Autor: Fuente Tarrero, Jesús Manuel de la. 
 Primer objetivo de las fiestas de San Isidro-77. 
 Hacer volver al Santo  :   
 Todo el mundo reconoce su escaso arraigo popular. Ayuntamiento, vecinos y partidos políticos han asegurado su participación, cada uno en un sentido. 
 Pueblo.    02/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Primer objetivo de las fiestas de San lsidro-77

• Todo el mundo reconoce su escaso arraigo popular

• Ayuntamiento, vecinos y par tidos políticos han asegurado su participación, cada uno en un sentido

Y un buen 15 de mayo llego San Isidro y Madrid ya no estaba vestido de fiesta. No había casetas de feria,

ni verbena, ni había churros ni rosquillas traídas en coche de línea desde Fuenlabrada: pero es que,

además, ni los «chulapos» y «chulapas» se habían mudado por unas horas sus pantalones vaqueros y sus

camisas de franela por los emperifollados trajes de época. Pero, ¿y la pradera...? ¡Ay, la pobre pradera del

Santo ya no era lo que era; es más, ni siquiera era! Pero, ¿y la fuente...? ¡Ay, la pobre fuente también

comenzaba a dar innegables síntomas de estar contaminada! ¡Pobre patrón! Y San Isidro, ofendido y

triste, se echó el atillo al hombro y se fue para América. (Allí por lo menos todavía me veneran en

algunos pueblos y ciudades», debió decirle al más viejo de sus fieles bueyes.) Pero un buen año, éste para

más señas, con eso que llaman democracia, cambian radicalmente los usos, y todos parecen empeñados

en que el Santo vuelva a ver Madrid vestido de fiesta. Ayuntamiento, vecinos y hasta partidos politices

han asegurado su activa participación.

El programa oficial de festejos de San Isidro-77 todavía no lo tiene ultimado el Ayuntamiento, pero ya

están concretadas por la Delegación de Educación, las lineas maestras que lo definirán:

1. Potenciar al máximo la descentraliza-ción de los actos, posibilitando la participación de los

distritos en su organización.

2. Devolver a las fiestas su perdido carácter de atracción turística, tanto en el ámbito nacional como

en el internacional.

En este sentido, el delegado municipal Matías Vallés, no deja de ser optimista. Sobre su mesa se

amontonan las cartas dirigidas por varios presidentes de Juntas municipales. Lo que uno no ha podido

descubrir han sido cartas de vecinos, de asociaciones. Estos están haciendo un poco la «guerra» por su

cuenta.

—El verdadero protagonista de estas fiestas debía ser el pueblo. Unas fiestas sólo son imputables en la

medida en que son populares, en que su organización nazca de abajo y nosotros sólo seamos

coordinadores de esfuerzos y aportadores de fantasía creativa. La delegación está en ello y creemos haber

conseguido un interés ciudadano mucho mayor del previsto, aunque también seamos conscientes de que

falta todavía mucho para que el madrileño vuelva identificarse otra vez con los festejos de San Isidro.

Problemas de identificación; ahí puede estar el tema. Y puede también que la culpa haya que buscarla, por

ambas partes. Por un lado los vecinos —al menos los organizados—, que parecen más seguir dictámenes

a veces excesivamente radicales, y por otra, el Ayuntamiento, que tampoco termina de aceptar «dictados»

nacidos de la raíz misma de los barrios. Incluso, Matías Valles acaba de concretar en qué términos van a

participar o están participando los vecinos en la confección de los programas fiesteros.

—Hemos querido descentralizar todo, pero a veces no ha .sido posible por la falta de aceptación de los

propios habitantes de determinadas zonas. El crecimiento de Madrid como capital no es un crecimiento de

adentro hacia afuera, sirio de afuera hacia adentro, y, eso aplana inquietudes, aplana devoción por muchas

cosas.

FIESTAS OFICIALES

Lo fuerte del programa oficial, y aunque el señor Valles insista en la participación de los distritos, lo

supone la inauguración de los jardines del Descubrimiento y del Gran Centro Cultural de la Villa de

Madrid que irá en sus sótanos («eso se llama diplomatizar y despopularizar las fiestas», dicen los vecinos)

para lo que han sido invitados los alcaldes de todas las capitales hispanoamericanas.

—Madrid, se quiera o no está íntimamente ligado al hecho del descubrimiento. En esta ciudad, en 1486,

Colón logró el primer contacto definitivo con los Reyes Católicos, a fin de dar auténtica forma a aquella

gran empresa. Pero no se pretende conmemorar sólo eso. ni hacer un montaje de cara al exterior, sino que

hay algo más: la gran dotación cultural que el nuevo centro va a llevar consigo para la ciudad.

Coincidiendo con la inauguración se celebrará una gran exposición de pintura y artes hispanoamericanas,

y el primer certamen filatélico sobre temas también hispanoamericanos y madrileños. Eso en la sala de

exposiciones. En la de conciertos tendrá lugar, tras la actuación el 13 de mayo de la orquesta de la Radio

Nacional de España, el I Festival Musical Hispanoamericano, al que ya tienen confirmada su presencia

doce países, y como postre, en la sala de conferencias, también el I Certamen sobre Justas Poéticas, sobre

temas de Hispanoamérica y Madrid.

Pero, ¿qué piensa el pueblo? ¿Qué piensa el vecindario? Pues qué va a pensar, lo de siempre: que eso son

cosas de señoritos. («Queremos que las entradas a todos estos actos sean absolutamente populares, como

cualquier otro espectáculo corriente», sentencia el señor Valles») y, como ya se les considera mayores —

y hasta están convencidos de ello—, pues se han decidido a organizar la fiesta por su cuenta.

En este sentido, una serie de asociaciones de vecinos y amas de casa, así como personalidades de las

letras, la música las artes, etc. han suscrito una carta al alcalde de Madrid, solicitándole permiso para

utilizar la explanada de la Casa de Campo «para celebrar una gran fiesta popular que recoja el sentir

tradicional de los madrileños». El Madrid oficial y el real, eternamente enfrentados, en este caso con San

Isidro en medio, que todavía no sabe si volver de tierras americanas: a su pradera, a sus casetas de feria, a

sus verbenas, a sus churros y rosquillas de Fuenlabrada, a cantar y bailar por unos días con sus madrileños

de siempre, con su gente sencilla.

LAS FIESTAS PARALELAS

El fenómeno de las fiestas paralelas no es nuevo. El año pasado ya conocieron algunas tímidas

experiencias, muy bien precedidas por los festejos que la Asociación de Vecinos de Malasaña organizo

con motivo del Dos de Mayo. Este, la experiencia se va a ampliar de tres a nueve días (del 2 al 9 de

mayo) y está casi asegurado el éxito Antonio Murcia presidente de la asociación, es uno de los pocos

madrileños de Madrid que sabe lo que los vecinos quieren.

—En la organización de estas fiestas hemos pretendido entrelazar la tradición con la problemática actual

del barrio. Todos los festejos, hasta los más intrascendentes, van a tener una relación más o menos directa

con el tema del plan Malagana, la máxima preocupación actual del vecindario. La asociación ha creído

que así la participación popular no podía tener mayores alicientes.

Pero, volviendo a San Isidro, los actos que se pretenden montar en la explanada de la Casa de Campo

serían cucañas, concurso de chotis, guiñoles, carreras de sacos, actuaciones musicales, regado todo con

abundante agua fresca, azucarillos, aguardiente, «limoná», churros y chocolatada. Según el programa,

sólo van a faltar las rosquillas del santo traídas de Fuenlabrada. porque Fuenlabrada ya no es lo que era.

POLITIZACIÓN

Otro ingrediente interesante de estas fiestas lo puede suponer el grado de politización que pueden llegar a

alcanzar. Es el sino actual del país, y San Isidro no podía ser menos. Al parecer, lo único que en principio,

puede quedar virgen en todo este trasiego va a ser la antológica pradera del santo. Allí, va a seguir, tan

olvidada, tan raquitizada, ahogada por los coches, las autopistas, y una fuente y una. ermita que ya no son

más que historia: la una, por su lamentable estado, y la otra, porque las autoridades no se deciden a

solucionar su contaminación.

Los barrios, por el contrario, pueden verse llenos de manifestaciones populares, directamente organizadas

por los partidos. Según ha podido saber PUEBLO, varios de ellos (PCE, PSOE, FDC, PSP, etcétera), si

no mediante sus comités centrales si a través dé sus comités de barrio, pretenden mezclar la fiesta con

buenas dosis ideológicas partidistas. No faltarán, pues, las verbenas políticas y los churros con consigna.

En el fondo, a ver si entre todos conseguimos que San Isidro vuelva a sentirse en Madrid como en casa.

Difícil va a ser, no cabe duda.

Jesús DE LA FUENTE

 

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