Autor: Tusell, Javier. 
   Nos la estamos ganando     
 
 Diario 16.    29/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Diario 16/29-mayo-81

•JAVIER TUSELL GÓMEZ

Director «general de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.

Nos la estamos ganando

«Oscar Alzaga tiene peso específico por su capacidad de análisis.»

A propósito de una reciente y sonada conferencia de Oscar Aliaga, en la que proponía una alianza de

centristas con Coalición Democrática, Tusell dice que hay que hacer una apelación a la sociedad y hay

que tener en cuenta «lo mucho que nos jugamos», ya que «lo que planea sobre nosotros es alguna

variedad de dictablanda». Cuando en 1936 tormaba Azaña el último Gobierno que presidiría escribió en

su diario: «Este es uno de los mayores obstáculos: la Calta de gente apta para gobernar. No existe el

centenar de personas que se necesita para los puestos de mando.» Tan amarga reflexión quizá pueda tener

sentido ahora, muchos años después. Hemos deificado, durante meses, a protagonistas efímeros de

nuestra vida pública; han jugado muchos un papel excesivo para derrumbarse en seguida y ocultarse en la

penumbra del semiolvido. Pocos son los que con el paso del tiempo, salidos del anonimato, han adquirido

un peso específico. Uno de ellos se llama Oscar Alzaga. Tiene una virtud inesperada en un político

español: no habla únicamente del tema probablemente más aburrido de cuantos en el mundo han sido, es

decir, la política española. Uno de los más graves inconvenientes de la clase política española es que no

es más que eso. Antaño, en la España liberal, se exigía una formación; a veces da la sensación ahora que

lo que puntúa es la osadía. Oscar Alzaga tiene peso específico no sólo por esta razón, sino también por su

capacidad de análisis: es difícil encontrar una mayor lucidez en sus juicios sobre la situación política, a

veces tan deslumbrante que quien lo escucha intuye a lo sumo que puede tener un fallo, pero ignora donde

esté. La mezcla de la capacidad de análisis y ser bastante más que un político español al uso, da como

resultado en Osear una visión vital de la política, como algo entre indeseable e inevitable.

Gravísima crisis

Lo que importa ahora es que en una reciente conferencia Alzaga ha señalado hasta qué punto nuestro

sistema de convivencia democrática está en gravísima crisis. Permítaseme que resuma el diagnóstico de la

situación, se reduce a cuatro palabras: Nos la esta mos ganando. ¿Por qué causas? Por algunas muy graves

que quizá resultan mucho más obvias a la mayoría de los españoles que a la clase política. No se trata

ahora de repetir la letanía de exculpaciones que ha dado la falta de preparación de una clase política

surgida o de la oposición o la dictadura hasta la pura y simple mala suerte dul momento económico que

nos ha tocado vivir. Se trata de medir la realidad de que en temas constitucionales graves, como las

autonomías, nos hemos metido en el barrizal imposible en el que todas las marchas y contramarchas

parecen estériles; de que nuestros partidos políticos fluctúan, en el aprecio del ciudadano, entre la

perplejidad, el despego y la pura y simple irritación, de que, en fin, la máquina pública que tenemos en

nuestras manos no parece funcionar: no resuelve problemas como el de la crisis económica y el

terrorismo. No sólo esto: el sistema político da la sensación perpetua de caminar detrás de los

acontecimientos. No bien se ha producido un hecho que interrumpe el proceso normal de la vida

democrática entramos en una espiral de tomas de postura que no ha llegado a una clarificación ni a una

decisión cuando un nuevo acontecimiento hace su aparición en una cadena que ya se nos asemeja infinita.

La democracia española, recién nacida, es un enfermo real, paciente de una mezcla curiosa entre

infantilismo y arterosclerosis. Y lo malo es que no parece haber una palanca capaz de detener el proceso:

como al Ortega de la época de Alfonso XIII buscamos a nuestro alrededor el instrumento de la

regeneración y por parte alguna nos aparece. Nos la estamos ganando, espectadores a lo sumo lúcidos,

pero impotentes de lo que parece un irremediable fracaso.

La realidad

A Oscar Alzaga se debe el mérito de un análisis justo del que se ha ofrecido una interpretación personal.

Tal como su dan las cosas en la política española un cierto pesimismo no es una exageración; con

demasiada iré cuencia se convierte en una muestra de aprecio por la realidad. Desde luego, el mejor

servicio que se puede prestar a nuestra democracia consiste en no olvidar los cada vez más evidentes

peligros que le acechan. ¿Y las soluciones? En este aspecto la lucidez de la conferencia de Alzaga resulta

algo más discutible. Hay, sin embargo, un hecho evidente, concretamente señalado por él: hemos llegado

a un momento en la evolución de la vida pública española en el que es necesario hacer una nueva

apelación, incluso en tonos dramáticos, a la sociedad.

Movilización

Frente a quienes, en los partidos, reivindican el mantenimiento de un «statu quo» que quiere ser lo mismo

que la debida prelación en el «cursus honorum», ahora es llegado el momento de pedir a los españoles

que no se han acercado a la política que se movilicen en defensa no sólo de las libertades que configuran

una democracia, sino que la libertad individual y cotidiana también en peligro. Ortega cuando escribió su

«Rectificación de la República» pedía la resurrección de la «entusiasta esperanza» que había hecho nacer

el régimen; viene a ser la misma apelación que debe hacerse ahora. Pero, ya más en concreto, ¿debe ir

UCD, como quiere Alzaga, a una nueva configuración política con CD? Una crítica a esa postura se

resume con la afirmación de que no es a un individuo o u un sector de un partido a quien le corresponde

tomar una iniciativa de este tipo. Fraga ha hecho incluso más de lo necesario para transfigurar la antigua

Alianza Popular; su problema no es la ideología, sino hasta qué punto es tratable. La proposición de

alianzas gubernamentales tiene el obvio peligro de dificultar la marcha de aquel mecanismo de vida

pública española que en este momento motiva unas esperanzas: la cabeza del Ejecutivo. Pero, desde

luego, la propuesta de Alzaga tiene una indudable valentía y coherencia. Sobre todo, teniendo en cuenta

lo mucho que nos jugamos. El peligro no es la dictadura que nos traerían los asesinos iluminados de ETA

ni la dictadura de Tejero. Lo que planea sobre nosotros es alguna variedad de dictablanda. Al margen de

cuestiones tácticas ése es el peligro y el reto del momento.

 

< Volver