Autor: Sartorius Álvarez de las Asturias, Nicolás. 
   Respuesta al compañero Zufiaur: ¿Cómo abordar la crisis?     
 
 El País.    15/07/1980.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

58/ECONOMIA

EL PAÍS, martes 15 de julio de 1980

TRIBUNA LIBRE

Respuesta al compañero Zufiaur: ¿cómo abordar la crisis?

NICOLÁS SARTORIUS

Se habla, se comenta y se especula acerca del supuesto «giro» en la estrategia de CC OO. Incluso se han escrito dos artículos en esta misma tribuna libre «interpretando», desde la óptica de Zufiaur, la línea sindical de CC OO. ¿Por qué ahora y con un cúmulo de acusaciones tópicas más propias de órganos de la derecha que de exponentes de un sindicato de clase? En realidad, a los trabajadores y al país le interesan muy poco las querellas intersindicales. Y cuando dirigentes de una central lanzan acusaciones manidas contra otra, et espectáculo es deprimente. Quizá sea el precio que haya que pagar ante las próximas elecciones sindicales o acaso a que después de Seat-FASA la tendencia, que ya se cantaba imparable, se ha invertido con el Ayuntamiento de Madrid y Ensidesa, Ford y los Altos Hornos de Vizcaya y Mediterráneo, casa Olarra y tantas otras que dan ese 47%-28% a favor de CC OO en las empresas de más de mil trabajadores (cuando se llevan el 20% del total) o ese 57%-16% en el cómputo global.

No se trata, pues, de argumentar contra acusaciones como «hipoteca a ta política del PCE», «cunhalismo», incercia de la dad», «vietnamización», etcétera, pues no vale la pena. Simplemente constatar que aportar como elemento de la falta de independencia de CC OO eí que se haya elaborado una resolución del comité central del PCE sobre política sindical denota una ignorancia supina sobre las relaciones partido-sindicato, o lo que sería peor, la existencia de una deformación congénita en la concepción sobre estas relaciones.

Porque precisamente, el que el PCE elabore su propia política sindical sin que intervenga el sindicato como tal y que CC OO fije por su cuenta y riesgo su línea de actuación sin que intervenga ningún partido, es la prueba de que ambos son autónomos. No podría ser de otra manera en un sindicato plural como CC OO, donde conviven socialistas,-comunistas, cristianos y una inmensa mayoría de independientes o no afiliados a ningún partido político. (Una gran proporción de los que votan CC OO en las elecciones sindicales votan PSOE en las políticas, e incluso una parte pequeña a UCD y otros). En cambio no hay independencia del sindicato cuando es éste el que fija la política sindical del partido y, a su vez, éste marca la política general de aquél. (Caso de las relaciones PSÓE-UGT como sus propios dirigentes proclaman.)

De otro lado, es claro que un sindicato no puede elaborar una «resolución sobre política sindical», pues sería absurdo, ni tiene por qué discutir en su seno la resolución de un partido. Por último, comparar el caso CC OO-PCE con la polémica que suscitaron los artículos de Amándola y las relaciones PCI-CGIL, da idea de la tergiversación y contradicciones del análisis que comentamos. Pues si algo demuestran la resolución del comité central del PCE o los debates entre comunistas italianos sobre el tema sindical, es precisamente que la concepción de la correa de transmisión ha sido enterrada hace tiempo (no en cambio en la práctica socialdemócrata), y hoy ios comunistas concebimos dichas relaciones como algo complejo, dialéctico y, como señalamos en el 9° congreso, no exentas de contradicciones.

Pero, repito, las querellas entre sindicatos no interesan a nadie y están haciendo gran daño a la credibilidad de éstos entre los trabaque posición hemos tenido y vamos a adoptar en el futuro para salir de la crisis, para resolver los gravísimos problemas del país. Aquí es donde tenemos que medirnos con la realidad de la situación concreta. ¿Y cuál es esa realidad? 10,9% de la población activa en paro, 1.500 desempleados más al día, 350.000 al año, una situación desesperada en extensas zonas del país; un seguro de desempleo que sólo cubre al 40% de los parados y ahora recortado por la reciente ley de UCD, aprobada en el Parlamento; una tasa de inflación equivalente a la del año pasado; un SMIG claramente insuficiente; la propuesta del Gobierno de que las pensiones suban un 12% de media y las más bajas un 14%; el recorte de los salarios por mor del impuesto sobre la renta, y, para colmo, la liquidación de la revisión semestral de este año, pues los empresarios se van a agarrar al AMI para no hacerla. Una Seguridad Social, INEM, etcétera, en que los sindicatos pintamos todavía muy poco; obstáculos continuos por parte de la Administración para el asentamiento de las centrales como instituciones básicas de la democracia. Esta es una parte del panorama. Se afirma que la estrategia de UGT ha estado centrada en dos pactos con la gran patronal (CEOE): el de julio de 1979 sobre el Estatuto de los Trabajadores y el de enero de 1980 sobre el AMI. Hay que preguntarse ¿han contribuido a recortar, aunque fuese mínimamente, el paro?

¿A mejorar la situación económica general? ¿A que los salarios avancen hacia una mayor democracia industrial?, incluso, ¿a que aumente la productividad y descienda, significativamente, la conflictividad?; o como mínimo, ¿a que CC OO pierda las elecciones sindicales?

Las respuestas son todas ellas negativas para cualquier observador medianamente enterado. Nadie ignora que el estatuto abarata y facilita los despidos y expedientes de crisis; es sabido que el único que cantó las loas del AMI en el reciente debate parlamentario fue el señor Abril Martorell, quizá porque, a lo mejor, desciende en 0,5 puntos la inflación este año, aunque la ejecutiva del PSOE se lo discuta con razón, y a costa de que el paro crezca en un 2%; ¿es que no se sabe que en España ha sido frenado cualquier avance en la délos sindicatos combatidos desde el poder —no devolución del patrimonio, etcétera—? La productividad no ha crecido sanamente, porque el AMI, firmado sólo por CEOE-UGT, es inane para lograr que aumente; la conflictividad se ha mantenido bastante alta a pesar de los malabarismos del Ministerio de Trabajo, intentando demostrar que ha descendido a menos de la mitad.

En realidad, ¿para qué ha servido el AMI? Para disminuir la inflación o aumentar el empleo, no. Para aumentar la participación de los trabajadores y los sindicatos, tampoco. Para cambiar productividad por democracia industrial, es evidente que no. En España, la productividad aumenta a razón de un 4%-5 % anual de la peor manera: por descenso del empleo.

El carácter negativo de aspectos decisivos del Estatuto de los Trabajadores y del AMI no tienen discusión. Han debilitado a los sindicatos; han liquidado en la práctica la revisión salarial semestral; ha colocado en un segundo plano a los parados, pensionistas, acentuando la insolidaridad. La propia CEOE ha sido muy explícita, en su reciente documento sobre el desempleo, a la hora de señalar los «importantes sacrificios» que ha tenido que asumir en el AMI: reducción de la jornada; limitación _de horas extras, negociación de la jubilación anticipada, etcétera. Sobre la primera se han quedado, para este año, en lo que señala el estatuto; en horas extras no hay nada cuantificado, y en período de crisis aguda no se ve claro por qué perjudica al empresario su eliminación.

Acerca de la jubilación anticipada no hay nada negociado con carácter general y es una forma de aligerar plantillas cuando no está ligado a compromisos de contratar nuevos trabajadores. Así, cuando se habla de que CC OO pierde iniciativa en la negociación colectiva

0 espacio sindical responsable, se confunden los deseos con las realidades. Porque si los «factores reales de negociación desde el ángulo sindical» —como dice Zufiaur— radican en dos temas: conflictividad y productividad, ¿quién controla más estos dos elementos en nuestro país? ¿acaso UGT, o más bien la CS de CC OO y los delegados y comités de empresa en los que ésta es mayoritaria?

Firmar convenios no es sinónimo de poder de negociación o de interlocutor válido, pues, en tal caso, el «vertical» habría sido el más poderoso y válido de todos. CC OO ha negociado y seguirá negociando todos los convenios y acuerdos o pactos que se planteen en el futuro; otra cosa es que los firme o no, pues eso dependerá —supongo que también para UGT— de que el contenido de los mismos sea positivo o negativo para los trabajadores y el país. Prueba de ello es que ahora la CEOE lanza un documento sobre el tema del empleo, haciéndose eco de algo que venimos repitiendo desde CC OO a partir de nuestro

-1 Congreso Confederal: la necesidad y urgencia de un gran acuerdo de solidaridad contra el paro.

El papel de la CEOE no es de recibo, pero tiene de positivo que es la primera vez que la gran patronal reconoce que sería conveniente un acuerdo sobre la materia entre todas las fuerzas interesadas: sociales, políticas, gubernamental. Felipe González dijo algo en esa dirección en el debate parlamentario de censura al Gobierno. Ahora también, desde la Generalidad, se lanzan propuestas, calcadas algunas de ideas avanzadas por nosotros hace tiempo. Nos alegramos, pero ¿no es ello un reconocimiento de que lo hecho hasta ahora o no ha servido para nada o ha sido contraproducente?

¿Qué estrategia, pues, ante la crisis? La firma de acuerdos de UGT en solitario con CEOE, en posición de debilidad, tipo estatuto o AMI, a cambio de un supuesto «trato» mejor, coyuntura!, por parte de la patronal y el Gobierno, que, en realidad, lo que pretenden es la apertura de un espacio sindical propio en forma de «independientes», USO-Zaguirre, etcétera. Porque si la estrategia ante la crisis ha sido el binomio estatuto-AMI, esa estrategia ha sido un fracaso completo, que ha acentuado la crisis, ha perjudicado a los trabajadores, ha dividido a los sindicatos, debilitándolos, propiciando un espacio sindical confuso. Está por ver si esa estrategia le va a dar votos a UGT en las elecciones sindicales. Hasta ahora, los datos no indicarían tal ganancia. Por el contrario, una estrategia realista y eficaz ante la crisis presupone un acuerdo de unidad de, acción entre CC OO y UGT, porque es la única manera de que el movimiento obrero tenga fuerza suficiente para lograr una salida negociada de la misma. Este acuerdo no tendría que ser genérico ni intemporal, sino proponerse algunos grandes objetivos de interés común:

1. Un plan de solidaridad o actuación contra el paro que pudiera transformarse en acción práctica de gobierno, con compromisos por parte de las fuerzas parlamentarías, los empresarios y los trabajadores.

Quizá en él se pudiera distinguir una parte dé medidas inmediatas de choque y otra a medio y largo plazo.

2. Un acuerdo sobre el asentamiento y consolidación de los sindicatos, que resolviera de una vez el contencioso del patrimonio sindical y la participación real de las centrales en los institutos de Seguridad Social, INEM, IMAC, ITC, IE, etcétera, en la línea de hacer avanzar la democracia industrial.

3. Una posición común sobre el aumento de las pensiones para el próximo año y la mejora de la situación de los pensionistas.

4. Una negociación colectiva que permita superar los límites del AMI sin necesidad de que UGT tenga que violar los compromisos contraídos. Negociar conjuntamente la cuestión salarial y aspectos no contemplados en el AMI.

5. Enfocar las elecciones sindicales de tal suerte que sean un éxito para el sindicalismo de clase;-una reducción del espacio antisindical y un fortalecimiento de los comités y secciones sindicales.

Entre el choque frontal y radical que llevaría a la división y al aislamiento —que es otra forma de instalarse en la crisis— y la claudicación a la lógica que imponga la gran patronal o los Gobiernos de derechas, hay vías eficaces para los sindicatos de enfocar la crisis e irla superando en beneficio de los trabajadores y el país. Se trata de lograr la unidad suficiente>iue permita tener fuerza para imponer una solución negociada de la misma, con contrapartidas reales por todas las partes. Así, pues, yo creo que CC OO tiene una estrategia general correcta frente a la crisis, que necesita quizá de algunas concreciones que en su planificación, en algunas empresas, ramas o territorios, se han cometido errores y desenfoques. Por el contrario, creo que UGT se equivoca en su estrategia global, concretada en el binomio estatuto-AMI, que es una forma de entrar en la lógica de la CEOE-UCD, aunque en sitios concretos obtenga éxitos y adopte sobre algunos temas parciales posiciones correctas. La unidad de acción duradera estaría en corregir por parte de CC OO sus errores en lugares concretos y en superar por parte de UGT los límites de su estrategia global.

Nicolás Sartorios es secretario de relaciones políticas de CC OO.

 

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