Autor: Guillamón, Vicente Alejandro. 
   La sindicación bajo mínimos     
 
 Hoja del Lunes.    19/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La semana laboral

La sindicación, bajo mínimos

I A sindicación en España es «- muy escasa; me atrevería a decir que tremendamente escapa En ninguna parte existen datos concretos y fiables, r» siquiera en las centrales sindicales, hasta el punto que cuando celebran algún congreso se las ven y se las desean para controlar la verdadera representación de las distintas federaciones.

LAS cifras que se manejan son meras aproximaciones o, peor aún, puras especulaciones. A mi modo de ver, el nivel de sindicación en toda España no debe ir mucho más allá del 10 por 100 de la población activa, y creo que me paso de generoso Eso por lo que hace a la posesión de carné —de los que se regalaron gran cantidad de ellos en ciertos momentos—, que si pasamos a la cotización, la cosa adquiere caracteres dramáticos. Aquí no paga casi nadie la cuota sindical Tampoco las centrales disponen de una organización mínima para cobrarla regularmente. Recurren todavía a procedimientos dignos de la prehistoria sindical. EN todos los países libres la sindicación se mueve en unos niveles relativamente bajos, que se estima entre un cuarto y un tercio de la población activa, pero los españoles hemos llegado a cotas inverosímiles, por debajo de todo lo habido y por haber. A la vista de tales datos, la *• pregunta parece inevitable: ¿Por qué un grado de sindicación tan ínfimo? Pero si la pregunta es clara, la respuesta no lo es menos simple y llanamente porque la oferta sindical que presentan las centrales tiene escaso interés para la generalidad de los asalariados, hecha deducción de los entusiastas de esta o la otra corriente ideológica

LOS dirigentes sindicales no pueden llamarse a engaño respecto a la postura de los trabajadores Porque, veamos, ¿qué se les da a cambio de la cuota? En- demasiadas ocasiones, huelgas sin fin, piquetes «informativos» realmente convincentes, luchas a veces violentas entre centrales, un clima laboral tenso y áspero, demagogia, política por todas partes, etc En resumen, algo que se parece mas a una inquisición sindical que a la defensa real de intereses Concretos y mensurables.

Y en cuanto a servicios, ¿qué dan las centrales? Apenas una asistencia jurídica restrictiva, deficiente y muchas veces politizada. Pero fuera de ello, nada más. Ni cooperativas de mngn género, ni seguros mutualistas, ni lugares y medios recreativos, ni muchísimo menos instituciones de ahorro y crédito. Esto último sería ya pedir peras al olmo, y sin embargo en algunos países los sindicatos tienen banco propio, y en España, en los años veinte, los sindicatos católicos agrarios crearon el Banco Rural (hoy en manos extrañas) y multitud de cajas rurales que aún subsisten, y la UGT creó muchas cooperativas de muy diversa clase.

PARA terminar, ¿qué recibe ahora el trabajador a cambio de la cuota? Prácticamente nada. Entonces, ¿qué sentido tiene sindicarse? Este es el reto al que tienen que responder las centrales sindicales.

Vicente Alejandro GUILLAMON

 

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