Autor: Moya Moreno, Arturo. 
   UCD     
 
 ABC.    25/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UCD

Los españoles contemplan, entre sor>rendidos y expectantes, el debate parlanentario de estos

dias y se preguntan si ICO es capaz de dar solución a los prolemas que en esta hora España

tiene ´anteados. No son problemas nuevos, pero la moción de censura socialista se ha

convertido en el aldabonazo —bien venido sea— para que el partido que sustenta al Gobierno

adquiera la sensibilidad de que la democracia es un ejercicio que hay que realizar diariamente,

de que el debate y la confrontación a todos los niveles, interno y externo, es una responsabi-

lidad de coherencia con el sistema democrático. Y aquí tenemos que decir que la democracia

no es una novia fea, andrajosa y sin fortuna, sino todo lo contrario: es bella, prometedora de

esperanzas y generadora de bienestar. Los demócratas que creemos firmemente en ella

tenemos la obligación de hacer patente esta verdad política y UCD el reto de saber transmitirla.

Para ello nunca como en estos días deben funcionar con solidaridad y a toda presión las

instituciones de UCD —Comité Ejecutivo, Consejo Político y especialmente el Comité

Permanente— que han de reunirse con tiempo suficiente para analizar de manera exhaustiva la

cuestión planteada por la moción socialista. Dos consecuencias inmediatas se derivan de ello.

Primera: ¿cuál debe ser nuestra actitud con fas minorías del arco parlamentario?; y en este

sentido debe sopesarse muy seriamente ¡a relación coste-beneficio de posibles alianzas o

acuerdos. Segunda: hay que revisar las actitudes, regenerar los contenidos y, sobre todo, hay

que transmitir ccn imaginación y autenticidad el liderazgo político. A la vista de las cuestiones

planteadas 5a responsabilidad de ios órganos del partido ss patente, y a ienor d? ios Estatutos

cobra especial relevancia por su líderazgo !a Comisión Permanente. UCD t!ens ´´s oportunidad

c´s superar, plenamente fortalezida y unida, esta situación; no só!o !a oportunidad, sino e!

deber cíe \~ta-cerio así por el bien >!& España y por la obligación que hemos contraído con

seis misiones y medio de españoles que nos votaron en las últimas elecciones. Ahora bien la

ft´erzs y !a urtidad han de ser reales o rto sersr» nada. Han de brotar rfel profundo

convencimiento democrático que caria sino lenetio?; tj´je nada tiene que ver COR extraños

maridajes nf oportunismos de última hora, sino con valores ciertos y decentemente vividos. Ha

(Segado —aunque sea a contrapelo— la hora de la verdad. La hora de consolidar un gran

partido. Ha llegado el momento en que se hace improrrogable fijar una estrategia coherente

con programas y personas capaces para explicar nuestra ideología, nuestro estilo, con

seguridad y sin miedo. Debemos, pues, desarrollar una ofensiva hacia el exterior de

reencuentro con la credibilidad perdida, manteniendo una actilutí democrática, firme, agresiva y

sin complejos; esto es, una actitud capaz de plantear una clara oposición a la Oposición.

Tenemos, como se deduce del programa que el presidente Suárez ha presentado al

Parlamento, soluciones precisas y concretas a los problemas de nuestra sociedad. Tenemos

planteado un modelo de Estatuto autonómico solidario y justo que nadie honradamente puede

desechar, y esto es de justicia reconocerlo. No hacerlo asi supone frivolidad e inmadurez

política. Sin embargo, yo estoy convencido que bastantes de las equivocaciones, muchos de

los erróneos planteamientos de medidas correctamente concebidas y toda la taita de Ilusión de

que se nos acusa podrían haberse evitado de haber funcionado el partido con unas cotas de

participación, una capacidad de integración y unos mecanismos democráticos sustancialmente

más elevados. Es obvio que si desde el partido no se genera el impulso estimulante de una

política imaginativa, sustentada en unas ideas claras y compartidas, el Gobierno —que no debe

ser otra cosa sino el fiel brazo ejecutivo del partido cuando éste se halla en el Poder —

difícilmente puede transmitir la dosis de ilusión y de esperanza que, {unto con la eficacia,

demanda la sociedad. Nuestra responsabilidad como partido más votado, la obligación como

partido gobernante, es poner remedio urgente a los defectos que en estos días se evidencian; y

más aún cuando de ellos se pueden derivar consecuencias de suma gravedad no sólo para

quienes militamos en sus filas, sino para la nación entera. No persigo planteamientos

alarmistas; antes bien, me esfuerzo en meditar desde la serenidad. Pero no es en modo alguno

razonable que se otorguen bazas al contrario, que se arriesgue entregar los mecanismos del

Estado a quienes sinceramente pienso que carecen de la capacidad de manejarlos con pericia,

y con quienes ideológicamente disiento, por dilatar la plena potenciación del partido según los

moldes democráticos. En esta hora de confrontación abierta es memento de cenar (¡las en

torno al partido que sustenta al Gobierno. Pero nuestra firmeza futura, nuestra capacidad de

responder paso a paso a ias exigencias poéticas de los ciudadanos, dependerá, nacíie So

dude, de la respuesta que de me 6 a ías necesidades apremiantes rie nuestro propio partido. -

ARTURO MOYA MORENO (diputado-, UCD).

 

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