Coartada ecologista     
 
 Diario 16.    31/07/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Coartada ecologista

De un tiempo a esta parte, la central de Lemóniz se ha convertido en una especie de percha de todos los

palos para el militante ecologista. Bien, está en su derecho. Pero cualquier observador lo está también a

sospechar que este bautismo ecologista se está convirtiendo en una rutina, en una ceremonia de iniciación

que exime de otro» deberes mayores. Por ejemplo, mientras las marchas sobre Lemóniz se suceden, en

Levante, en Galicia, los bosques arden por los cuatro costados y las marchas ecologistas brillan por su

ausencia. Son los reclutas, los guardias civiles y el vecindario común y corriente quien da gratuitamente

el sudor para combatir estos brutales atentados contra la naturaleza, el paisaje y el equilibrio ecológico.

El movimiento ecologista, suceso importante a nivel mundial y clave para muchas actitudes del futuro, es

uno de los asuntos más serios que hoy tiene en germen la humanidad. El aldabonazo de su existencia ha

de dejarse sentir en toda esta sociedad hiperindustrializada que ha creído construir el mejor de los mundos

posibles y ha terminado por caer en una encerrona que, si no se esquiva de algún modo en las próximas

décadas, puede conducir a una incalculable tragedia. Abnegados ecologistas, hombres serios y

convencidos, luchan cara a cara en los cuatro rincones del planeta contra las agresiones del hombre a la

naturaleza. Impiden la caza de ballenas, hacen enérgica resistencia a la nuclearización, la contaminación,

el destrozo del medio ambiente, combaten incendios. Actúan en todos los flancos, en una palagra.

Pero reducir prácticamente todos esos flancos a uno solo, y tomarla una y otra vez con Lemóniz mientras

no se echa ni una sola mano para ayudar a combatir incendios como los de levante, huele a chamusquina,

o mejor, a ponérselas fáciles a uno mismo, con la consiguiente pérdida de seriedad y credibilidad.

 

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