Autor: Arija, José Manuel. 
   Crimidesa: Desastre sindical     
 
 Diario 16.    24/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JOSE MANUEL ARIJA

Crimidesa: Desastre sindical

«Ya va siendo hora de que los sindicatos digan a sus afiliados que una huelga de ocho meses de duración es una estupidez y un fracaso, en vez de una heroicidad.» Con esta contundencia, Arija explica que Comisiones ha manipulado a los mineros de Crimidesa y que la UGT de Madrid le ha seguido el juego.

La llamativa marcha hasta Madrid de los mineros de la empresa Crimidesa ha vuelto a sacar un problema laboral de su marco lógico de solución. La solidaridad, el sentimentalismo y la heroicidad a golpe de calcetín vinieron a sustituir —con gran impacto de simpatía pública— al secuestro y a las amenazas violentas a directivos que un grupo de los propios mineros protagonizaron hace escasas semanas.

Desde capturar rehenes hasta la «larga marcha», los miembros del comité de empresa de Crimidesa, asesorados por CC 00, sindicato al que pertenecen, intentan procedimientos poco ortodoxos para resolver su conflicto. Ahora han pedido ver a dos o tres ministros, al presidente Suárez y hasta al Rey, según creo.

Come probablemente nadie de los citados les recibirá, es posible que el próximo y espectacular paso de los dirigentes sindicales sea la huelga de hambre de algunos de ellos.

Pero todos estos gestos humanos y solidarios no deben hacer olvidar el tema fundamental y raíz del problema: la incapacidad del sindicato CC 00 para salir del callejón en que embarcó a los mineros convocando, por dificultades en la negociación del convenio, una huelga indefinida, que ya va por el octavo mes de duración.

La desproporción entre lo que se pretendía conseguir en el convenio y la respuesta de ocho meses de huelga es evidente. Patronos duros e inflexibles los hay, desgraciadamente, a manta por todo el país. Pero arreglados estaríamos si cada vez que un comité se enfrenta con ellos se lanzaran a huelgas indefinidas, secuestros, marchas y lo que venga.

De nuevo el paternalismo

En el comité de empresa y en los asesores de CC 00 es preciso reconocer una buena dosis de incapacidad para negociar y atajar la cuestión, entre otras cosas, porque no se puede sustituir el silencio ante un secuestro con el clamor de la marcha hacia Madrid.

Ni uno ni otro procedimiento deben suplantar a los cauces habituales de la vida laboral, ni servir de ejemplo para el resto de los trabajadores. Es lógico que los mineros defiendan su puesto de trabajo con todas sus fuerzas, pero precisamente para encauzar y potenciar desde posiciones colectivas de discusión, presión y negociación están los sindicatos. Para saber cuándo se gana y cuándo se pierde y aplicar la táctica adecuada que en cada momento beneficie más a los trabajadores.

En cualquier caso, lo que también resulta chocante es que, a estas alturas, la libre confrontación de sindicatos-patronos pretenda sustituirse, como bajo el franquismo, con el paternalismo de las visitas a los señores ministros y un viaje a Madrid, aunque esta vez fuera andando. A costa de los mineros está montándose un «show» y una publicidad que en nada va a beneficiarles.

El sindicato de Comisiones Obreras organizó su huelga de Crimidesa, en el mes de abril, dentro de su campaña de lucha contra el acuerdo marco y creyendo que en una semana el problema estaría solucionado. Otros consejos erróneos de este sindicato llevaron luego al despido de 15 mineros —que la Magistratura declaró procedentes— por haberse negado a realizar las labores de mantenimiento en la mina. Así, lo que eran diferencias de porcentajes salariales, pluses de transporte y antigüedad se transformó, a causa de la huelga indefinida, en despidos e inutilización de un bien productivo. Y la responsabilidad recae tanto sobre la intransigencia empresarial, como sobre CC OO, que no supo llevar el conflicto.

Ya es hora de que los sindicatos digan a sus afiliados que una huelga de ocho meses de duración es una

estupidez y un fracaso, en vez de una heroicidad, en el 99 por 100 de los casos. De ahi que, para tapar el balance final, ahora se recurra a los ministros para que ayuden a sacar las castañas del fuego, en vez de recurrir al interlocutor natural, que es —sea estúpido, listo u odioso— el empresario. En una época de elecciones, CC OO se ve en estos momentos incapacitada para aceptar nueve despidos como término al conflicto. El fracaso seria demasiado estrepitoso y más vale pasarle la patata ardiendo al ministro de Trabajo o al de Industria.

La UGT de Madrid

Pero en la fase final de la marcha de los trabajadores de Crimidesa sobre la capital, hay otro sindicato, la UGT-Madrid, que también metió la pata hasta el corvejón. Y es que la ejecutiva ugetista madrileña es un pozo de incoherencia y contradicciones. Como ejemplo de acción estúpida, ahí está su boicot a los servicios públicos de este verano.

Los propios miembros de UGT dicen que a su ejecutiva más vale no tocarla, «porque como la muevas, caen bellotas». Su secretario, Valentín Gómez, por ejemplo, se declara continuamente contrario al acuerdo marco y al Estatuto de los Trabajadores.. No acaba de entenderse muy bien como su ética socialista le permite aceptar un cargo de responsabilidad en donde tiene que defender unas tesis aprobadas en el último congreso de la UGT y que él dice rechazar.

Tampoco se explica su apoyo a una marcha y a una manifestación que sus propios compañeros ugetistas de Burgos, sede de Crimidesa, no han compartido ni, por supuesto, la dirección nacional de su sindicato. La respuesta de la ejecutiva de UGT-Madrid, de que «estamos de acuerdo con los mineros pero no con su comité de empresa», es de una ingenuidad y de una ausencia de rigor político impropios de unos dirigentes sindicales.

Figurando en la presidencia de la manifestación por los mineros, organizada por los comunistas del sindicato y del partido, se encontraban el citado secretario general Valentín Gómez y el • segundo teniente alcalde del Ayuntamiento de Madrid, Alonso Puerta. Ambos pertenecen a la recientemente creada «corriente de Izquierda Socialista» del PSOE, que, de este modo, ejecutaba así su primera presencia pública y a la vez diferenciadora del resto de sus organizaciones, tanto sindical como política.

 

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