Autor: Tusell, Javier. 
   Carta abierta a Adolfo Suárez     
 
 Ya.    08/11/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Carta abierta a Adolfo Suárez

MUY señor mio: Durante unas semanas ha sufrido usted ut> verdadero acoso político, por parte de

amigos y enemigos, del que acaba de salir con su característica habilidad. Cuando estaba usted (o por lo

menos así lo parecía! con el agüa al cuello, ha repetido lo que hizo por las mismas fechas el año pasado:

revolveres en un centímetro cuadrado cU- terreno frente a los empujones de sus enemigos y alguna que

otra zancadilla de los propios y conseguir recuperar la iniciativa perdida. Hace un ano íue en septiembre

cuando logró conseguir credibilidad pata su reforma política, ahora ha sido en octubre cuando ha logradu

algunos éxitos tan apreciables como el consenso sobre la amnistía, la Generalidad provisional y el pacto

de la Moncloa. PERMÍTAME que muéstre mí admiración por usted. Se dice coa frecuencia de usted que

no es más que un político maniobrero, un maestro del regate en corto. Sin duda, esto es cierto; pero creo

que quienes asi piensan han olvidado lo que verdaderamente es y debe ser un político profesional, l.a gran

mayoría de los políticos europeos del momento actual no está tampoco constituida por grandes

pensadores o intelectuales de prestigio indisputado o simplemente escritores da talla. La valla de los

políticos S8 mide por lo que hacen, y en este sentido usted esta todavía r>i«y alto en el "ranking"

europeo, quisa, mucho más objetivamente juzgado por quienes viven más allá de nuestras fronteras que

por sus propios conciudadanos. En definitiva, Felipe González tiene, respecto a usted, una sensible

semejanza caracterológica, pero yo pienso que está situado en un nivel, por el momento, claramente

inferior. Usted ha sido el gran descubrimiento de ¡a transición hacia "la democracia, ai margen de otras

personalidades que ya existían, pero que por obvias circunstancias ajenas a su voluntad no podían tener el

papel ea la vida pública española que les correspondía (Santiago Carrillo, por ejemplo!. PERO dicho esto,

y partiendo de ¡a base de que la situación política no resulta para usted ya tan agobiante como hace unas

semanas, permítame que le diga que su labor política sigue teniendo una grave laguna iquixá involuntaria;

quizá, pos el momento, Snevitablei. Usted no procede del mundo de la oposición, sino de otro en el que

las exigencias más obvias de la vida política en un régimen democrático no aparecían por parte alguna.

Usted ha contribuido de una forma decisiva al cambio de sistema político, pero concluido este proceso

debe adaptarse a la nueva situación. Quiere esto decir, ante todo y sobre todo, que su objetivo

fundamental cMberín ser. en adelante, convertir ios votos que recibió la Unión de Centro Democrático en

afiliados y simpatizantes. Es, creo yo, muy lógico que usted piense que la constitución de un partido le

puede plantear graves problemas personales. Es natura! que usted tema las inconsecuencias e incluso

alguna traición ó> alguno de sus colaboradores. Pevo no es mecos evidente que la época en que era

posible montar una situación gubernamental a base del puro y simple usufructo del poder ha terminado

definitivamente. Cualquier propósito de perdurar en ella no es sino una demostración de la vocación al

suicidio de quien la intente. PARA construir un partido lo primero y principal es disponer de una

concepción del mundo, de una idea con ta que aglutinar a millones de votantes. En teoría, el Centro

Democrático no dispone de ella porqua son varias las ideologías que lo han engendrado. l.a realidad es,

sin embargo, diferente: ya desde antes d« las elecciones no había ejercicio más sorprendente que el de

comparar la absolutamente desaforada proliferación de siglas con la práctica identidad de muchos

programas políticos. En todo caso la clase política podía apreciar diferencias hace unos meses; pero el

pueblo español (que es quien decide, no hay que olvidarlo) no parece haberlos tomado muy en serio, La

idea en que se puede basar el Centro Democrático puede ser (en buena medida es ya i la democracia a

secas; quiero decir sin Impregnaciones marxistes y sin inútiles recuerdos del pasado. Unión de Centro

Democrático puede ser, en este sentido, él gran partido mediador, capaz de estabilizar y enraizar en

España la democracia. EN segundo lugar, para constituir un gran partido nacional es necesario abandonar,

de una vez y para siempre, la tentación de hacerlo desde el poder. El objetivo final no puede ser sino el

que practica ya (y éste es un buen motivo de alabanza) el Partido Socialista Obrero Español: una radical

democracia interna. Si ésta no so da, los resultados son inmediatos y penosos. Recuerde usted lo que

sucedió en las elecciones gracias a hacerse unas candidaturas desde el poder, aunque fuera por la inanidad

de algunos de los partidos existentes. Lo peor del caso es que estu situación dio entonces y sigue dundo

ahora una característica lamentable a muchas actuaciones del Centro: el envaramiento en la autodefensa y

el complejo ante el adversario. Hacer un partido de masas, basado en los ideales democráticos y dotado de

una organización interna de este carácter, es, pues, imprescindible. Pero es también, creo yo, fíente, a

muchas opiniones en contrario, posible, si usted tiene este, claro propósito y sus colaboradores están

dispuestos a jugar esta carta hasta sus últimas consecuencias. Yo confío en que así se hará por una

principalísima razón: la de que no queda otro remedio. Sólo mediante ese procedimiento lograremos la

superación de pequeñas peleas de tertulia y dejar de ser los "menos malos" (Garrigues dexit) para conver-

tirnos en ese vehículo estabilizador d.8 la democracia que el país necesita.

Javier TUSELL

 

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