Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   El Congreso de la U.G.T.     
 
 ABC.    20/04/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. MARTES 20 DE ABRIL DE 1976.

EL CONGRESO DE LA U. G. T.

Estoy a favor de la reforma. Precisamente porque soy un conservador. Si fuera revolucionario me apestaría la reforma. Porque lo único que se ha inventado para hacer imposible la revolución —incluso la revolución con sangre de la que tantos ejemplos tenemos en la Historia de España— es reformar lo necesario y a tiempo.

Y me importa mucho decir que la diferencia entre reforma y revolución es cualitativa, no sólo cuantitativa. El revolucionarlo es siempre partidario de la ruptura. El reformista nunca. Para el primero hay que construir de nueva planta, previo desmantelamiento de lo anterior. Para el segundo, los muros maestros deben reforzarse, pero no demolerse.

Viene todo esto a cuento, entre otras cosas, del Congreso de la Unión General

de Trabajadores, que ha terminado en Madrid hace escasos días. Se ha votado en él la ruptura sindical.

Es decir, se elige la vía del todo o nada. Me parece que a este paso vamos a llegar muy pronto al caos. Ruptura es lo contrario de pacto, y una organización sindical, en estos momentos, si quiere de verdad cumplir con su misión, debe ser proclive y propicia al pacto, no a la guerra.

Y pienso que tan trabajadores son los que se integran —no sé si muchos o pocos— en la U. G. T., como los que aún creen en la actual Organización Sindica!

Pedir que se reconozca la peculiar fisonomía de unos Sindicatos de inspiración socialista puede ser hasta positivo. Lo que es y será enormemente perturbador es tirar la casa por la ventana y negar el pan y la sal no ya a los empresarios, sino a otros sindicalistas. Y me parece que ese es el mal camino iniciado por los afiliados de la U. G. T.

Bastante tenemos que olvidar muchos españoles de su historia como para que —¡encima!— se presenten ahora como punta de lanza del rupturismo. Una U. G. T. reformista, sí. Revolucionaria nunca.

Tiene demasiados años y demasiada experiencia como para haber olvidado la conocida máxima: «Quien en su juventud no fue un revolucionario no ha sido nunca joven; quien lo es en su madurez, es un Insensato».—J. M. R. G.

 

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