Autor: Tusell, Javier. 
   ¿UCD=RIP?     
 
 Diario 16.    04/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

JAVIER TÚSELL

Director general de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas

¿UCD = RIP?

«Ahora el viento de locura parece haber llegado a UCD. Como siempre, se trata de que la clase política se

plantea ante todo sus propios problemas y no mira al país — a aquella porción que le ha votado— para

darle una respuesta a sus preocupaciones.» Hay ocasiones en que un viento de locura parece apoderarse

de un sector de la clase política empeñada en jugar a la ruleta rusa con un afán imperturbable de llegar al

suicidio. Hace meses, cuando el Partido Socialista Obrero Español optó en su congreso por la enunciación

de un ideario radical que tenía muy poco que ver con las aspiraciones de su electorado y con la realidad

del país, dio toda la sensación de haberse definido claramente por dicha opción. Afortunadamente, el

buen sentido se impuso y, aunque fuera preciso desdecirse por completo del programa enunciado, al

afianzamiento del liderazgo de Felipe González le ha seguido el mantenimiento de una línea táctica

discutible, como toda politica, pero también consistente y que ha tenido efectos beneficiosos para el país

y para su propio partido. Ahora el viento de locura parece haber llegado a la UCD. Como siempre, se trata

de que la clase política se plantea ante todo sus propios problemas y 110 mira al país (a aquella porción

del país que le ha votado) para tratar de darle una respuesta a sus preocupaciones, problemas y deseos.

Hacer de Romanones

En el fondo da la sensación de que se está jugando con voluntad de impunidad a hacer de Romanones o

García Prieto, ante un país crecientemente perplejo y con clara tendencia a la indignación. A uno no se le

ocurre sino evocar «La ciudad alegre y confiada» y recordar que la historia enseña que no hay remedio

para una clase dirigente empeñada en autodestruirse. Durante semanas hemos presenciado todo un debate

interno en el seno de Unión de Centro Democrático. Probablemente los participantes no se hayan dado

perfectamente cuenta de ello, pero el debate no ha apasionado al país, sino tan sólo a una parte, probable-

mente minúscula, de él. El desenlace ya se ha producido y por ello hay que partir de la realidad de una

nueva situación. Es obvio que lo ideal hubiera sido que la sucesión de Adolfo Suárez no se hubiera

producido tal como ha sucedido; nadie, sin embargo, negará altura de miras a quien la ha protagonizado.

La crítica de los «críticos» no sólo era razonable; si acaso pecaba de optimista porque parecía encastillada

en cuestiones que no eran sino de procedimiento. Nadie les negará la oportunidad de la denuncia, aunque

muchos duden de la bondad de los métodos. Importaría, sin embargo, recordar que la casi totalidad de los

que .han puesto sus esperanzas políticas en la solución centrista han permanecido distantes y confusos y

que una buena parte del centrismo activo ha (hemos) permanecido equidistante.! 1) entre la aceptación de

la necesidad de un cambio radical y la duda acerca de los remedios propuestos. Pues bien, ahora la

situación ha cambiado y hay que partir de este hecho para hacer una llamada a la responsabilidad de

todos. Ni el elector centrista ni España se pueden permitir por más tiempo el espectáculo de una clase

política que probablemente estará convencida de su propio patriotismo, pero que al exterior ofrece la

imagen repetida e inconsistente de desorientación e inmensa capacidad de intriga. Es hora de una reacción

que haga rentable la generosidad en la renuncia de uno y la valentía en la protesta de otros. Lo que,no

puede durar es una situación como la presente, en la que lo primordial es la sensación que se da a España

de falta de seriedad. Un país (o al menos un país como el nuestro) puede admitir que una parte de la clase

política ofrezca alguna duda con respecto a su capacidad de gestión o incluso, en el peor de los casos, de

su moralidad. Lo que desde luego nunca estará dispuesto a aceptar es que quienes tienen en su mano la

Administración no se tomen en serio a los administrados.

Disciplina y sacrificio

Lo que no es admisible es que a una España a la que hay que pedir, ante todo y sobre todo, disciplina y

sacrificios, se le ofrezca, precisamente por quien ha de pedírselo, el paradigma de lo absolutamente

contrario. Lo que resulta intolerable es que un partido que por sus propias características debiera ser la

imagen misma de la moderación y la sensatez esté alejado en estos graves momentos de ella, y que le deje

inconscientemente esta imagen al primero de la oposición sin darse cuenta de que incluso se le presta un

flaco servicio dándole oportunidades, para lo que todavía no está preparado. Lo que no puede mantenerse

es esa sensación de desmesura que parece guiar las acciones de una parte de la clase política centrista.

¿No se está cayendo en la «hybris», que decían los trágicos griegos, o, lo que es lo mismo, en un

«pasarse» continuo y exagerado? El peligro es «pablocastellanizar» la UCD. Y, sobre todo, ¿no habría

que pensar en la imagen de vacío que se está dando? Hay una cita estremecedora, nada menos que de

Hobbes, que no convendría echar en saco roto en el momento actual: «Cuando no hay otra cosa pintan

bastos.»

 

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