La impunidad: Cáncer de la democracia     
 
 ABC.    05/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

IMPUNIDAD: CÁNCER DE LA DEMOCRACIA

(¡Blanco y Negro» publica, en su último número, e! siguiente articulo:

CUALQUIER espectador de televisión habra tenido la oportunidad de advertir recientemente las

saludables imágenes de la contundente intervención de la Policía francesa en la sede principal

del Partido Socialista francés en busca de una emisora radiofónica pirata, desde la que el iider

de la oposición, Francois Mitterrand, lanzaba una soflama denunciando el supoesto monopolio

informativo por parte del poder de (os grandes, medios de comunicación públicos y privados.

No pretendo glosar el fondo del conflicto, sino la estupenda circunstancia de que ni la alta per-

sonalidad del infractor, ni la nutrida presencia de parlamentarios socialistas en el local asaltado

por las Fuerzas del Orden, ni la previsible reacción airada del primer partido político de la

oposición hayan enervado la acción de la Justicia francesa ni entibiado la energía de sus

brazos ejecutores, a la hora de restablecer el orden, vulnerado por un atentado a! principio

legalmente establecido en Francia del monopolio público de las ondas. ¡Cuántos y cuántos

sucesos nos brinda la semana española como negativo contrapunto del episodio trances que

comentamos! Unos desalmados se hacen fuertes en un Banco barcelonés tomando rehenes, y

el episodio se salda con una vergonzosa teoría de negociaciones y la inverosímil fuga de los

asaltantes, que obtienen cuanto pretendían: los cuartos y la libertad. E! más irresponsable

quídam accedido a cualquier Corporación municipal propone mociones solicitando la retirada

de las Fuerzas del Orden «para evitar provocaciones» con ocasión de las fiestas patronales del

últímo villorrio del país. Algún diario sigue haciendo apología del delito día tras día, con

caracteres tipográficos del nueve, sin que «I Ministerio Fiscal se sienta en 1a coligación de

darse por aludido ni las autoridades gubernativas con ánimos de denunciarlo. Los líderes

sindicales han hecho ya de la amenaza una cláusula de estilo; del desprecio al Parlamento, un

hábito. Especialísima gravedad —aunque quede ya a trasmano de la actualidad— fue el

episodio de las minas de Fabero, donde tue negociada la impunidad de un ¡secuestro! —es

decir, de una de las formas más viles y repugnantes de violencia, de coacción, de deaprecio

por ta persona humana—, llevado a cabo por triviales motivaciones salariales. Desacatos,

calumnias e injurias por medio de |a Prensa, sistemáticos hostigamientos a las Fuerzas

Armadas —como acaba de poner de manifiesto con oportunidad ta revista «Reconquista»—,

apología del delito, valimiento social de la fuerza bruta y de la barbarie cunden, desafiando el

esfuerzo abnegado y muchas veces heroico de los Cuerpos de Seguridad.— Gabriel

CISNEROS.

 

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