Autor: Luchetti, Antonio. 
   Salarios, empleo y productividad     
 
 El País.    11/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

TRABAJO

EL PAÍS, miércoles 11 de octubre de 1978

TRIBUNA LIBRE

Salarías, empleo y productividad

ANTONIO LUCHETTI Economista del conseja federal de CCOO

La próxima negociación de unos acuerdos entre las distintas fuerzas políticas y sociales del país, tendrá que intentar resolver, desde un punto de vista económico-sindical, tres importantes problemas, entre otros.

El primero es el de hallar el equilibrio que facilite un aumento de los salarios lo más elevado posible, compatible con una disminución del paro. No se trata, como en noviembre de 1977 (pacto de la Moncloa), de que el paro aumente lo menos posible sino que ahora el problema del paro está situado en un primer plano, con costes políticos, económicos y sociales que pueden ser insoportables para la población.

Desde sectores de la patronal, del Gobierno, de prestigiosos economistas, serene insistiendo en que «el objetivo prioritario de la ocupación obliga a moderar el crecimiento de los salarios y a frenar la marcha de los costes de la Seguridad Social» (informe del equipo que dirige Enrique Fuentes, publicado en EL PAÍS de 17-9-78). El aumento del coste del trabajo, si no se puede trasladar totalmente a los precios, disminuye el excedente empresarial que puede destinarse a la inversión. Pero creemos es necesario destacar algunos otros factores, generalmente olvidados, que condicionan la inversión en nuevos puestos de trabajo, y que descargan a los salarios —dejamos aparte la Seguridad Social mientras no se clarifique su gestión y estado financiero-, de la responsabilidad casi exclusiva del paro a que parecen condenarlos algunos análisis.

Factores para la inversión

Los empresarios invierten si tienen espectativas claras de conseguir beneficio suficiente, pero estas espectativas se ven oscurecidas hoy por una serie de factores:

1. Nos hallamos ante una grave crisis del capitalismo a nivel mundial, con fenómenos nuevos como el descubrimiento por parte de algunos países subdesarrollados del arma estratégica, política y económica, que significa el precio de las primeras-materias, y que está modificando la correlación mundial de fuerzas.

La negativa de Estados Unidos, Alemania y Japón a secundar las medidas reactivadoras propuestas por la OCDE son un índice claro de las dificultades para salir de la crisis.

En España la situación es aún más grave. A la crisis estructural del capitalismo se añaden las rigideces propias del modelo de crecimiento franquista, y la irresponsable política económica seguida por el Gobierno de la UCD, que incumpliendo la casi totalidad de los aspectos más positivos del pacto de la Moncloa, es en gran medida el responsable de que hayamos llegado a las alarmantes cifras actuales de paro. Súmese la incertidumbre del terrorismo, de la falta de calendario electoral que clarifique-el panorama político y tendremos algunos motivos fundamentales —la crisis mundial y la española-, que explican que los empresarios no se animen a invertir.

2. La tasa de inflación que sufrimos, superior en 1978 a la europea en dos veces y media, crea dificultades a las exportación y no clarifica, por culpa de unos tipos de interés excesivo, las expectativas de beneficios, especialmente en las pequeñas y medianas empresas.

3. La política del Gobierno UCD es de apoyo a las grandes empresas, al capital financiero, a las multinacionales. Por el contrario,-seria necesaria una política decidida en apoyo de la pequeña y mediana empresa no vinculada a la banca o a grupos multinacionales, a través de una política crediticia y fiscal discriminatoria a su favor, y con una actuación más activa del sector público, que invirtiera directamente y fomentara la inversión en sectores que unieran, a ser posible, las características de sus sectores «punta» tecnológicamente, y de crear, directa e indirectamente, nuevos puestos de trabajo.

4. Un sector del empresariado no invierte debido al espejismo de las muy elevadas —en comparación con las europeas- tasas de beneficio alcanzadas en España en los años 1963-73. El desvanecimiento de este espejismo sería conveniente para lograr un crecimiento de la inversión a partir de unas bases más realistas, y no sólo basadas en los bajos salarios.

5. La demanda de consumo se halla estancada, debido al aumento del desempleo y a que los

salarios crecerán en 1978 globalmente, en un porcentaje igual, como máximo, al de ios precios al consumo. Cabe recordar las dificultades sufridas por Inglaterra para salir del estancamiento económico, al establecer una política de rentas que implicaba una pérdida notable del poder adquisitivo del salario.

Estos factores, entre otros, condicionan la tasa de inversión. Cargar la responsabilidad del paro, por tanto, en el platillo de los aumentos salariales, no es ni sindicalmente deseable, ni correcto desde un punto de vista económico. Reactivar la inversión, sí, pero actuando sobre todas las variables que inciden en ella y ello supone un crecimiento selectivo del 5-0/0 del PIB durante 1979, en aquellos sectores y empresas no marginales y de mayor capacidad de absorción de empleo,lcon un fuerte peso del sector público, crecimiento doble del de 1978, difícil de alcanzar, pero imprescindible para empezar, aunque sólo sea levemente, a reducir el paro.

Productividad

El segundo gran problema a dilucidar es el de la productividad. Cuando nos encontramos con grandes stocks invendidos, cuando la capacidad productiva se está utilizando en un 70%, aumentar la productividad a secas supone, inexorablemente, aumentar el paro. Cuando los portavoces empresariales habían de flexibilidad de plantillas, están hablando, a corto plazo, de aumentar el paro.

Desde un punto de vista sindical —el congreso de CCOO ya se pronunció claramente en este sentido—, se acepta la necesidad, en líneas generales, de aumentar la productividad. Pero ello debe hacerse desde una triple óptica: 1, la productividad no depende sólo del esfuerzo del trabajador, sino también de las inversiones en tecnología, organización del trabajo, etcétera. 2, los posibles aumentos de productividad deben partir del análisis concreto de cada sector, empresa, taller, puesto de trabajo. No se puede generalizar. En una misma empresa una sección puede trabajar a tope mientras otra puede tener los ritmos de producción holgados. Es necesario que los comités de empresa analicen caso por caso y negocien con la empresa la productividad. 3, los aumentos de productividad no deben suponer disminución del empleo, sino que, por el contrario, a partir de combinar la reducción de la oferta de trabajo disminución del tiempo de trabajo normal, de horas extras, jubilación anticipada, etcétera, con una política de reconversión a nivel sectorial, y con nuevas inversiones, debe garantizarse el mantenimiento, como mínimo, del nivel de empleo.

Reformas de estructura

El tercer gran tema de debate, el más importante, es el de las reformas estructurales. Las fuerzas políticas que firmaron los acuerdos de la Moncloa, y tas centrales sindicales que demostraron su madurez y sentido de la responsabilidad aceptando aquellos acuerdos, deben seguir exigiendo el cumplimiento de los cambios estructurales que el país necesita: en la Seguridad Social, en la Administración, en e( sistema fiscal y financiero, en la empresa pública, en los circuitos de comercialízación, en la política de suelo y vivienda, en el campo y la pesca, en la reconversión del aparato productivo haciendo mínimos los costes sociales, etcétera. Para el movimiento obrero y el resto de fuerzas democráticas, significa ganar áreas de poder para situarse mejor en la lucha por consolidar la democracia, por profundizarla, y por dotarla de auténtico contenido.

En este breve artículo nos hemos ceñido a algunos de los aspectos más directamente económico-sindicales, y hemos soslayado otros temas decisivos que deben negociarse: el establecimiento de un nuevo marco de relaciones laborales, el desarrollo del contenido de la Constitución, el establecimiento de un calendario electoral, etcétera. La importancia de estos temas a negociar implica, necesariamente, la presencia de los partidos políticos junto a las fuerzas sociales y al Gobierno. Lo que nos jugamos es el modelo político, económico y social para España en estas próximas décadas: si vamos a seguir estando entre los países «en vías de desarrollo», o por el contrario, ocupamos el espacio que nos corresponde en una Europa que debe avanzar unida hacia el socialismo.

 

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