Autor: Arija, José Manuel. 
   Análisis de un congreso     
 
 Diario 16.    24/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

JOSE MANUEL ARIJA

Análisis de un congreso

El reciente congreso confederal de Comisiones Obreras, recientemente cebrado en Barcelona, supone un giro importante en el comportamiento de la central comunista: La paradoja es «un fuerte giro en la estrategia sindical» y «el ascenso de la corriente pro soviética, que de modo sorprendente ocupó la cuarta parte de la comisión ejecutiva».

Dos hechos de gran trascendencia se han producido en el 11 Congreso de Comisiones Ubreras. Por un lado, un fuerte giro en Ja estrategia sindical —de una política de movilizaciones a otra de negociación— y, por otro, el ascenso de la corriente pro soviética, que de modo sorprendente ocupó la cuarta parte de la comisión ejecutiva.

Y estos dos hechos acaecidos producen a s,u vez una contradicción que todavía es pronto para saber cómo se saldará: la nueva política hacia la derecha de CC OO coincide con la entrada de una considerable minoría de izquierdistas en el organismo dirigente.

La dirección saliente del sindicato preparó un congreso con importantes ponencias, donde se analizaba con sinceridad la situación de Ja Confederación, sin que faltara una seria autocrítica por los errores cometidos.

Vuelta a la realidad

Por primera vez, los dirigentes de Comisiones Obreras planteaban un acercamiento de su sindicato a la realidad social de Jos trabajadores, en vez de actuar como hasta ahora a la inversa, intentado ajustar la realidad a sus deseos. CC OO abandonaba asi una política basada en el voluntarismo, que le había producido más disgutos y fracasos que éxitos.

El empeño resultaba difícil. Para conseguirlo había que convencer a los congresistas de la intención positiva y bondad del acuerdo nacional sobre empleo y de Ja urgente necesidad de ir a una unidad de acción con UGT.

Estos dos ejes constituían los argumentos exteriores que justificarian el nuevo rumbo de CC OO. El primero, se apoyaba en Ja tesis de que lo importante ahora no era delender el salario, sino el puesto de trabajo. Por tanto, las movilizaciones y las huelgas pasaban a un segundo plano, en tanto que el sindicalismo de negociación era lo primordial.

El segundo eje —unidad con UGT— tomaba como base el principio de que la clase obrera unida recuperaría fuerzas. Con la aproximación a UGT, Comisiones ubreras pretendía a la vez romper su aislamiento y arropar el giro diciendo hay que ceder para ir juntos.

Los espacios

Paradógicamente, ello da lugar ai siguiente hecho: si hace tres o cuatro años UGT quería entrar en el espacio de CC OO y ganaria por la izquierda, ahora es CC 00 quien penetra en el terreno del sindicato socialista por la derecha.

. A los dirigentes de Comisiones no se les escapaba que la nueva estrategia de su sindicato podría crear fuertes traumas entre sus bases. Era preciso, por ello, que el II Congreso se volcara masivamente en apoyo a las nuevas tesis. Y a este empeño se dedicaron machaconamente Marcelino Camacho y los más destacados hombres de la dirección saliente.

Lo consiguieron en gran medida, pero no en el porcentaje deseado, si consideramos que la cuarta parte del congreso lo rechazó. Han salido maltrechos del intento.

¿Qué lúe lu que les falló? En primer lugar, o les faltó trempo o no plantearon con el suficiente rigor y claridad lo que pretendían. En segundo lugar, si bien es verdad que llevaron adelante el congreso con un total respeto y limpieza democrática, pecaron de ingenuidad, sin entender que una batalla dura, agria y tenaz no está reñida con la democracia.

Agrupación de votos

Por último, infravaloraron la fuerza de la oposición y confiaron en exceso en el carisma del nombre de Camacho. Esta falta de habilidad, unida a los dos puntos anteriores, facilitó la agrupación del voto de críticos, descontentos, afiliados a partidos de extrema izquierda y pro soviéticos en la candidatura contestataria.

Sólo así se explica la tremenda sorpresa de Jos oficialistas cuando en las votaciones la lista de los pro soviéticos obtuvo 13 puestos en la nueva comisión ejecutiva.

¿Podrá gobernar Camacho con una ejecutiva dividida entre partidarios y contrarios al acuerdo sobre empleo? ¿Entre quienes han votado a favor de las ponencias y quienes votaron sistemáticamente no a todas ellas? ¿Entre quienes hablan de aperturas y alianzas y quienes desean un sindicato vanguardista, puro y duro?

Marcelino cuenta con la mayoría de 36 miembros, pero sabe que no puede tirar mucho de la cuerda. Sólo una salida pactada —y es difícil— se vislumbra como solución.

 

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