Autor: Díaz González, Enrique. 
   Los frutos de la indecisión     
 
 El País.    17/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Los frutos de la indecisión

ENRIQUE DÍAZ GONZÁLEZ

Ante la permanente indefinición del Gobierno, sindicatos y patronal han iniciado una clara guerra por su cuenta, planteando con inusitada dureza sus respectivas posturas, cara a la negociación de los más de 2.000 convenios colectivos próximos a expirar. Primero Carlos Ferrer, en nombre de CEOE, y luego las dos centrales mayoritarias —CCOO y UGT— han expuesto ya sus criterios negociadores que, a primera vista, hacen temer una explosión «inflictiva en el mundo laboral más allá de lo previsto.

Las contradicciones en que viene incurriendo el máximo responsable de la política económica gubernamental —el vicepresidente Fernando Abril— han propiciado un clima de excitación permanente entre las fuerzas sociales, en nada favorable a la trayectoria que la difícil coyuntura económica aconseja recorrer. Por si ello fuera poco, es también el señor Abril uno de los directos responsables —junto al presidente Suárez— del torpe mantenimiento de las expectativas políticas. Es un secreto a voces que los propios miembros del Gobierno y, por descontado, los líderes políticos —sean o no de la oposición— ignoran en estos momentos cuál va a ser el calendario político inmediato. Si mantener la incertidumbre pendiente de un dúo en un país de 37 millones de personas es siempre grave, incidir con ello en la delicada situación económica.

con una negociación colectiva en puertas que afectará a casi cuatro millones de trabajadores, constituye un hecho sin precedentes, para el que es notablemente difícil hallar calificativo alguno.

Si la explosión laboral se produce, la investidura, las elecciones, las declaraciones rimbombantes y cualquier ley de ¡imitación salarial, se vote o no en las Cortes, no serán suficientes para impedir que este país entre en una espiral conflictiva sin precedentes.

Es curioso que el Gobierno demande responsabilidad a las fuerzas sociales cuando ni siquiera es capaz de ejercer la suya propia: gobernar. Precisamente para lo que fue elegido.

 

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