Para homenajear a sus correligionarios muertos hace medio siglo. 
 Levantan un monolito en Casas Viejas     
 
 Diario 16.    17/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Para homenajear a sus correligionarios muertos hace medio siglo

Levantan un monolito en Casas Viejas

La CNT inauguró ayer un monolito, esculpido por el portugués Carlos Jorge Fraga, en el pueblo de Benalup de Sidonía, antes conocido como Casas Viejas, en homenaje a los correligionarios que hace medio siglo murieron abrazados bajo las balas de la Guardia Civil, cuando se levantaron en una acción revolucionaria.

Benalup de Sidonia Francisco RORREAL

Casas Viejas —hoy Benalup de Sidonia — es algo más que una pedanía de Medina Sidonia, mucho más que un pueblecito bordeado por el río Barbate, equidistante de Vejer de la Frontera y Alcalá de los Gazules Hace cincuenta años, una madrugada del 11 de enero de 1983, la sangre llegó al río y en Casas Viejas se gestó uro de los genocidios más sangrientos de nuestra historia Rojinegras.

Pero medio siglo es mucho tiempo y ayer, en medio de un sol de justicia y un recuerdo de injusticia, los habitantes de este pueblo asistían impávidos al homenaje que los Genetistas rindiron a los campesinos protagonistas de aquella trágica gesta

Un monolito esculpido por el portugués Carlos Jorge Fraga y una placa elaborada por ceramistas sevillanos, que acompaña una cita de Miguel Hernández, fueron descubiertos en la plaza principal del pueblo Banderas rojinegras ondearon por las cuatro esquinas de Benalup de Sidonia, mientras que José el de la Tomasa y Pepe Suero prestaban sus voces, siempre justas y oportunas, en un festival flamenco y conmemorativo Una pareja de alemanes seguía con curiosidad toda la «movida» cenetista

Uno de los supervivientes de aquella noche de cuchillos largos y sonoras escopetas, Miguel Pavón, alegó una dichosa cojera para ausentarse de los actos, iniciados con unas hermosas palabras det escritor Andrés Sorel, hombre de finas fibras libertarias y una faz barbuda

Pavón no se movió de su casa-santuano, pero tuvo tiempo para recordar los sucesos de aquella noche con una voz cansada de repetir los mismos nombres y una memoria que no tendría precio en las cátedras de Historia española

Nombres propios, — como Bascuñana, el capitán Rojas, El Gallinito, Juan Sopa— asomaron por sus labios y, cómo no, el de Seisdedos, «que yo no me lo explico, porque era como un Jesucristo»

La Libertaría

La choza de Seisdedos, lugar donde vecinos e historiadores sitúan el inicio de la matanza, se encontraba a 200 metros de la casa de Pavón Cuando el capitán Rojas, que comandaba una fuerza de

90 guardias de asalto, decidió incendiar la choza y arrojó gasolina sobre su techumbre, todos sus inquilinos murieron abrasados o fusilados en su huida, salvo María Silva Cruz, más conocida como

La Libertaria, y un niño de siete años, que consiguieron escaparse por una pequeña ventana, según han relatado las crónicas más fiables

Los niños del pueblo seguían ayer, con una mirada de sorpresa no exenta de curiosidad, la avalancha de foráneos Los mayores descubrían en la placa la admiración que aquel pastor alicantino llamado Miguel Hernández sentía por «los gañanes», una veterana cenetista, procedente de Madrid, recordaba con nostalgia los hitos libértanos de Andalucía y Fermín Salvochea salla, inevitablemente, en su narración

 

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