Autor: Esperabé de Arteaga González, Jesús. 
   Dos conductas     
 
 Diario 16.    30/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

30-septiembre-81/Diario16

JESÚS ESPERABE DE ARTEAGA

Diputado centrista por Salamanca, ex miembro de UCD.

Dos conductos

El diputado centrista por Salamanca, separado de UCD, y que no se ha integrado en el grupo mixto,

explica en este artículo cómo sus discrepancias con el régimen franquista no le valieron, en su época de

procurador en las Cortes, las mismas consecuencias que su rebeldía contra Suárez le han acarreado entre

las filas de la UCD. Es notorio que como procurador familiar contribuí a desmontar el andamiaje

filosófico de las leyes Fundamentales de Franco. Fui su principal contradictor. Demostré que, sin los

partidos políticos que el general odiaba, su invento orgánico desembocaba en una construcción política,

inorgánica y hasta ácrata. Intentaron meterle un paquete sin resultado a Fontán, que publicó mi artículo en

«Madrid», pero a mí, ni pío. Tuve la valentía de preguntar desde el «Boletín de las Cortes» quién, cómo y

cuándo había de decidir que el ordenamiento institucional estaba amenazado, para que las Fuerzas

Armadas, en cumplimiento de lo que disponía el art. 37 de la ley Orgánica, del que trae causa el art. 8 de

nuestra Constitución, se pronunciaran en su defensa. Me contestó sibilinamente Fernández Miranda, que

era ministro del Movimiento, y no pasó más. Conmigo no se metieron.

Sin represalias

«UCD no puede ser feudo de Suárez

Cuando Carrero, bajo el seudónimo de «Ginés de Buitrago», publicó en «ABC», del 2 de abril de 1970,

un artículo con el título «Un poco de formalidad», en el que afirmaba que no era España la que tenía que

acercarse a los regímenes políticos de la Comunidad Europea, sino que, por el contrario, le correspondía a

Europa adaptarse a nuestro «standard» político, volví a la carga con otro ruego al Gobierno, que

suscribieron diez u once procuradores más, para que, dado que a tenor del art. 13.2 de la ley Orgánica del

Estado, era el Gobierno el que determinaba la política nacional, se nos dijese en qué reunión de éste se

había aprobado tan peregrino postulado. Una simple llamada de Rodríguez de Valcárcel a su despacho,

para pedirnos que le autorizáramos a que nuestro ruego no se publicara en el «Boletín de las Cortes», con

la promesa de llevárselo en persona a Franco, terminó con el expediente. Contra mí — padre de la

criatura— no se tomó la más mínima represalia. En fin, sabido es que desde mi escaño arremetí con todas

mis fuerzas contra las leyes de responsabilidades políticas del año 39; que pedí y obtuve la reposición de

funcionarios depurados y que, con el procurador guipuzcoano Escudero Rueda, en cada ley de

presupuestos intentábamos meter — con escándalo— a los mutilados del Ejército republicano en lo que

era el glorioso Cuerpo de mutilados por la Patria; que para acabar de una vez con las dos Españas, la de

los vencedores y los vencidos, me fui con otro ruego solicitando que el desfile de la victoria se convirtiera

en homenaje a las Fuerzas Armadas, lo que motivó otro contrarruego de un conocido teniente general con

dos centenares de firmas, y hasta tuve agallas para levantarme en la Comisión de Agricultura y pedir el

indulto de uno de los últimos condenados a muerte a quien al día siguiente iban a agarrotar. Es natural

que, por todo esto, molestara a aquel régimen y que en cada elección, a través de los resortes del poder,

intentaran dejarme en casa. Pero tengo que reconocer que en el orden personal jamás se metieron

conmigo y que su respeto para mí fue absoluto. Pues bien, ahora, cuando en el 77 encabezo como

independiente las listas de diputados de UCD por Salamanca, con este carácter accedo a la Mesa del

Congreso de los Diputados en las Constituyentes, soporto la vejación de que se me margine en aquellos

debates, no obstante intervenir otros con menos bagaje, y por complacencia me avengo a integrarme en el

partido, en el que no caso porque no pertenezco a ninguna de sus familias. He aquí que porque me

permito decir en los periódicos locales con mi estilo —el mismo que empleé contra Franco— que hay que

regenerar UCD, que el partido no puede ser feudo de Suárez, que lo único que nos une es un programa

electoral, por lo que hay que respetarlo a machamartillo, y que Calvo-Sotelo debe hacerse con el partido,

pues de otro modo no puede gobernar, los demócratas de horca y cuchillo me condenan a la hoguera.

Claro que antes había pedido, por considerarlo gastado y fracasado, el cese de Suárez y, según cuenta

Oneto en su libro, parece que ésta fue una de las razones que le llevó a dimitir. Pero sobre rencores no se

construye una política, ni a palos de comités de disciplina, tramoya de comisariados políticos, se

recompone un partido que se resquebraja. Es con belladona y vaselina con lo que hay que tratar lo

políticamente roto. En fin, no es extraño que proliferen clubs, fundaciones, plataformas, etcétera, pues

cualquier cosa es mejor que un partido comandado por camarillas oligárquicas. El mal estuvo cuando

Herrero de Miñón quiso llevar el control del funcionamiento democrático de los partidos al Tribunal

Constitucional y no le hicimos caso.

Postulados

Pero si los partidos políticos aparecen constitucionalizados al artículo 6.° e incluso reciben subvenciones

cuantiosas del Erario Público, se precisa desarrollar aquel artículo mediante una ley, en la que en

definitiva se contengan los siguientes postulados:

1." Autorizar las corrientes, máxime en los partidos plurales, con derecho incluso a organizarse, pues de

otra forma no se puede influir en las decisiones.

2." Imponer el régimen de representación proporcional para elegir las ejecutivas, a fin de equilibrar las

fuerzas. Lo del sistema mayoritario, sin representación siquiera de las minorías, es una estafa política.

3.° Obligar a que los líderes se elijan en listas concurrentes mediante sufragios de primer grado, lo que es

posible utilizando el voto por correo, que se admite para las elecciones generales. Lo de delegado,

después compromisario y más tarde cuatro gatos votando es una farsa electoral. Es peor que la

representación gremial de Franco.

4.° Por último hay que admitir en toda su pureza la teoría de la representación política y en consecuencia,

proclamar a los cuatro vientos que el representante no está sujeto a mandato imperativo alguno y menos a

vigilancia del comité de disciplina que lo coarten. Que es elegido a través de los cauces del partido, pero

por el pueblo, quien cada cuatro años deviene su único fiscal. El partido puede no incluirlo en las listas

venideras, pero nada más. Lo contrario atenta contra los derechos humanos y convierte la vocación

política que muchos españoles sentimos en una especie de tortura moral y hasta física. Por lo que se acaba

arrojando la esponja.

 

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