Cuota sindical     
 
 ABC.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Cuota sindical

Como tema derivado de una posibilidad recaudatoria de cuotas sindicales, que se recoge en el acuerdo nacional sobre el empleo, ha cobrado actualidad una polémica que toca muy de cerca el restablecimiento de lo que fue, en tiempos pasados, la cuota sindical obligatoria. No creemos que nadie defienda semejante propósito porque incurriría en el despropósito de aplicar desde sindicatos democráticos métodos de recaudación propios de los abolidos sindicatos verticales.

Desde ningún punto de vista tendría defensa esta pretensión. Sería, a todas luces, inadmisible. Si la Constitución establece, con meridiana claridad, la libertad de sindicación —«nadie podrá ser obligado a afiliarse a un sindicato»—, no existe posibilidad alguna de aprobar una disposición que imponga la cotización obligatoria a los sindicatos.

Sin necesidad de encuestas ni sondeos se sabe, con evidente certeza, que es bajo, muy bajo, el volumen de afiliación a tos sindicatos comparado con el censo total de la población activa. Y parece también que parte de los afiliados no abonan su correspondiente cuota. Esta situación preocupa, con suficiente motivo desde luego, a las centrales sindicales. Pero no les autoriza a referirse siquiera a la obligatoriedad del pago de cuotas.

Cierto es que, de momento, sólo se trata, para los líderes sindicalistas, de lograr que las empresas se encarguen, a petición libre de los afiliados, de descontar o de retener el importe de las cuotas en las nóminas. Pero incluso este propósito puede ser discutido y ser rechazado, porque las empresas no tienen obligación —que sepamos— de soportar el coste inevitable que la operación recaudatoria de las cuotas supone. •Sentado semejante precedente podrían surgir otras varias presiones para lograr cobrar, por diversas causas, a. quienes reciben su salario en una nómina empresarial,

En el fondo, el problema es otro muy distinto. Es un problema de capacidad de atracción de las masas, por parte de las centrales sindicales; de transmisión de credibilidad y de convencimiento activo desde estas centrales. Si les resulta difícil recibir puntual y voluntariamente las cuotas de sus afiliados, si éstos se muestran remisos en su mayoría a pagar..., la conclusión evidente-es que su vinculación o adscripción sindicalista son débiles, carecen de plenitud. Y entonces, como decimos, el problema es diferente y tiene más hondura. No es un problema >ie recaudación; es un problema de convicción.

Negarse a reconocer esta realidad por desagradable que les resulte puede ser, seguramente, un error muy grave de los líderes de las centrales sindicales y de sus cuadros directivos. La fuerza de loe sindicatos —incluida su base económica, por supuesto— sólo será auténtica, en un sistema democrático, si es fruto directo de la libertad, de la espontaneidad de sus afiliados.

En España este asunto de la percepción de las cuotas tiene otras repercusiones importantes, aunque sean indirectas. Nos referimos, naturalmente, a las vinculaciones inmediatas de las dos centrales sindicales más importantes, UGT y CC OO, con el Partido {-Socialista y el Partido Comunista.

No es lo mismo —y por ello no proceden las comparaciones internacionales— una central sindical limitada a su pura funcionalidad que actuante en línea y obediencia de partido. Porque en el supuesto español siempre cabrá preguntarse hasta qué punto las cuotas sindicales sólo sirven a los fines de los sindicatos y hasta cuál otro puedan ser trasvasadas a finalidades políticas de partido.

 

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