las negociaciones de los convenios colectivos.

4. Presencia de la CGCM en las negociaciones Gobierno-centrales sindicales.

—¿Cómo ha caído la creación de esta nueva central sindical entre los obreros?

—Creo que les está ayudando a comprender. En estos meses ha cambiado el panorama. Puedo decirle que, concretamente en mi empresa, el cambio ha sido de abuchear en las asambleas a cualquiera de los cuadros que quisiera dialogar con ellos, llamándoles «señoritos» y «fascistas», a tratarnos con respeto, porque se van dando cuenta de que todos somos trabajadores y esa palabra no es privativa del obrero, sino que engloba a todos los que trabajamos a sueldo, que somos la mayoría de la población activa del país.

MARÍA JOSÉ FRANCÉS

 

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