Autor: Calvo-Sotelo, Leopoldo. 
   Un éxito que molesta (réplica al PSOE)     
 
 El País.    06/02/1979.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, martes 6 de febrero de 1979

TRIBUNA LIBRE

Un éxito que molesta (réplica al PSOE)

LEOPOLDO CALVO-SOTELO

Ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas

En su número del pasado domingo dedica EL PAÍS, fiel a su vocación europeísta, un amplio espacio a la

inauguración de las negociaciones para la adhesión de España a la Comunidad Europea, acto sobre cuyo

«alcance político» recoge el periódico la «opinión de los principales partidos». La del PSOE (página

impar, recuadro y, por título, «Un asunto de Estado») se refiere, en sus dos terceras partes, no a las

negociaciones, sino al negociador; y en el tercio restante expone la estrategia que seguirá el partido si

fuera llamado —hipótesis ciertamente improbable a gobernar después del 1 de marzo. Pocos argumentos

objetivos tiene el PSOE cuando acude exclusivamente a los que llamaban los clásicos ad hominem (y

perdóneme el autor del artículo si utilizo términos que pudieran ser de comprensión difícil para él). Nada

tan halagador para mí como merecer, en vísperas electorales, una censura de mis adversarios políticos;

por eso creo que debo pagar la ligereza de sus acusaciones, dividida en cinco asaltos, con la cortesía de

una respuesta a cada uno de ellos. 1. La primera acusación es haber incumplido «mis promesas» de

consultar «a las Cortes... un esquema de la posición negociadora de España antes de comenzar las

negociaciones». (Me he permitido simplificar en la cita la enrevesada sintaxis del autor, en beneficio de

los lectores y respetando escrupulosamente el sentido.) El 15 de noviembre dije, efectivamente, ante la

Comisión de Asuntos Exteriores del Senado que propondría al Gobierno el esquema después de

Navidades y que, una vez aprobado, lo presentaría al Parlamento. He hecho la propuesta, pero no he

podido llevarla a las Cortes, por la sencillísima razón —que olvida mi crítico socialista— de que están

disueltas. El esquema, como ya dije en el Senado, no revela —sería imprudente e innecesario— toda la

posición española, y tiempo habrá después de marzo para tratar parlamentariamente la cuestión. Sin

olvidar que la responsabilidad de las negociaciones corresponde al Gobierno, como corresponderá en su

día !a ratificación de los tratados de las Cortes. 2. Segunda acusación: «Egocentrismo negociador.» Mal

puedo haberlo practicado cuando las negociaciones no habían empezado en la fecha en que se escribe la

acusación. Y en cuanto a la «desorganización gubernamental» que luego se señala, sabe el PSOE que

desde marzo se han reunido docenas de veces Grupos Interministeriales de Trabajo, en perfecta

coordinación, que han puesto a la disposición del Gobierno un resumen de más de doscientas páginas con

sus conclusiones provisionales. El Gobierno ha aprobado, además, un acuerdo que regula, precisa y

eficazmente, esa coordinación, a través de una comisión delegada presidida por el presidente del

Gobierno, y de otras normas menores. Se habla en este mismo punto de «fracaso en las negociaciones

sectoriales». Gracias a ese fracaso, el año 1978 ha sido el más brillante para nuestras exportaciones

siderúrgicas, y se ha prorrogado por dos años el acuerdo textil vigente en condiciones sustancialmente

más favorables para España; todo en perfecta armonía con los ministerios respectivos. 3. Tercera

acusación: «Liso electoralista cié mi actuación.» Estas líneas podrían acaso merecer ese reproche, por las

vísperas en que apresuradamente las escribo; pero se escriben en legítima defensa y en contestación a un

artículo que, pese a titularse «Un asunto de Estado», hace del tema una burda utilización electoral. Si,

además, el PSOE me cree capaz de haber puesto de acuerdo a los Gobiernos de Alemania, Francia,

Inglaterra, Italia, Holanda, Bélgica, Irlanda, Dinamarca y Luxemburgo unánimemente y al servicio del

calendario electoral de UCD, sobrevalora sin duda mi capacidad negociadora, y debo agradecerle el

cumplido. 4. Cuarta acusación: «Absoluto desprecio por los intereses económicos y humanos de algunos

sectores»; y se cita como único ejemplo la pesca. Yo había aprendido en manuales marxistas que la

contradicción es propia de los sistemas no marxistas y de los que en ellos estamos. Al parecer, también el

PSOE va entrando por esa buena vía y se contradice: ahora resulta que desprecio «los intereses

pesqueros», v hace un año fui objeto en el Congreso de una torpe agresión socialista —contundentemente

replicada— por interesarme demasiado en la pesca. ¡Hombre, no; un poco de seriedad, o al menos, de

coherencia! Dije en el Senado precisamente lo contrario de lo que ahora se me atribuye: que el alcance

político y social de la pesca era mayor que el económico, y que me había ocupado de sus problemas —en

colaboración con el Ministerio de Transportes— con la dedicación que exige esa importancia política y

social. El resultado de mi «absoluto desprecio» ha sido duplicar el número de licencias y triplicar el

número de barcos que pueden utilizarlas; y esto en plena batalla pesquera intracomunitaría. 5. Quinta

acusación: «Desprestigio (mío) en los medios de la Comisión de la CEE.» Aquí la gratuidad y la

personalización del comentario llegan a cimas que sólo es capaz de escalar el PSOE. Un meritorio del

partido, que no acaba de aprobar la asignatura, afirmó al regreso de un reciente viaje (¿electoralista?) a

Bruselas que había recogido esa opinión. El desmentido de la Comisión — y no suele hacerlos— fue

categórico. La Comisión no recibió al meritorio ni a sus compañeros: parece que se hicieron los

encontradizos con algún comunitario en los pasillos del palacio de Berlaymont. La patraña —otra vez la

patraña— no merece mayor glosa. Y vamos ahora con la parte positiva del artículo, aquella que refiere la

posición y la estrategia del PSOE, la única que, en buena ley, debiera haberse escrito. Cuando se

publiquen estas líneas, conocerán ya los lectores la declaración del Gobierno español en el acto inaugural

de las negociaciones: apenas hay discrepancias entre ambos textos. Hasta el punto de que, leyendo EL

PAÍS del domingo, me venía la sospecha de que una de esas filtraciones, que a veces se producen en la

Administración, hubiera hecho llegar al PSOE la declaración del Gobierno —escrita desde hace días— a

tiempo para que el autor del artículo que comento se inspirase en ella. El Gobierno ha llevado el tema

comunitario como un asumo de Estado, y el PSOE lo sabe: lo que no ha podido ni querido evitar el

Gobierno es llevarlo con éxito: y es natural que todo éxito del Gobierno moleste a la oposición; aunque en

asuntos de Estado, la molestia debiera ser menor y menos pública. Permítame como final sugerir

cortesmente al PSOE que aproveche una próxima visita a Bruselas de sus hombres para hacer allí algo

útil; por ejemplo: preguntar si podría un país, que hiciera suyas las conclusiones del último Congreso del

PSOE, in gresar en el Mercado Común. La respuesta tiene interés y hay precedentes que el PSOE conoce.

Para bien de todos, auguro al PSOE otros cien años de honradez, de firmeza... y de oposición. Y, mientras

tanto, un poco de paciencia y de humor, y más respeto a la verdad.

 

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