Autor: Sinova, Justino. 
 Novedad en la Comisiones Permanente del Congreso Sindical. 
 Los sindicalistas oficiales, a favor de la reforma     
 
 Informaciones.    23/06/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

NOVEDAD EN LA COMISION PERMANENTE DEL CONGRESO SINDICAL

LOS SINDICALISTAS OFICIALES, A FAVOR DE LA REFORMA

SEÑOR MARTIN VILLA: «OJO CON AQUELLA UNIDAD QUE PERPETUÉ LA DIVIISION ENTRE SINDICATOS LEGALES E ILEGALES»

Por Justino SINOVA

MADRID 23

Hay que cambiar y reformar algo más que la fachada o los tabiques; hay que cambiar el sindicalismo.» Estas palabras, oídas ayer durante la reunión de la comisión permanente del Congreso Sindical, no fueron pronunciadas por un líder obrero ajeno a aquella casa; estuvieron en boca de un hombre estrechamente unido durante años al sindicalismo oficial: Santiago Alvarez Abellán, presidente de la Unión Nacional de Trabajadores y Técnicos de la Construcción

Este dato da idea de lo que fue la sesión de la Permanente, para la que se habian pronosticado batallas dialécticas y reafirmaciones de la línea sindical inmovilista. Se recordaba aquella reunión del 30 de marzo, en que Martín Sanz prometió luchar con todas sus fuerzas para que no se moviera ni un solo ladrillo de la Organización Sindical y en la que Fugardo Sanz tuvo que ser contenido en su verbalismo amenazador. Además, estaba presente el resultado de la votación sobre la ley de Asociaciones en el Pleno de las Cortes, donde el grupo sindical contribuyó con fuerza a incrementar los votos negativos.

Sin embargo, la larga sesión (cinco horas ininterrumpidas) fue una sucesión de apoyos a la reforma sindical. Los representantes del sindicalismo oficial optaron esta vez por apoyar el proyecto gubernamental y por enterrar dialécticamente a los líderes del inmovilismo, cuyas opiniones, a pesar suyo, no lograron el notorio eco de otras ocasiones. Los parlamentos de Martín Sanz y Fernández de la Vega, dos noes rotundos a la reforma, casi pasaron inadvertidos ante la abundancia de los síes.

LOS LADRILLOS DE SINDICATOS

Los ladrillos de la Organización Sindical fueron también esta vez protagonistas de algún modo.

El señor Barrera afirmó que "no quitarle a esta casa ni un ladrillo significa mantener la ficción de que empresarios y trabajadores podemos seguir avanzando conjuntamente, pero resulta que tenemos más problemas que intereses. La frase del ladrillo fue oída a un empresario, pero no a un solo trabajador. Cuando los empresarios defienden el sindicalismo no defienden la justicia social. Defienden un batiburrillo en el que estamos todos metidos".

Al hilo del tema de los ladrillos de la Organización Sindical, varios congresistas razonaron la necesidad de no perpetuar situaciones personales. El señor Moya Clúa, que anunció su retirada para cuando la reforma sea un hecho, aconsejó: "No nos asentemos e» una cuestión personalísima. Que decidan el futuro los trabajadores." Y don Lucio del Álamo, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, aprovechó la oportunidad para manifestar: "Lo mejor que puedo hacer es ir a mis representados a decirles que mi puesto está libre para que sean ellos quienes construyan el mundo del futuro."

No todo fueron, sin embargo, apoyos incondicionales a la reforma. Quienes hicieron uso de la palabra añadieron a su sí la duda sobre algunas cuestiones que efectivamente todavía son una incógnita.

Por ejemplo, cómo se logrará el tránsito hacia el nuevo sindicalismo,

cómo se hará realidad el objetivo de la unidad en la pluralidad y en la libertad, que pasará con la cuota sindical, cómo quedará configurado el Congreso Sindical y cuál es el programa a seguir para el cambio.

HUIR DE LA POLITIZACIÓN

El señor Navarro López pronosticó que "el 80 por 100 de los trabajadores no se van a afiliar a nada"; el señor Doreste advirtió de la necesidad de que "el mundo del trabajo huya de la politización"; don Noel Zapico, presidente del Consejo de Trabajadores, replicó: "No creo en una asepsia sindical.

Las organizaciones profesionales deberán huir de la Influencia de los partidos políticos, pero no podrán huir totalmente."

Se oyeron algunas opiniones en favor de la admisión de todos (el señor Navarro Velasco pidió que todas las corrientes estén representadas en el Congreso Sindical, ya que "el delito de pensamiento ha dejado de ser delito en España"), y la petición de que se consulte a la base cosechó varias adhesiones.

RESPUESTA POR BULERÍAS

Uno de los promotores de esta petición fue el señor Peris Gimeno, quien razonó asi: "Acabo de enterarme del contenido de la reforma sindical, y como no he consultado a mis representados, no puedo dar aquí una opinión. Hay que consultar, porque no podemos guisar la paella y comerla nosotros solos. En este caso no tengo mandato." Le contestó a renglón seguido, "con aire de bulerías", el señor Madrid del Cacho: "Ay que te quiero gitano del alma, aunque no pienso lo mismo que tú." Explicó la teoría de la representación para decir: "Hay que mojarse, hay que tomar una actitud comprometida." Y se apoyó en Bernanos para sentenciar:

"La reforma tardía quiebra el corazón de los pueblos en ira o en desesperanza."

Don Dionisio Martín Sanz, que recientemente entró en el Consejo del Reino, atacó de nuevo al Gobierno, y en concreto sobre materias económicas dijo que ha cometido "errores garrafales". Preguntó si es tan repudiable este sindicalismo, sentenció que este sindicalismo ha molestado a la Administración y ésta quiere ahora debilitarlo, y pronosticó enfrentamientos con sangre.

En su opinión, España es el único pais libre que podría hacer la planificación en libertad y unidad, y ahora está cayendo en manos de las multinacionales y los partidos políticos. "Me duele haber oído —dijo— a una autoridad administrativa que aspiramos al pluralismo para que se enfrenten los trabajadores con el fin de que haya dos o tres centrales fuertes. Eso se pagará con sangre.

Los autores de este proyecto de ley vuelven al enfrentamiento."

«MUCHOS E INADMISIBLES ERRORES»

El señor Moya Clúa contestaría que «decir que esto va a costar sangre, es predecir algo que no está en el ánimo de los trabajadores». El señor Martín Sanz, siguiendo con su efusivo discurso, acusó a la O.I.T. de ser «un mal remedo de lo que hemos querido hacer», y a la reforma, de contener «muchos e inadmisibles errores». Lo que nos ofrecen —dijo textualmente— «es de pena». Terminó pidiendo formalmente una consulta a la base, al margen del referéndum.

El señor Fernández de la Vega fue el otro paladín de la oposición a la reforma, que no es —según sus palabras— «ni oportuna, ni precisa, ni necesaria. La reforma necesaria no tiene nada que ver con la programada». Para el presidente del Sindicato de Ganadería, la reforma debe reducirse a la separación entre las estructuras sindicales y las directrices del Gobierno, y a la potenciación de la libertad de asociación sin reformar la declaración XIII del Fuero del Trabajo. «¿Con un pluralismo sindical —preguntó—, vamos a saber con quién negociar?»

Tras la intervención de estos dos congresistas, todavía se produjeron ocho parlamentos en apoyo de la reforma, protagonizados muchos de ellos por cargos sindicales de larga trayectoria, pero conectados con los objetivos gubernamentales. El señor Marcos Chacón manifestó: «Si me dejara llevar por la nostalgia, tendría que decir "que no se mueva nada". Pero no cumpliría con mi deber de español si no estuviera convencido d« la necesidad de la reforma. Esta estructura, que se nos ha quedado vieja, es la que está produciendo la debilitación que hace necesaria la reforma profunda.»

LA REFORMA, URGENTE

El ministro de Relaciones Sindicales, que abrió la sesión con un discurso explicativo de la reforma (ver INFORMACIONES de ayer), terminó insistiendo en su necesidad y valorando la reunión —que no tenía objetivo decisorio— como clarificadora. «Mi impresión —fue la conclusión que extrajo el ministro— es que la reforma es urgente.» Explicó el trámite a seguir y aseguró que se realizará la consulta al mundo sindical tras el referéndum, una vez que se haya logrado la modificación constitucional que haga posible el cambio en la organización de los Sindicatos.

El punto fundamental de la reforma, según el señor Martín Villa, es «cómo desde la libertad se puede llegar a la unidad sindical». Volvió a prometer que «se consultará a todos», y terminó advirtiendo: «Ojo con aquella unidad que perpetúe la división entre Sindicatos legales e ilegales.»

LO QUE SE PRETENDE

La reforma sindical se contiene en el título IV del proyecto de ley de reforma de la ley Constitutiva de las Cortes y otras Leyes Fundamentales. En él se dispone (artículo 30) la creación del Consejo Económico y Social, órgano consultivo y de colaboración en materia de política económica y social en la planificación del desarrollo.

Estará constituido por representantes de los trabajadores, de los empresarios, de la Administración y de otros intereses colectivos. El artículo 31 afirma que «para la defensa de sus respectivos intereses profesionales, dentro de cada sector, los trabajadores y los empresarios tienen el derecho a constituir asociaciones y organizaciones, y el de afiliarse a las mismas».

Estas asociaciones u organizaciones podrán federarse y gozarán de independencia y de mutua autonomía. El artículo 32 establece órganos que fomenten el entendimiento mutuo entre trabajadores y empresarios. Y el artículo 33 dice que por ley se establecerán los órganos para la participación de los trabajadores y de los empresarios en las instituciones representativas de la vida política, económica y social.

 

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