Autor: Oliart Saussol, Alberto. 
   Por una nueva forma de vida     
 
 Diario 16.    15/12/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

OPINIÓN

15-diciembre-80/DiarÍo16

•ALBERTO OLIART

Ministro de Sanidad y Seguridad Social

Por una nueva forma de vida

«A pesar de la crisis económica, esta democracia se asienta, por primera vez en nuestra historia, en una

sociedad más rica, diversa y consolidada que en ningún otro momento de sus ciento ochenta años. Estas

son las grandes bazas de la democracia frente al doble envite de la crisis y el terrorismo.»

Este país está frente a uno de los mayores retos de. su historia reciente. Su estructura de consumo

energético, tal como se desarrolla a partir de 1960, basada esencialmente en el petróleo, tiene que

transformarla y sustituirla por otra basada, sobre todo, en el carbón y en la energía nuclear. En parte por la

crisis energética —la crisis más importante del mundo moderno— y en parte por otras causas, tiene que

reestructurar su estructura industrial. Y por si fueran pocas las dificultades, para que el paro no siguiera

creciendo, el P1B debería crecer entre el 5 y el 6 por 100. Recordemos que desde 1976 no ha crecido por

encima del 2,5 por 100 y que este año 1980 ño crecerá por encima del 1,8 por 100. Y todo en pleno

cambio político. Y todo mientras pasamos del franquismo a la Monarquía parlamentaria y democrática, y

mientras construimos desde el Titulo VIII de la Constitución un Estado descentralizado, desde una larga

tradición de Estado centralista y absorbente.

Demandas impacientes

Y la democracia, tantas veces intentada, tantas veces fracasada en nuestra Patria, arroja sobre la escena de

la impaciente demanda pública, tantas demandas como deficiencias de nuestra organización como país y

como sociedad tenemos. Demandas que, en algunos casos, corresponden a peticiones reprimidas en una

época y desde una situación de crecimiento económico que hoy, cuando se expresan, ya no son posibles

porque otra es la realidad económica a la que llegan y otro el futuro. Y para que nada falte a este retablo

de dificultades, el terrorismo busca en un país abierto para la democracia, con el mismo modo de

desesperada, ciega y sangrienta intransigencia, lo mismo que buscara en otra sociedad cerrada. Incluso,

pienso, con más encono y rabia. Crisis económica, mundial y nacional, transformación política, como rara

vez la ha conocido este país, y terrorismo, generan una ilimitada combinación de agrios y dramáticos

problemas todos los días y en todos los españoles, cualquiera que sea la clase social, su edad y la parte del

país que habiten. No me sorprende que cunda más de una vez el desánimo y la desesperanza y que más

de uno piense que tanto problema se deba a la forma política por tantos y por tanto tiempo deseada: la

forma de la libertad y de la democracia.

Crisis y problemas

Pero creo que la ineludible transformación de nuestra sociedad y de nuestro Estado, y las tensiones que

esa transformación, función de aquellos problemas y retos, tienen su mejor método o camino en la acción

decidida y valiente que se lleve a cabo desde la participación democrática y desde la libertad ciudadana

responsablemente ejercida. Con y sin democracia, la crisis económica supone una transformación

profunda de la sociedad española que se consolidó en la década de los sesenta. Con y sin democracia, los

problemas de las autonomías son una constante del último siglo de la historia española. Con y sin

democracia, la guerra de subversión y el terrorismo están ahí, y estarán desgraciadamente ahí durante

años. Democracia y autoridad no son conceptos contrapuestos, si el Gobierno democrático está

firmemente asentado en la convicción de su pueblo. Libertad y seguridad no son conceptos contrarios, si

la seguridad no es sinónimo de injusticia y la libertad no es la salvaguardia formal y monstruosa de las

acciones contra ley y contra justicia. Parecería que de tantos y tan graves problemas se sigue, como

consecuencia aparentemente lógica, que otra vez el tiempo de la historia no es propicio a que la

democracia y la libertad arraiguen en España. A los que así piensan les digo que, con todos los riesgos y

creo que con la plena conciencia de esos riesgos, olvidan que esta sociedad y este pueblo tienen la

memoria de su pasado reciente y pocos son los que quieren volver a la violencia y al sufrimiento

generalizados, y que, a pesar de la crisis económica, esta democracia se asienta, por primera vez en

nuestra historia, en una sociedad más rica, diversa y consolidada que en ningún otro momento de sus

últimos ciento ochenta años. Estas son las grandes bazas de la democracia frente al doble envite de la

crisis y del terrorismo.

Reto económico y político

Creo que para resolver nuestros problemas hemos de repetir y explicar una y otra vez a los españoles el

reto ante el que nos encontramos, económico y político, y como desde los mecanismos que la democracia

y la libertad crean, llámense estatutos de autonomía, sindicatos o asociaciones empresariales, partidos

políticos o prensa libre, se pueden mejor que desde ningún otro levantar el reto, resolver los problemas.

Serenar los ánimos, clarificar las situaciones, sentar las grandes prioridades de este momento nuestro y

estar dispuestos a defender las instituciones que hoy tenemos es lo que debemos hacer, si queremos para

nosotros y para nuestros hijos un país, en las malas y en las buenas épocas, digno de vivirse. Y además,

saber que el combate por una nueva forma de vida y por una nueva sociedad, requiere tiempo y tanta

voluntad y pasión como tenacidad y constancia.

 

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