Autor: Calvo Hernando, Manuel. 
 Nicolás Redondo secretario general de U.G.T.. 
 No a la renegociación de los convenios     
 
 Gaceta Ilustrada.    15/08/1979.  Página: 47-49. Páginas: 3. Párrafos: 38. 

Nicolás Redondo, secretario general de U.G.T.

NO A LA RENEGOCIACION DÉLOS CONVENIOS

Con su voz fuerte de lento hablar, sincero, auténtico, moderado y pragmático, Nicolás Redondo, líder y secretario general del sindicato socialista Unión General de Trabajadores, responde a las preguntas formuladas por nuestro compañero Pedro Calvo Hernando.

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Felipe González ya nos contaba . aquí hace varios meses que Nicolás Redondo debió ser el secretario general del PSOE que saliera del Congreso de Suresnes, pero que éste prefirió seguir dedicándose de lleno a la acción sindical, a la Unión General de Trabajadores. «Quizás es porque desde los catorce años he estado trabajando en una gran empresa y he visto la importancia del hecho sindical en la emancipación de los trabajadores»: asi me explica «Nico» Redondo su inclinación sindicalista. Pero eso no le lleva a subestimar el hecho político: «En la gran familia de orientación socialista creo que las funciones podrían ser perfectamente intercambiables. La gente que está en la Comisión Ejecutiva del partido podría estar en la Ejecutiva de UGT y viceversa. Muchas veces se está en un sitio o en otro en función de ciertos condicionamientos o de las necesidades».

Cuando uno trata de indagar en el interior del lider ugetista, sé encuentra con una personalidad siempre insatisfecha, siempre expectante de lo que aún tiene que dar en el futuro: «Todo ser humano cuando está a solas, empieza a pensar y se analiza, para preguntarse qué es lo que ha aportado a su país, a su familia política o sindical. Quizá por temperamento, yo siempre pienso que tengo que hacer más. Por eso no estoy satisfecho ni como parlamentario de Vizcaya ni como secretario general de la UGT. Tenemos mucho que luchar».

De sus compañeros de la Comisión Ejecutiva de UGT dice que son un equipo de hombres muy competentes y que ponen sus criterios a votación cuando es necesario. «Unas veces estoy en mayoría y otras en minoría. En ese colectivo hay una gran dosis de compañerismo y un gran respeto entre todos.»

Habíamos hablado ya casi durante una hora sobre los más variados temas, cuando de pronto se queda un poco sorprendido de mi pregunta: ¿Pero tú sigues creyendo en una sociedad nueva y totalmente distinta de la actual, aunque tengan que pajar muchos años? 48

—Si, sí... bueno, si no creyera en esa sociedad no estaría trabajando donde trabajo. Creo que el hombre es capaz de llegar a una sociedad mucho más justa, a una sociedad, bueno, llamémosla, si se quiere, socialista, en la cual el ser humano pueda vivir feliz. Pero, lamentablemente, de esa sociedad no tenemos ninguna referencia. No nos sirven ninguna de las experiencias conocidas. Creemos en un socialismo en libertad, y ese es un proceso de mucho tiempo. Tiene que ser una gran mayoría del pueblo la que opte por esas nuevas formas. Si no creyera en todo esto, pues estaría todavía trabajando en la Naval tranquilamente. Además confío en el ser humano y creo que se va siempre hacia situaciones más justas.

(Y un corte abismal: dejamos ¡a «sociedad socialista», utopía o no, pero en todo caso un tema de lejano futuro, para caer de bruces sobre la más concreta realidad del momento. La tasa de inflación ha desbordado las previsiones gubernamentales. En cinco meses se ha llegado al 6,3 %, lo que significa que aquel tope del 6,5 % para la primera mitad del año será ampliamente rebasado.)

—Hemos propuesto que no se vaya a la renegociación de los convenios, pues esto llevaría —dada la situación— a fuertes tensiones sociales, que no iban a beneficiar a los trabajadores ni a los empresarios.

Una solución sería ir a un aumento lineal de los salarios. (Nico Redondo repite varias veces que la UGT tiene que abrirse más a los profesionales y a los cuadros y que dentro de un par de meses celebrarán un simposio para estudiar este tema.)

—Una discusión «eterna» es la de si el sindicalismo debe ser de reivindicación y lucha o de servicios.

¿Dónde va a estar alineada la Unión General de Trabajadores en el futuro? En la presente situación, una central sindical, si no quiere ser marginada, tiene que ser de reivindicación, pero también de proposición, capaz de ofrecer soluciones a los grandes problemas que tiene cualquier sociedad de economía de mercado de tipo capitalista. Tiene que estar abierta a negociaciones con el Gobierno y con los empresarios. Una central exclusivamente de contestación no prestaría un buen servicio a los trabajadores.

—¿Os queréis parecer a la DGB alemana o a los sindicatos italianos?

—La DGB es una central sindical que está muy en función de lo que es la economía, la situación política y el pueblo alemán. Y las centrales italianas´ están en función de la especifica situación de su país. Cada país requiere un sindicalismo acorde con sus necesidades. Pero en todo caso es conveniente que se atiendan una serie de servicios sociales. Nosotros huimos de la situación que supondría ser un grupo reducido y testimonial y exclusivamente contestatario. —¿Es muy dura todavía la lucha sindical?

—Hay un desfase entre el desarrollo político y el sindical. Los partidos reciben unas ayudas estatales.

Hay un vacío sindical y el Gobierno no debería considerar a las centrales sindicales como un hecho marginal. El Gobierno y los mismos empresarios han de estar interesados en que existan unas centrales sindicales fuertes, responsables, con un patrimonio suficiente, Nos han devuelto nueve casas exclusivamente. Está pendiente el tema del patrimonio histórico y también el del acumulado durante los años de la dictadura. En los casos de imposibilidad de devolución, porque los bienes confiscados hayan pasado a otras manos, se podría estudiar una fórmula de indemnizaciones. También habría que pensar en dotaciones económicas para que las centrales sindicales pudieran cumplir mejor sus fines sociales.

—Se ha hablado mucho de la decepción de la democracia, del desencanto. ¿No pasa lo mismo en el campo sindical, por ejemplo, con la famosa desafiliación?

— Para nosotros no hay frustración ni desánimo, porque preveíamos que se iba a llegar a esta situación.

Nos hubiéramos ahorrado quizá millones de horas de trabajo perdidas por las huelgas, si hubiésemos tenido un marco adecuado para las relaciones laborales. Y no hay tanta desafiliación como incapacidad de las centrales para tener integrados a todos aquellos que habían acudido a ellas. La estabilización definitiva del sindicalismo va a tardar todavía varios años

«Queremos acabar con la picaresca en el seguro de desempleó»

en producirse. Tenemos unas 1.800 Casas del Pueblo, lo que ha requerido una gran dedicación económica. Las centrales se tienen que dotar dé cientos de abogados laboralistas, lo que implica también unos gastos cuantiosos. Y necesitamos funcionarios, pues somos un número ridículo de personas dedicadas a la organización. (Un problema casi «tabú» es el de la unidad sindical, pero me parece ineludible para cualquier líder sindicalista.) —Hay mucha demagogia en esto de la unidad sindical, y algunos la enarbolan como un señuelo porque les es rentable y eso puede arrastrar a un mayor número de trabajadores hacia su organización. Nosotros hemos dicho siempre que es imposible una unidad sindical cuando no hay una afinidad de tipo político. Una cosa muy conveniente es la unidad de acción cuantas veces lo requiera la situación, pero no ir a un proceso crispado de unidad sindical que lleve a profundizar todavía más las diferencias. La unidad sindical es una meta a conseguir, pero que está en función de una afinidad poli-tica e ideológica. —El paro está entre los problemas más importantes tanto para los trabajadores como para el país en su totalidad. ¿Cuál es el cometido de las centrales en la lucha contra el paro?

—UGT no ha de estar al servicio de la población activa de forma exclusiva, sino también de la considerable parte de la población que se encuentra desempleada. Puede incrementarse en 270.000 durante este* año el número de parados. Nosotros creemos que tiene que haber una política económica de inversión privada, completada con la inversión pública. Habría que ampliar la escolaridad y reducir la jornada laboral, entre otras cosas. Y habría que modificar ciertas estructuras del país. Estamos dispuestos a participar en las soluciones, como es acabar con la picaresca en la percepción del seguro de desempleo.

También estamos dispuestos a discutir un plan de incremento de la productividad o de lucha contra el absentismo. —En el telar se encuentra el Estatuto de los Trabajadores, como proyecto del Gobierno... —Estamos al habla con los empresarios y con el Gobierno para tratar ese tema. Tendrían que haberse desglosado las cuestiones: garantías individuales de los trabajadores, acción sindical en la empresa, huelga, libertad sindical, negociación colectiva. La huelga y la libertad sindical quedan fuera, pero las demás cuestiones se han incorporado. Tal como está redactado ahora, el Estatuto es inasumible para nosotros. Pero estamos intentando transformarlo. —En esta cuestión no parece existir unidad de acción con Comisiones Obreras... —CC.OO. no quiere sentarse a tratar este asunto con la CEOE, lo que nos parece un profundo error, pues hasta los partidos políticos, entre ellos el PCE, han estado con la organización empresarial. Tenemos la esperanza de poder transformar el Estatuto en el Parlamento a través de una serie de enmiendas. En nuestros contactos, lo que queríamos es saber cuál era la actitud del Gobierno y de los empresarios en relación a la huelga, la libertad sindical, la negociación y el conflicto colectivo, etc. Y así se veía en qué puntos estábamos de acuerdo y en qué puntos había un desacuerdo. —¿Qué piensa Nicolás Redondo de un señor llamado Rafael Calvo Ortega, que es ministro de Trabajo? —No quiero hacer juicios personales, pero creo que no ha tenido quizá la exigencia de haber llenado antes este vacio sindical (el secretario de ¡a UGT vacila, se ve que no quiere hablar mal de nadie). No ha sabido tener una relación más intensa con las centrales sindicales. Con la UGT siempre ha habido un cierto distanciamiento. Hemos encontrado un trato más fácil y más asequible con Abril Martorell, aunque otra cosa es que nos pongamos o no de acuerdo.

—¿Y no es fácil llegar a ponerse de acuerdo con Abril? —Nosotros no hemos llegado a ningún acuerdo, pero hay una mayor fluidez en la relación personal, por lo que en este caso tiene de relación entre el

Gobierno y la UGT. Es importante que no se rompa ninguna posibilidad de diálogo, sobre todo con la CEOE, de manera que la intervención del Gobierno en las relaciones laborales sea un hecho cada vez más marginal. Hemos intercambiado nuestros criterios con Ferrer Salat durante cuatro horas hace unos días.

—Así que os vais a poner de acuerdo con los empresarios... —No, acuerdos, no. Defendemos intereses contrapuestos, enfrentados, se llame o no a eso lucha de clases. El enfrentamiento se agudiza más o menos según lo sensatas que sean las partes. Los acuerdos son muy difíciles, pero se puede llegar a coincidencias en algunos puntos, como en el caso del Estatuto de los Trabajadores. Por ejemplo, en el hecho de dar un mayor protagonismo a las centrales sindicales en la negociación de los convenios colectivos: eso puede coincidir perfectamente con los intereses de los empresarios. O la limitación del excesivo asamblearismo que pudiera existir. —¿Y qué piensa Nicolás Redondo de otro señor llamado Marcelino Camacho? —Yo tengo un gran respeto por él. Es un hombre que ha luchado y se ha sacrificado mucho por su central y por su partido. Y tengo una buena relación con él.

—Hablemos de la crisis del Partido Socialista. ¿En qué medida esto condiciona la buena marcha de la UGT? —Hasta este momento, la crisis del PSOE no ha tenido ninguna incidencia en la Unión. Esa crisis puede ser positiva y permitir al PSOE ir al próximo Congreso con unos planteamientos en función de situaciones concretas de este pais.

Puede propiciarse una más profunda reflexión. Hablar de marxismo si o marxismo no, creo que es un disparate. La obligación de todo partido político es adecuar el discurso a su práctica. No se puede hacer un discurso de extrema izquierda y luego un comportamiento que no corresponda a ese discurso. Eso es lo que nosotros llamamos en nuestra jerga caer en el «guy-molle-tismo», y quizás muchos compañeros están cayendo en esto, con un verbalismo o un gargarismo ultrarrevolucionario y luego un comportamiento que, en su vida privada y familiar, no corresponde a esos criterios. El partido son esos millares de militantes senos y sacrificados que no aparecen jamás en la Prensa, que son los que le dan la nervatura. —Me parece ver una clara inclinación favorable a Felipe González en esto que me acabas de decir...

—No, nosotros, como Unión General de Trabajadores, no nos metemos en ese tema, no nos inclinamos en absoluto hacia uno o hacia otro. Es un tema de debate interno del partido. Yo soy totalmente contrario a las tendencias dentro del partido, y lo quiero manifestar como afiliado simplemente. Eso no quiere decir que no hayamos reconocido el trabajo que ha hecho el anterior equipo: esa Comisión Ejecutiva habrá cometido errores, pero en conjunto ha realizado un trabajo positivo. —¿Y tú, qué te sientes más, sindicalista o socialista? —Yo empecé muy joven en la vida sindical, pero al mismo tiempo intervenía ya en la vida política. Eso era en 1942 y yo tenía catorce años y militaba en la UGT y en las Juventudes Socialistas. Son dos campos que se complementan. —Tanto se complementan que «Nico» Redondo, lo mismo que hoy es secretario general de la UGT, podría serlo del Partido Socialista, si hace cinco años en Suresnes hubiera cedido a las presiones de Felipe González y de quienes pensaban como él. Y hubiéramos tenido tal vez a Felipe como secretario general de la UGT.

PEDRO CALVO HERNANDO 49

 

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