Autor: Tusell, Javier. 
   Eurocarrillismo     
 
 Ya.    12/11/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

EUROCARRILLISMO

PROBABLEMENTE ios historiadores, cuando dentro de unas décadas se atrevan a enfrentarse con la

tarea 4? dar cuenta de lo sucedido °n estos dos últimos años en España, mencionen, como hecho de una

indudable relevancia, el brusco ascenso en el escenario político de dos figuras hasta entonces casi

desconocidas: Adolfo Suárez y Santiago Carrillo,-.. El primero ha demostrado :>u^ algo que muchos

conceptuábamos como imposible i´la. reforma desde las estructuras autoritarias del régimen no lo era; el

segundo ha emergido dei exilio dentro de la propia emigración (su PCE ha sido durante años una especie

de "leproso" en el seno de la oposición ¡ para conseguir qu.1 en e! plazo de sólo meses nadie le dispute el

merecido prestigio de una consumada habilidad. Pero, como en el caso de Suárez:, a quien se conceptúa

sólo como un maestro de la pequeña maniobra, creo que Carrillo merece un juicio más favorable que ése.

Como irreductible adversario suyo en el terreno ideológico y como historiador que. conocíendo su

pasado, ve más d^ un punto francamente turbio en él, debo decir que, sin embargo, su actuación de estos

últimos meses me ha parecido un ciaro ejemplo de patriotismo y de deseo de que la democracia se

estabilice. Todavía más: a veces da la sensación da que Carrillo peca "por exceso" de moderación, y

puede llegar a ser superado por una extrema izquierda de cuya potencia en este país a veces no nos damos

cuenta. En todo oasio. una evidencia que se Impone es la de que, dirigido por Carrillo, el PCE está

poniendo en práctica una política que es exactamente la que el PSOE deberia haber protagonizado. En las

próximas elecciones veremon quién de los dos se ha equivocado, pero para mí el asunto ofrece pocas

dudas. Pero la valía del señor Carrillo, e incluso el hecho indudable de que su partido vaya en la avanzada

del "eurocomunismo". adelantando incluso ahora a sus precursores italianos, no nos debe hacer olvidar,

sino, más bien, recordar las debilidades patentes de la concepción filosófica y política que defiende. En

este sentido hay que decirlo claramente: el eurocarrillismo, desde las elecciones del 15 de junio, no ha

demostrado ningún progreso sustancial respecto de la etapa anterior, a pesar de que se nos había

prometido su conversión en un nuevo tipo de partido. |VN primer lugar, si verdaderamente el

eurocomunismo es algo nuevo, hay que demostrarlo en el contexto internacional. Parece una broma que

los comunistas españoles critiquen (siempre con un tono da disculpa! la situación de los derechos

humanos en la Europa oriental, para luego pedir y conseguir la asistencia de representaciones de aquellos

partidos en la "fiesta" celebrada en Madrid. No basta decir que la Rusia actual no ha "asimilado los

cambios producidos", como dice el señor Carrillo, sino que hay que. concluir, con decisión, que lo que

sucede en ella no puede de ninguna manera ser tomado no ya como ejemplo, sino siquiera como punto de

referencia admisible. En última instancia, dentro de su propia ideología marxista, el señor Carrito debería

deducir, como le aconsejaba Fernando Claudin. que lo de Rusia sirnplemente no es socialismo. Echar sólo

la culpa al "culto a la personalidad" para explicar el estalinismo es algo que no sólo no admite la menor

crítica, sino que, además, constituye una interpretación de la evolución de Sos hechos humanos que tiene

muy poco de marxista. En definitiva, el señor Carrillo debería darse cuenta que no puede hablar de

libertad en España y al mismo tiempo hacerse solidario con un Estado en el qua no existe ni una mínima

caricatura de ella, como él mismo ha tenido la ocasión de comprobar, aunque sea desde la última fila de

un salón abarrotado. EN segundo lugar, los comunistas españoles deberían dar la sensación de que la

subcultura en la que viven es realmente una de democracia y libertad, y no muy semejante a la del

estalinismo, como sucede en la realidad. Me explicaré: el señor Carrillo puede decir que para el PCE,

Moscú ya no es la Roma de los creyentes, pero la prensa de su partido le considera una especie de papa

mucho más que infalible; es difícil encontrar un articulo de fondo en la prensa comunista en el que el

señor Carrillo no aparezca citado muchas más veces que Lenin, como afortunado y glorioso descubridor

de verdades portentosas. El PCE se sigue identificando con la verdad absoluta, con el bien total o, como

dice el señor Lerchundi, con "la clase obrera". Cuando se quiere demostrar la existencia de procedencias

ideológicas dispares en el seno del propio PCE se cita la presencia en sus filas de cristianos, pero éstos

son admitidos solamente en tanto que conversos al eurocomunismo. De ahí que profesen un curiosísimo

integrísimo de izquierdas, según el cual no sólo ellos son los buenos cristianos, sino que cualquiera que

sea buen cristiano, en el fondo está con ellos (asi dice García Salve). Cuando se practica este totalitarismo

ideológico es difícil que en el terreno de la política no acabe practicándose algo muy semejante. L´X

tercer lugar, el PCE pro" metió que si durante años de clandestinidad había tenido que vivir practicando el

centralismo democrático, con el advenimiento de la libertad transformaría sus propias estructuras internas

en sentido democrático. Ahora bien: ¿qué cambios se han producido en el partido desde el pasado 15 de

junio? En los recientes congresos del PC en el País Vasco y Cataluña se han descubierto unas

"maravillosas novedades", como la libertad en las intervenciones y los escrutinios secretos..., que el

mundo liberal y democrático inventó hace un siglo. T.a utilización de un método de cooptaciones

sucesivas para la provisión de los cargos, la irrepresentatividad de los delegados y los resultados de las

votaciones de que nos ha dado cuenta la prensa demuestran que, a lo sumo, loa congresos comunistas son

como las Cortes de la "liberación" en la etapa final del franquismo. Hasta que el centralismo democrático

no haya sido barrido por completo, el PCE no tendrá derecho a exigir para sí e) calificativo de

"demócrata". Y, en fin, el Partido Comunista sigue sin aclararnos adonde quisiera conducir al país el día

en que consiga que sus tesis se impongan. "Eurocomunismo y Estado" es tan sólo una estrategia para la

destrucción del Estado capitalista, pero nada más; el modelo de organización política euro-comunista no

sólo no existe en país alguno del orbe, sino que, además, ni siquiera los inspiradores del PCE nos dicen

pormenorizadamente en qué va a consistir. En esto, como en tantas cosas, los cambios que ha introducido

el advenimiento de la democracia en el PCE han sido nulos. El PCE ha conseguido ya un puesto en la

política española y merece, como ya lie dicho al principio de este artículo, respeto y admiración de

quienes somos sus adversarios en algunas de sus actuaciones. Pero, con "pacto de la Moncloa" o sin él, lo

que debemos mantener, porque se trata de la esencia misma de la democracia, es un claro y tajante

enfrentamiento ideológico, sobre todo cuando tan escasas pruebas de evolución se nos ofrecen. Y,

además, en este momento, en que quienes vistieron la camisa azul quieren hacerse perdonar su pasado

con coqueteos con el PCE, esa tarea ha de corresponder de manera especial a quienes estuvieron contra

una dictadura y no quieren ahora correr e-1, menor peligro de verla sustituida por otra de distinto signo.

Javier TUSELL

 

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