Autor: Tusell, Javier. 
   De la irremediable necesidad del centro     
 
 Arriba.    05/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DE LA IRREMEDIABLE NECESIDAD DEL CENTRO

ZA última sesión del Congreso de los Diputados presenció, •* ante todo, dos graves errores de

quienes, atendiendo a la actual situación parlamentaria en España, caüria calificar como

dirigentes políticos fundamentales de la derecha y de la izquierda. Don Manuel Fraga Iribarne

volvió a demostrar que para él la política se hace a base de «prontos»; llevada semanas

asegurando que Alianza Popular estaba situada en el centro-derecha del espectro político y

que él mismo era una reedición de Cambó o de Cánovas, pero llega el momento de hablar en

el Parlamento y entonces saca la caja de truenos y obsequia al respetable con una prédica del

mejor estilo no ya de los años sesenta, sino de los treinta, con su sangre y todo. El señor

Carrillo lleva algo más de un año paseando por España su sonrisa socarrona, su amabilidad y

su moderación, pero cuando llega el momento no duda en mencionar, aun en IP nebulosa de lo

remoto, la guerra civil. ¿Se trata tan sólo de eso, de dos errores? Los propios protagonistas de

la sesión parlamentaria se han apresurado a declarar que habían sido malinterpretados. Sin

embargo, este espectáculo parlamentario, inhabitual en los Parlamentos europeos de 1977,

nos pone en contacto con otra época, la ya mencionada de los años treinta, en la que fue

precisamente el crecimiento de los extremos, que, además, atrajeron hacia sí una alícuota

cantidad de centro, lo que hizo inviable el sistema democrático. Igual, por otra parte, que en la

Alemania da Weimar, Pero no hace falta ser historiador o sociólogo para señalar los graves

peligros que se seguí rían de un crecimiento de estas dos fuerzas políticas, aunque fuera en un

porcentaje no muy elevado. El pueblo español tiene sus dudas (y lo demostró el pasado 15 de

¡unió) acerca de que sea verdad lo aue estas dos agrupaciones política* dicen de si mismas.

Lo malo es que, además, el pueblo español tiene razón. Alianza Popular habla de la

´democracia fuerte y el PCE del ´Centralismo democrático*, pero aparte de que siempre es

peligroso calificar a ¡a democracia, en ambos casos el componente ´forzudo* o ´centralista*

tiene más peso que el otro. Lo!i miembros y votantes de Alianza Popular no son demócratas

entusiastas; tampoco consideran a la democracia como el Mal (según dada Maurras), pero sí

como un temporal que ha traído todos los males del presente y los que vengan del futuro. Sus

líderes están dispuestos ahora a lugar la carta de la democracia, pero se hace duro creer quá

puedan pasar fácilmente de la exaltación de Carrero a la del presidencialismo norteamericano

(como uno de ellos ha hecho recientemente), Por otro lado, esos propósitos centroderechístas

del señor Fraga entran en frecuente y repetida colisión con su incapacidad para sumar (hasta

ahora, sólo ha restado) y para evitar su propia y periódica autodestrucción. ¿Y qué decir del

PCE? No hay más que leer el libro del señor Carrillo para comprobar que e! eurocomunismo o

no es nada o sólo está muy al comienzo de ser algo: se trata de una prolija descripción, para

militantes marxista-leninístas, do una ´táctica» nueva (y sólo eso) para concluir con el Estado

democrático occidental. SI a eso se añade que para el futuro los comunistas nos ofrecen tan

sólo un paraíso no sólo inencontrable, sino ademas extremadamente vago la acritud coa que

sus militantes reaccionan anw las criticas, como ha sucedido con el caso Semprün, y la

permanencia de unos lideres que son el eiemplo más vivo y palpable de geroniocracia que

pueda imaginarse, habiendo pxsado del abominado estalinísmo al eurocomunismo sin perder la

dirección de su partido, se podrá imaginar que tampoco de este lado los peligros respecto a la

democracia carecen de importancia. Con estos dos grupos políticos va a ser difícil, sí crecen en

una entidad de alguna consideración, la estabilidad de la democracia en España. Por bastante

tiempo, y ello no es nada positivo, sino más bien el producto de una lamentable carencia de

poso cultural democrático, la vida de las nuevas Instituciones españolas habrá de jugarse en el

centro. La Unión de Centro Democrático tiene defectos obvios y patentes que sus enemigos

políticos sa encargan, con una corta periodicidad, de recordarnos. A veces alguno de sus

miembros da la sensación de no saber exactamente adonde va; en determinadas ocasiones la

selección de sus dirigentes parece hacerse por criterios que son estrictamente contrarios a los

de la racionalidad; el oportunismo parece ser la única línea coherente de ciertas de sus figuras.

Pero el balance de UCD es, sin embargo, netamente positivo: sus hombres son quienes han

jugado un papel más decisivo en el advenimiento de la democracia en España, han

demostrado caoacídad de gobierno y ha sabido dar pruebas, ya no sólo habilidad en el tránsito

hacia la democracia, sino también en ella misma. Pero el mayor elogio que de ella puede

hacerse es su irremediabílidad: vistas como han ido las cosas en el Parlamento uno puede

Imaginarse lo que sucedería de no existir, como minoría más numerosa, UCD. Es más:

cualquier intento de sustituir UCD por otra solución semejante, pero con diferente Ilderazgo, no

seria más que Innecesaria y perturbadora. Claro que hay otro centro en potencia que pugna por

ver la luz entre dudas y aciertos, entre luces y sombras. Lo malo es que sus propios dirigentes

a veces no se dan cuente de su propia ubicación en el espectro político. Ese otro centro

(necesario,, ¡mprecindible) se llama Partido Socialista y debió su victoria relativa el 15 de ¡unió

a su capacidad de conquistar parte del electorado centrista, y si un día vence en las elecciones

el procedimiento habrá de ser el mismo. Sin embargo, el PSOE ha demostrado en estos

últimos meses que permanece todavía en el verbalismo gemebundo tipleo de la oposición

permanente y en la Ingenuidad. No sólo ha demostrado paladinamente en ocasiones que es

Incapaz de prever el resultado de sus acciones y de realizar una obra verdaderamente

constructiva, sino que a veces da la sensación de que el objetivo fundamental de sus líderes es

simplemente *armarla*. Así se ha visto con el tema del orden público, con una política

Internacional proargelina, cuyos resultados están a la vista o con unas declaraciones

pro-republicanas que suponen añadir un problema a los ya agobiados hombros de los

españoles. El PSOE tiene, por desgracia, todavía mucho que aprender y nada que Inventar: el

socialismo está ya inventado en Europa, donde los más importantes de sus líderes (Incluido

Mítterrand) no son marxlstas. Hasta que este *otro* centro no nazca de verdad y demuestre ser

una real alternativa de poder, el mejor argumento en favor de la Unión de Centro Democrático

es la única viable para la estabilización de la democracia en España. Esto puede no

proporcionar excesivo entusiasmo a los lectores del presente articulo, pero me parece una ver-

dad difícil de ser rebatida.

Por Javier TUSELL

 

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