Autor: Meilán, José Luis. 
   La responsabilidad del centro     
 
 El País.    28/10/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAÍS, viernes 28 de octubre de 1977

OPINION

TRIBUNA LÍBRE

La responsabilidad del centro

JOSE LUIS MEILAN

(Diputado de la UCD por La Coruña)

El éxito de la opción centro en i as elecciones fue una muestra inequívoca de su oportunidad, a pesar de la

amalgama de sus componentes, de las tensiones en la confección de listas, de prisas e improvisaciones y

de una desastrosa organización. En ciertas provincias tengo la sensación de que se ganó por encima y

hasta en contra de la burocracia centralista de campaña. Quiero creer que los resultados se debieron a la

voluntad de cambio y moderación que la idea de centro ofrecía, encarnada en la imagen tiel presidente

Suárez y reforzada en muchos casos por la credibilidad personal de los candidatos en su distríto. El

centro valió para ahuyentar la pesadilla de unas revividas elecciones del 36. Recogía también el deseo del

pueblo de mirar adelante y construir una nueva convivencia a la que conducen las transformaciones

sociales, los comportamientos culturales y la misma renovación biológica del pais. Sin obtener la

mayoría, UCD es hoy la minoría más impórtante de) Parlamento. Sobre ella recae lógicamente una buena

dosis de responsabilidad —capacidad de dar respuesta— en esta etapa de la historia de España que se

corresponde con la consolidación de la democracia. ¿Cuál ha sido la respuesta durante estos meses1?

Habría que desmenuzar ¡a contestación, al menos, en tres campos: acción Gobierno, juego parlamentario

y vida de partido. En esta etapa, todavía peculiar por su carácter constituyente, ía formación del Gobierno

ha sido también un tanto singular. Se ha afirmado que es un Gobierno monocolor, y es cierto, en cuanto

no hay más de un color, aunque no todos sus miembros pertenezcan a UCD ni sean parlamentarios.

Es evidente que e) prestigio vía independencia del profesor Fuentes Quintana para una coyuntura

económica de emergencia justificaba sobradamente su nombramiento. Paro no deja de sorprender a quien

juzgue objetivamente e¿ curso actual *is la política española cómo no se incluyó a algún representante de

aquellos grupos que pudiera contribuir a conseguir la necesaria mayoría parlamentaria y cuya

incorporación no fuese un atentado a la identidad de UCD, Ai fin y al cabo — y me refiero muy

precisamente a las minorias vasca y catalana—, Jos objetivos Fundamentales de sus reivindicaciones

políticas han terminado siendo asumidos por UCD. Aquella ausencia de coalición dentro del Gobierno ha

obligado a continuas y agotadoras fintas y negociaciones entre bastidores del Parlamento, hasta una

situación que podría calificarse de limite y que ha sido salvada por la origina) maniobra del presidente

Suárez que se llama pacto dé la Moncloa. En este periodo de rodaje, las relaciones Gobierno-UCD

(Grupo Parlamentario) sólo han funcionado bien a la hora de Jas votaciones, salvo casos aislados y

.sin trascendencia. La experiencia habida demuestra que UCD funciona como partido del Gobierno,

aunque la inversa no sea tan exacta. La disciplina de voto ha primado sobre cualquier oirá cualidad del

grupo. Y no es afirmación baladí. porque el juego del Gobierno en las Cortes se ha hilvanado tan sobre (a

marcha y tan sin consulta previa con la mayoría de sus parlamentarios que las intervenciones mono-

silábicas o puramente físicas de éstos se aproximan a los actos de fe del carbonero. Se ha ido salvando

obstáculo tras obstáculo ¿n una carrera cuya iniciativa no ha correspondido al Gobierno y sobre cuya

necesidad hay que albergar senas dudas. Y no es este un juicio a loro pasado. Se dio en los nudillos a las

minorías a la hora de constituir los grupos parlamentarios y a las minorías ha habido que acudir una y otra

vez con fuerza moral atenuada y malnegociando temas tan importantes como Generalitat y amnistía sin

una contraprestación de apoyo parlamentario estable. Se defendió tesoneramente la no inclusión de la

moción de censura en ios reglamentos del Senado y eí Congreso, por sostener que el cena, debía ser

regulador en la Constitución. La tesis era sin duda, ortodoxa, como la contraria, y al final, tanto puntillo

de honra quedó convertido en una habilidosa admisión de aquélla; eso si. no en el reglamento, sino en una

ley provisional y singular para la que ha habido que inventar un procedimiento de urgencia. Los

parlamentarios de a pie están aí margen de esas decisiones de urgencia que demuestran, que los ternas que

no deben hurlarse al conocimiento >íe las Cortes no se hurtan de ninguna manera y que es mejor

plantearlos limpiamente de frente y con anticipación. El caso de la amnistía es paradigma tico.

Por lo que se refiere a UCD como partido, su movimíento nada ´¿ívace proviene de difícultades

estructurales lógicas a las que hay que añadir oirás no tan inevitables. Hay como dos intereses

contrapuestos en el liempo: la urgencia de consolidar como partido lo que fue coalición electoral y !a

resistencia de las ideologías a reducirse a un mínimo común múltiplo. Aquella aspiración, traducida en el

deseo de estructurarse unitariamente, dificulta la articulación de fuerzas regionales en aquellos sitios

donde ia fuerza de ese sentimiento se corresponde con la conciencia de una personalidad histórica y

cultural. De una u otra manera tendrá que flexíbilizarse esa postura inicial si UCD quiere tener una

implantación reaí en Cataluña. eJ Pais Vasco o Galicia. Pero ía difícultad fundamental de ese ritmo rápido

en la marcha de UCD-partido no está, a mi juicio en su carácter aglúmador de ideologías —con ser

importante—, sino en otras causas. Ha prevalecido con excesiva claridad el sindicato de intereses sobre la

preocupación por proyectar la idea de la sociedad que se quiere construir. Ha faltado un cuma de

transparencia. Los contactos han sido esporádicos y urgentes cuando su intensificación es vital: en los

comienzos por razones de eficacia y por Ja más profunda tie asegurar un comportamiento democrático

que se favorece siempre con el conocimiento mutuo. Si a ello se añade que por la premura de las

circunstancias unas veces y otras sin esta justificación las decisiones se adoptan en un ámbito reducido de

iniciados en torno al Poder, no es de extrañar que el recelo inicial. Jejos de disminuir^ haya aumentado.

Eí malestar de ese ambiente autocrálico se ha salvado, hasta ahora, por el indiscutible prestigio interno de\

presidente Suárez. Estas son sombras que proyecta la marcha de UCD en sus meses de vida; las luces

brillan solas. La porción del pueblo español que din sus votos a UCD necesita —y quizá exige— de ella

una respuesta correspondiente a la importancia de la etapa apenas estrenada. Es decir, una rectificación de

lo que está contrariando a los parlamentarios y — to que es decisivo— a muchos de sus electores.

 

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