Los agricultores tienen razón     
 
 Diario 16.    07/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Los agricultores tienen razón

La gente del campo español tiene razón al protestar, pero se equivoca en los remedios que pide. La

agricultura española ha sido maltratada por lo menos desde que terminó la guerra civil. Incluso cuando el

Estado pretendió prestarle ayuda el resultado fue contraproducente. Por ello es un error exigir más precios

subvencionados, más intervención, más vigilancia administrativa.

Para callar la boca del sufrido agricultor, el Estado franquista creó el FORPPA. Esas siglas, con ritmo de

polka, esconden la más negra ineptitud. El pobre FORPPA no atina con sus compras, sus ventas, sus

prohibiciones.

¿Es creíble que los directivos del FORPPA prohibieran la exportación de patata española porque temían

un déficit del tubérculo? Pues eso fue lo que hicieron y se encontraron con un excedente. La patata se

pudre porque ellos prohibieron su venta en el extranjero. La marcha de los tractores no tiene más secreto:

el FORPPA volvió a meter la pata hasta el corvejón.

El régimen de Franco tuvo un solo acierto en política agraria. Durante la República, los agricultores

sufrían graves dificultades financieras. El pequeño agricultor se veía a menudo abocado a malvender, por

lo exiguo de sus recursos financieros. Bajo Franco, el Servicio Nacional del Trigo le entregaba a cambio

de sus cosechas unos pagarés fácilmente descontables.

Eso fue todo: una reforma de los servicios financieros. El resto de la mejora del campo durante la

dictadura se debió a la expansión de la demanda de productos y de emigrantes. La próspera Europa pedía

alimentos españoles y braceros castellanos, andaluces, gallegos. La España urbana también se enriquecía

y tiraba del campo.

El Estado, sin embargo, hizo lo posible porque tales ganancias no acabaran en los bolsillos de los

agricultores y ganaderos: el instrumento de expoliación fue el arancel industrial. El arancel, o impuesto de

aduanas sobre la importación de productos exteriores, no favorece a España a costa de los extranjeros:

favorece a unos españoles a costa de otros.

Así, cuando el Estado otorga a los astilleros del INI crédito barato, subvenciones, protección arancelaria,

combustibles y acero a precios reducidos, no está fastidiando a los constructores japoneses, que parecen ir

sobreviviendo, ni a los navieros foráneos, que compran los barcos y agradecen el regalo, sino a los demás

productores españoles. Son en especial los hombres del campo quienes, con sus exportaciones, sus

impuestos, y el dinero que les roba la inflación, financian esos astilleros en quiebra.

El agricultor debería temer los precios garantizados y las intervenciones del Ministerio de Agricultura.

Pida en su lugar que se deje de proteger a la industria a costa suya. En régimen de libertad, España podría

llegar a tener la agricultura y ganadería modernas, agresivas, vendedoras, que los campesinos españoles

se merecen.

 

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