Autor: Llaguerri, Daniel. 
 Aragón. 
 Socialistas a la greña     
 
 Interviú.    14/12/1978.  Página: 12-14. Páginas: 3. Párrafos: 43. 

Aragón

A Rafael Zorraquino, secretario general del PSOE aragonés, lo expulsan de la UGT por querer hacer el socialismo en su empresa

Por DANIEL LLAGÜERRI

Así está la política. Ahora resulta que un socialista no puede ser empresario. Rafael Zorraquino, secretario regional del PSA-PSOE, ha sido expulsado por el Comité Provincial de Conflictos de UGT por este motivo. Un marxista, fácil en la palabra, conocedor profundo de Marx, Pablo Iglesias, Largo Caballero, a los que cita constantemente. Una de las mejores bibliotecas políticas le arropa. Joven, luchador, pero... no "socialdemócrata". Puede ser su gran pecado. La clave del complot.

UGT le ha expulsado. Nicolás Redondo no le recibe. La crisis del socialismo aragonés ha entrado en coma profundo. Rafael Zorraquino, secretario regional del PSA-PSOE, lucha ante una maniobra tendente a separarle del partido. Un hombre joven, treinta y un años. Sus actuaciones en UGT y PSOE se cuentan por victorias. Vocal jurídico de la central sindical, asesor, secretario de Organización. De 6.000 afiliados se pasó a 18.000. En el PSOE, secretario de prensa y propaganda durante las elecciones generales.

Número cinco de la lista al Parlamento por Zaragoza. Rechazó la cabecera de la lista por Teruel. Hoy, con tres años de militancia efectiva en el partido, ostenta el cargo de secretario regional.

Sus luchas dentro del Ayuntamiento son famosas. Encierros, paro de los bomberos. Ha logrado que el peón municipal tenga un sueldo de 36.000 pesetas. Varias veces, los consejos de guerra contra él han flotado en el ambiente: las huelgas de funcionarios se consideraban delito de sedición.

Un expediente impresionante, bonito, pero... UGT le ha dado la patada...

-Efectivamente, la UGT provincial me ha echado. Se fundamentan en que yo he asumido el intento de hacer una cooperativa o una empresa socialista con un negocio familiar y, a la vez, tener un cargo en UGT.

"Mí abuelo se lanzó a la aventura de tener una confitería. La tradición familiar siguió. Llegó mi turno y, ciertamente, simultaneé ser ejecutivo de UGT y consejero delegado de esta pequeña empresa familiar.

Entonces nadie me lo cuestionó y todos lo conocían. Se hubiera tenido que determinar mí incompatibilidad, pero nunca mi expulsión, puesto que no tiene sentido que un hombre que trabaja por el socialismo, incluso con el riesgo de los intereses familiares, lo cual me produjo serios enfrentamientos con mi hermano, que no es de izquierdas y no estaba de acuerdo con mi gestión, sea criticado ahora.

—Entonces, según la opinión de UGT, no se puede ser empresario socialista.

—Ese puede ser el planteamiento final, ante un hecho que, lamentablemente, ha trascendido a la opinión pública.

"He visto los problemas que ha causado la decisión de expulsarme y, desde luego, lamento que se haya confundido a un pequeño empresariado que tiene una clara alternativa en el socialismo. Es un sector oprimido en el sistema económico capitalista.

—La peculiar UGT provincial se fundamenta en que el reglamento dice que no se admite esa doble militancia empresa-sindicato...

—Si uno es miembro de una gran empresa o de una empresa explotadora y a la vez asume responsabilidades como capitalista en esa empresa, obviamente, sobra en un sindicato de dase. El problema hay que valorarlo desde la óptica de una pequeña empresa, en la cual se asume un comportamiento socialista.

En UGT hay algo que no se ha definido de una forma clara: el estatuto del autónomo.

—Rafael Zorraquino era gerente de su empresa de chocolates...

—Es cierto, en un determinado tiempo asumí el poder de la empresa, pero, la verdad es que no conozco la forma de transformar una empresa capitalista en socialista si no se dispone de los medios de producción para colectivizarlos. Lo que hay que estudiar es la actuación de una persona cuando asume esa propiedad.

Si lo hace para explotar a los hombres que trabajan o para la cesión y colectivización. Si es así, esta actitud no puede ser juzgada negativamente por un socialista.

—Sus enemigos suelen afirmar continuamente que "no paga bien a los obreros de su empresa que están afiliados a UGT"...

—Como socialista creo que no hay nunca un salario justo. Considero que los salarios que percibían no eran justos y, probablemente, bajos. Lo que no podía hacer en aquel momento era inventar el dinero cuando no existía. En una pequeña empresa que estaba endeudada con tres millones de pesetas, sometida a un sector donde las multinacionales atenazan, la coyuntura económica no permitía elevar los salarios. Se aplicaron los convenios y, en algunos casos, se incrementó el convenio. Consulté con los trabajadores cuál podía ser el desarrollo de la empresa, incluso les conciencié, ya que ellos no querían llegar a asumir la responsabilidad de la producción. Hubo huelga del sector. Les expliqué que nos movíamos entre una clase explotada, incluso yo, que era un asalariado más. Yo voté la

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huelga. La empresa estaba en crisis, pero los trabajadores hicieron uso de sus derechos y votaron la huelga. Como consejero delegado me opuse a que no se les pagara el dia de huelga. Cobraron todos.

—Si los obreros de su empresa hoy le apoyan sin estar metido en ella y las pruebas de su intento socializador son evidentes, ¿quién tiene interés en cargarse a Zorraquino?

—Lamento que la sucia maniobra iniciada contra mi persona haya sido muy gastada. Me llegaron las noticias de ella por la extrema derecha. Así de sorprendente. Ha sido una maniobra sucia. No acaba de arrojar luz, pero tiene que salir, porque en el socialismo somos amantes de la verdad, porque es... revolucionaria.

- ¿ Acaso hayan sido las envidias?

—He dicho muchas veces que lo importante es que el socialismo avance y que no nos debe importar si para eso hay que sacrificar a Rafael Zorraquino o a otro secretario de cualquier ejecutiva del partido. Lo que ocurre es que después del quince de junio yo no soy tan veterano como para poderme arrogar algunos derechos; se ha producido en el partido un hecho evidente: personas, compañeros, han visto en la fuerza electoral del PSOE la posibilidad de tener un determinado cargo político. Ante esta disyuntiva no se mira el comportamiento del que lo ostenta. Lo que se pretende es destruir a esa o esas personas, en una maniobra que en nada beneficia a los intereses del socialismo; intentan desprestigiarlas ante la opinión pública y tratar de cubrir ese puesto político que creen que está en el poder, cuando éste reside realmente en la base...

— ¡Ah!, pero... ¿pinta algo la base en su partido?

—Está muy claro que nuestro principio de la democracia interna tiene una historia de cien años que no vamos a tirar por la borda. Hay, desde luego, maniobras dirigidas a acabar con ese principio e iniciar una burocratización dentro del partido por parte de "social demócratas" que se podría confundir con un centralismo democrático. Esto es un hecho evidente y que, en la actualidad, se manifiesta. Aparte de que provenga de una determinada corriente "socialdemócrata", en un sentido peyorativo de la palabra, también puede venir de los resquicios autoritarios que heredaron nuestros afiliados del sistema anterior.

—Se rumorea que este "pecado" que la UGT le pasa ahora por la cara lleva el cuño "socialdemócrata" por ser demasiado marxista.

—Sería muy incoherente que esto pudiera ser una maniobra de socialdemócratas. Que quienes están por la reforma del capitalismo estén criticando a un posible socialista infiltrado en la organización. Lo lamentable es que no haya un proceso de racionalización ideológica. Y que quienes asumen en estos momentos en el partido o en el sindicato posiciones socialdemócratas, lo hacen para ofrecer garantías a los que sí tienen concebida esa adopción política en el sindicato. Ser marxista es algo más sencillo de lo que pretenden presentar a la opinión pública.

-¿Usted odia a los "socialdemócratas" de conveniencia?

—En la medida en que sean consecuentes, se les puede aceptar. Les recordaría, no obstante, que las resoluciones políticas del veintisiete Congreso, que es el órgano decisorio no informativo, dicen que nuestro ideario nos lleva a rechazar cualquier camino de acomodación ai capitalismo o a su

simple reforma. Decir esto, de esta forma tan clara, es tan evidente que todo aquel que defienda la socialdemocracia, en el sentido puro de la palabra, no cabe dentro de la organización. Significa que hay que ir a un Congreso extraordinario y cambiar nuestras resoluciones políticas. Lo que no se puede hacer es defender una socialdemocracía, a través de unos artículos escritos en la prensa, que van contra la política del partido.

—Es muy sospechoso, argumentan sus detractores, que se las dé de marxista cuando, hace bien poco, ostentaba el "cargo" de jefe de centuria...

—Es curioso. Siempre he estado en contra del autoritarismo. No he tenido ni la más mínima vinculación con esa organización fascista, porque no sé, realmente, dónde está instalada. Que me traigan una foto de esta mentira.

"Están utilizando los métodos de Stalin si pretenden catalogar a una persona por sus raíces familiares y, de esta forma, decir que Zorraquino tiene algún familiar que está vinculado a la Falange. Tengo familiares que fueron fusilados por los mal llamados rojos, y otros, fusilados por los azules. Tengo en mi pasado, si se remonta, liberales y conservadores, proletarios, etcétera. Mi posición ideológica está muy clara, dentro del partido, de las posiciones que puedan tener mis antepasados.

—¿No cree que el socialista que no practique el "compadreo" socialdemócrata será depurado?

—Si hay alguno que está en la socialdemocracia, fuera de la línea del partido, será ése el que irá a la calle. Existe una tendencia, mas o menos decidida, de acercamiento al poder real, que significa compromisos a los cuales no se puede llegar con la resolución política del partido. Me preocupa que el PSOE no se defina rápidamente, y el hecho mismo de que no avance hacia el Congreso extraordinario de una forma decidida para definir la política de un programa mínimo, para gobernar sin hipotecar su programa político.

—Con todo este conflicto socialista aragonés, ¿será Alfonso Guerra el "salvador" del PSOE? ¿Quedará, además, fuera del partido Zorraquino? ¿Quién ganará, finalmente?

—El socialismo vencerá. Ni Zorraquino ni nadie, sólo el partido. Si viene Alfonso Guerra como secretario federal de Organización a Zaragoza, será bien recibido, como cualquier compañero. Pero en esta región respetamos los acuerdos del veintisiete Congreso, y uno de ellos es la elección de la actual Junta Ejecutiva Federal; ahora bien, será en la medida en que también se respeten los acuerdos del cuarto Congreso regional, que surge desde la opción de estructurarnos como partido federal

"Alfonso Guerra no puede venir a acabar con el socialismo de la región. Debe venir a ver cuál es la situación del partido y a hacernos avanzar hacia la estructura federal. Hay que potenciar las federaciones regionales. Lo contrario serta demostrar un centralismo de partido tan censurado en la estructura de Estado franquista. Si para definir una política regional hay que ir a Madrid, por ese camino no se puede dar una alternativa regional.

—El Comité Ejecutivo regional del partido no deja dormir a más de un parlamentario aragonés. Sus decisiones son demoledoras, pero... se las saltan a la torera.

—A la democracia interna hay que ponerle algo que se llama disciplina, que permita realmente ejecutar los acuerdos mayoritaríos, aunque alguno disienta o los critique. Si no hay disciplina, no funciona el partido. Si se refiere en la pregunta al tema de la preautonomía...

—Efectivamente...

—No se puede ser cuatro días diputado y, además, los fines de semana, consejero. La dedicación debe ser intensiva. La única solución, según el Comité regional, es la renegociación del Decreto preautonómico.

Es preciso suprimir la condición de parlamentarios a los consejeros.

—La teoría es ésta, pero... el reglamento de régimen interior de la Diputación General lo elaboró Cristóbal Montes, diputado del PSOE, y se saltó, olímpicamente, la resolución del Comité regional.

—Esto se ha producido, lamentablemente. Creo que ha sido por una actitud de indisciplina.

Necesariamente deberá ser corregida. Lo que no puede hacer el PSOE de cualquier región del país es tener un grupo parlamentario, una minoría socialista no disciplinada a los acuerdos y resoluciones del partido. Cuando se impone la disciplina, los parlamentarios dependen del Comité federal, lo que ha sido un problema para el Comité regional a la hora de hacer política. Esta situación debe acabar, ya que es la única que nos puede dar movilidad, no para cambiar un consejero todos los días, pero sí para hacer política eficaz.

—Rafael Zorraquino es funcionario del Ayuntamiento. Quedó atrás aquel intento de socializar la empresa familiar en el verano del setenta y siete. ¿Qué pasó con sus acciones?

—Las regalé a mis hermanos. Yo había propuesto una forma de sacar adelante la empresa. Mi padre aceptó. No fue positivo, y dejé la empresa en manos de mi hermano Victoriano. La experiencia fue interesante, lástima que ahora intenten utilizarla para desprestígiarme,cuando no hay razón para ello. Creo que habrá justicia. ¿Tan malo es ser marxista en el PSOE?

Zorraquino se queda en su amplio despacho. Miles de libros políticos le rodean. Miles de sombras rocambolescas fluctúan por los rincones de su humilde piso, buscando un pretexto para expulsarlo del partido. En la calle, en la base del PSOE, se respira un aire prozorraquinesco intenso. Dos facciones se han enfrentado abiertamente en Aragón: socialdemócratas y marxistas. Puede ser el principio de la mecha que lleve a la gran explosión del PSOE.

 

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