Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
   Contener la emoción; declarar los afectos     
 
 Diario 16.    31/07/1979.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Contener la emoción; declarar los afectos

Se ha escrito autorizadamente que «la indiferencia afectiva es la condición final para el paso al acto

criminal». Los atentados terroristas de ETA (p-m) en el aeropuerto de Barajas y en las estaciones

ferroviarias de Chamartín y Atocha y la literatura de los comunicados reivindicativos verifican la

exactitud de ese principio, que ha estudiado Pinatel en su trabajo sobre la sociedad criminógena.

Que nadie se apropie del dolor de todos, que nadie lo secuestre ni lo instrumentalice en favor de sus

colores políticos, hemos repetido desde estas columnas. Pero, \ cuidado!, las victimas del terrorismo

deben ser acompañadas por el respeto y el efecto y honradas por las autoridades y la ciudadanía. Además,

en favor de sus familias debe movilizarse la suciedad entera para mitigar Sas consecuencias irreparables.

Hay que ser generosos y no regatearles las pensiones liras amplias que puedan aportarles alivio. La

efectividad es una de las adquisiciones, más importantes de la civilización, porque sólo desde esa

disposición del espíritu y de los sentidos es posible entender y respetar a Jos otros. Por eso, no pueden

rebajarse los efectos al nive! de las puras emociones, entendidas como sentimientos superficiales y

momentaneos. Er la medica en que la pobiación progresa hacia una actitud de indiferencia afectiva se

degrada la civilización y e! hombre vuelve a hacerse peligroso. Hay unos deberes sociales básicos que no

pueden traicionarse sin que cunda el desaliento. Y frente a los hachazos terroristas deben cumplirse aún

más fervorosamente. Es además una manera de integrar en la respuesta el compromiso de toda la

sociedad. ¿Puede aceptarse que un diputado víctima recientes del terrorismo haya

Miguel Ángel Aguilar

sufrido en sus horas de gravedad la zozobra adicional de no saber cómo podría hacer frente a la factura

del hospital no cubierta por ningún seguro? Es más importante la libertad que la vida ha declarado Gabriel

Cisneros o, si se prefiere, en frase de Arturo Soria más vale ser asesinado que asesino. Pero para qvse

aquí y ahora cunda el ejemplo y proliferen las mujeres y los hombres capaces de aceptar la puesta en

riesgo de sus vidas por la defensa de la libertad, la sociedad española, el conjunto de los ciudadanos que

la integran, han de desbordarse eri solidaridad hacia las víctimas del terrorismo con ánimo v sentido de

aliviar y mitigar generosamente todas las consecuencias de estos crímenes. Aquí hemos defendido que se

atiendan en justicia las reparaciones pendientes a las victimas y mutilados de la guerra civil, que termine

la discriminación que aún prolonga burocráticamente aquella lucha, cuando los españoles han sellado ya

su reconciliación en la concordia. Entonces, ¿qué cube decir respecto a las víctimas del terrorismo que

ahora ataca al ser colectivo de la España democrática? Y quedan, luego, pendientes los deberes de la

coherencia si no queremos deslizamos por ía pendiente de la paralización o del pasotismo, actitudes desde

las que es impensable la subsistencia del Estado como fórmula que ampara convivencia civilizada. Y hay

que tener en cuenta que la gran mayoría de españoles ha hecho su opción de vivir en un Estado de

derecho sin que las proclividades ecologistas signifiquen en absoluto veleidad alguna hacia la ley de la

selva. El Gobierno en el punto 5 de su nota del domingo acerca de los atentados de Madrid afirma que

«frente ai intento de impedir que la voluntad colectiva def pueblo vasco se exprese libremente en el

referéndum autonómico, demostrando su voluntad de convivencia y de ejercicio det autogobierno, es

preciso expresar las más sincera solidaridad y el afecto de todos los demás españoles hacia las fuerzas

políticas vascas que han aprobado el proyecto de Estatuto y que constituyen la representación

parlamentaria de la inmensa mayoría del País Vasco». Desde luego que con mi solidaridad y afecto

cuentan esas fuerzas políticas vascas, aunque no todas. Para que así fuera, falta una explicación

convincente de Euskadiko Ezkerra, coalición a la que se atribuye públicamente, sin que se haya producido

un desmentido autorizado, la condición de aparato al servicio de Ja estrategia de ETA (p-m). Estoy seguro

de que al diputado de Euskadiko Ezkerra, Juan María Bandrés, le hubiera gustado qvie los autores de la

matanza de las estaciones del domingo en Madrid fueran ios GRAPO, como declaró cuando el atentado a

su colega del Congreso Gabriel Cisneros, pero los comunicados no dejan resquicio alguno sobre la

partenidad criminal de los «polis-milis». Volviendo a los deberes que exige la coherencia, el Parlamento,

que tantas comisiones de encuesta ha constituido para incidentes de quinta fila, no puede demorar más la

tarea de esclarecer las supuestas conexiones de las dos ramas de ETA («mili» y «poli-mili») con Herri

Batasuna y Euskadiko Ezkerra. Y una vez establecida la realidad, proceder en consecuencia, si ese fuera

el caso, en primer lugar con quienes corresponda dentro del Congreso. La ira y el pánico están ya a las

puertas de la Carrera de San Jerónimo. No queda mucho tiempo para ir por delante con el ejemplo.

 

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