Amenazas antidemocráticas     
 
 ABC.    10/03/1979.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

AMENAZAS ANTIDEMOCRÁTICAS

Amenaza antidemocrática es la que ha lanzado el secretario genera! de CC OO en Cataluña: «Si UCD Intenta una política de mayoría parlamentaria haciendo valer los números contra los intereses de los trabajadores se va a encontrar con la movilización sindical más importante que haya conocido ningún Gobierno en este país.»

He aquí, expresada con singular descaro, una rotunda negación de la democracia. CC OO de Cataluña se niegan, a tenor del párrafo reproducido, a aceptar la democrática norma de la mayoría parlamentaria. Se niegan a aceptarla y amenazan, además, a la mayoría del pueblo español, que ha dado sus votos a UCD

Amenaza antidemocrática, con análogo acento y el mismo sentido, es la de Marcelino Camacho, secretario general de CC OO en declaraciones a la agencia Europa Press: «Las próximas batallas sindicales no van a ser sólo salariales ..»; «no vamos a renunciar a la movilización de masas»; «cuando se viola la Constitución, la autoridad pasa a ser autoritarismo».

Si las centrales sindicales van a hacer y a imponer su propia política sin tener en cuenta los resultados electorales y sin acatar el mecanismo representativo parlamentario, ¿para qué hemos establecido la democracia? Si ante semejante desafío de la presión sindicalista no se produce la lógica reacción de autoridad gobernante, ¿para qué tenemos un Gobierno?

Hora es ya de decir con rotunda claridad —en uso legítimo de la democrática libertad de expresión y en servicio de la verdad— que la actitud más reciente de las centrales sindicales antes está destrozando lo poco que queda en pie de la economía española, que ayudando a su supervivencia y su deseable progreso. Estamos soportando, como país, una especie de terrorismo sindicalista contra el que deberá, también, enfrentarse el Gobierno. No le faltarán en la lucha apoyos y aplausos.

Urge, como hemos reiterado en anteriores ocasiones, una muy seria legislación de huelgas y relaciones laborales. LegisIación seria, europea, equitativa. Con clara y tajante afirmación, para terminar con las injustas presiones sindicalistas, de los derechos legítimos reconocidos en todas las auténticas democracias a las empresas. Las empresas, si queremos salvar la democracia y las libertades, no pueden seguir inermes frente a la hostil avalancha sindicalista.

Ni es verdad que las centrales sindicalistas hayan traído la democracia a España, ni la democracia española tendrá nada que agradecerles ni que apuntarles a favor si persisten en una ofensiva revolucionaria para destrozar el modelo

social que quiere la mayoría y para conducir, a ta fuerza, al país a un indeseable y utópico colectivismo.

Comisiones Obreras son, en definitiva, el Partido Comunista. No nos sorprende, por lo tanto, su ataque a una democracia dé libertades. Nunca hemos creído en las lealtades democráticas del comunismo. Pero debernos subrayar una vez más esta vinculación de central sindical y partido —a la que dedicamos amplio y esclarecedor comentario en nuestro reciente editorial «Juego limpio»— para que no se olvide, y menos en estos -críticos momentos, el doble juego que algunos partidos y sus sucursales sindicales están haciendo contra los fundamentos de la democracia.

No escribimos —quede dicho por enésima vez— contra el debido reconocimiento del sindicalismo. No escribimos contra los derechos legítimos de sindicatos y centrales. Pero escribiremos siempre contra los abusos sindicalistas, contra sus acciones ilegales, contra sus posturas antidemocráticas, contra sus ofensivas antinacionales.

En la reciente reunión del Comité central del PCE, dando de lado su habitual prudencia, Santiago Carrillo anuncia también jornadas de lucha: «Si UCD se orienta así —se refiere a supuestas concesiones a la agrupación patronal CEOE—, los próximos cuatro años van a ser de inestabilidad política y social, en la que habrá crisis de Gobierno y puede que crisis de régimen.»

La gravedad de esta otra amenaza, a cara descubierta, sin engañador antifaz eurocomunista, es evidente. (Y reclama, centrado en ella sola, un próximo comentario en estas columnas.)

 

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