Autor: Tusell, Javier. 
   ¿Lerroux resucitado?     
 
 ABC.    03/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿LERROUX RESUCITADO?

Por Javier TUSELL

P S muy posible que el verano que ahora ter_í´:t mina, pueda quedar en el futuro denominado como el

verano de la resurrección de Lerroux; es, sin embargo, también posible que la reaparición del político

republicano no haya sido sino «una serpiente de verano» con las que se suele distraer la ausencia de

noticias informativas políticas de verdadera envergadura. Como quiera que sea no cabe la menor duda de

que uno de los temas que más han estado evidentemente sobre el tapete ha sido la posibilidad de que en

Cataluña los sectores sociales no catalano-parlantes vinculados a la izquierda opten por una opción

política diferente de la que exigieron en su día en las elecciones. Ha habido dos planos en los que se ha

planteado la polémica: en el estrictamente intelectual a través de la discusión del libro de Jiménez

Losantes «Lo que queda de España», y en el político en relación con las declaraciones del líder

andalucista Alejandro Rojas Marcos. Respecto al libro de Jiménez Losantes, son evidentemente muchas

las críticas que se pueden hacer: en muchas ocasiones resulta confuso y en otras descubre mediterráneos;

con frecuencia muestra una agresividad vitriólica y probablemente su importancia haya sido

voluntariamente desmesurada. Sin embargo, desde el punto de vista del autor de estas líneas el libro de

Jiménez Losantos tiene un indudable interés no tanto por lo que es en sí, como por lo que significa de

inconoclastia de una situación cultural normalmente admitida en todos los sectores y especialmente esi

los de la izquierda. Jiménez Losantos se revuelve en contra de la identificación que se hace o que se ha

podido hacer en determinados sectores del mundo catalán entre españolismo y fascismo; nos viene a decir

que el hecho de que Franco hablara en castellano no quiere decir que el idioma de Cervantes sea

necesariamente fascista; recalca que en Cataluña existe un real bilingüismo y que la pretensión de, a los

emigrantes enseñarles no sólo el catalán sino en catalán, supone una evidente pérdida de su identidad

cultural. Una porción considerable de la izquierda estaría dispuesta a pasar por ella a pesar de que su

clientela más lógica es una clase obrera, uno de cuyos intereses fundamentales queda entonces preterido.

Con sarcasmo, Jiménez Losantes nos dibuja, entonces, la figura del «charnego agradecido.), es decir, el

emigrante quo lejos de aceptar su propia identidad no tiene inconveniente en someterse a la de la zona de

inmigración donde reside, y acaba por reivindicar como propia la tradición cultural de la izquierda

española de la época republicana, basada precisamente en un españolismo que ahora habría sido olvidado

por la generación de los años cincuenta o sesenta, actualmente en protagonismo político. Como se puede

ver del libro de Jiménez Losantos a las declaraciones de Alejandro Rojas Marco, a las que ahora no se va

a aludir, hay tan sólo un paso. Como queda, dicho quizá el mérito principal del libro de Jiménez Losantes

sea precisamente el resolverse en contra de una situación cultural corrientemente admitida. Es, en efecto,

cierto que la búsqueda exasperada de una identidad regional está produciendo en el mundo cultural

español algunos casos que no son ya de regionalismo sino de provincianismo. Cuando, por ejemplo, la

inmensa mayoría de los catalanes son bilingües, ¿tien. sentido condenar a una especie de extraño

ostracismo a una figura como Josep Pla por haber sido desde el punto de vista literario una traducción

absolutamente fiel de lo que es la sociedad catalana? En Cataluña, en el País Vasco y er Galicia existe un

nacionalismo cultural que tiene sólidas e indudables raíces, pero no es el caso de otras regiones que se

están inventando apresuradamente «señas de identidad culturales cuya realidad dista mucho de estar

demostrada. Y, así, entramos ya en el terreno de las declaraciones chuscas, como la de, por ejemplo, de

considerar que los bisontes de Altamira son el documento nacional de identidad de ia regionalidad

cántabra o que los yacimientos arqueológicos de una determinada zona sólo pueden ser excavados por los

naturales de la misma. Pero en este momento no nos interesa tanto esa realidad cultural como el posible

resultado político de la misma; en concreto habría que preguntarse hasta qué punto pueden ser ciertas esas

acusaciones de >>lerrouxismo>> empleadas por la izquierda socialista y comunista al referirse a los

intentos de) P.S.A. de implantarse en Cataluña. A este respecto habría que empezar por hacer dos

aclaraciones. En primer lugar, que Lerroux no fue un invento de Madrid: la idea que parte de 1a

historiografía dada acerca de éste como un demagogo irresponsable enviado desde Madrid para hacer

inviable el catalanismo es históricamente insostenible, explicada con tanta simplicidad como acaba de

hacerse. Si Lerroux fue una realidad política en Cataluña, fue debido a que supo enraizar en sectores

importantes en la sociedad barcelonesa de la época, pero, ademas, en segundo lugar, no se trata de

expresar deseos, como de descubrir realidades. En última instancia el intento andalucista de penetración

en Cataluña no depende, en su éxito o en su fracaso, tanto de los deseos de unos o de otros como de la

capacidad de respuesta de los partidos actualmente instalados ante los problemas de una porción de la

sociedad catalana. Quiere esto decir que va a tener sentido y éxito la implantación de Rojas Marco en

Cataluña en la medida que socialistas y comunistas no sean capaces de representar los intereses de los

castellano-parlantes de aquella región. En trance ya de aprobación los estatutos catalán y vasco va siendo

hora de que se cambie de postura con respecto al problema regional. Durante meses se ha presenciado en

España la fácil demagogia de unas regiones que decían ser explotadas por todas las demás. En vista de esa

explotación generalizada ha llegado el momento de preguntarse quién es exactamente el explotador de las

regiones de España, si resulta que todas ellas han sido explotadas. En vez de argüir con tan fáciles

demagogias, convendría que ahora el problema regional se planteara en estricto sentido técnico, con

conciencia de que las soluciones son difíciles y que, siendo obvia la necesidad de conllevarse, es

necesario arbitrar procedimientos que serán indudablemente complicados como, por ejemplo, el de pro-

porcionar a Cataluña, una región deficitaria en maestros, quienes enseñen catalán no siendo catalanes a

quienes necesitan el conocimiento de esta lengua nara integrarse en la sociedad a la que pertenecen.

 

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