Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   Autocrítica     
 
 ABC.    07/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

AUTOCRÍTICA

ALGUNOS amigos, y otros que no lo son tanto, afirman de tiempo en tiempo que UCD no es un partido

político, que le falta organización, que no tiene una ideología claramente definida, que sus órganos

de gobierno no se reúnen, etcétera. Pienso que una crítica tan radical no debe quedar sin respuesta. Y para

que nadie piense que voy a andarme con rodeos empezaré por admitir que, efectivamente, la UCD no es

un partido político todavía. No lo es, al menos, con el grado de consistencia que debe alcanzar en el

futuro y por comparación con sus homólogos occidentales. Es ésta una realidad tan evidente que no

merecería mayor comentario si no fuese por el hecho de que es el partido de la mayoría de los españoles y

el partido del Gobierno. Tienen, pues, gran parte de razón quienes nos critican y, desde dentro —aunque a

veces no lo parezca— somos conscientes de que nos queda mucho trabajo por delante para alcanzar esa

meta. Esta circunstancia motiva estas líneas de autocrítica en ef convencimiento de que, como dirían los

ingleses con mayor sentido del humor que nosotros, la situación interna del partido «es desesperada, pero

no grave». Quiérese decir que la cosa todavía tiene solución. Empecemos por advertir que UCD no ha

tenido casi tiempo de ser un partido. No lo era cuando ganó las elecciones en junio de 1977 como

coalición y, aunque a finales de ese año se acordó formalmente la fusión de todos los coligados, es

evidente que no se alcanzó en aquella fecha el objetivo que anunciaba el acuerdo. Hago mención al plazo

de tiempo que requiere una empresa de esta envergadura porque hay experiencias que no son

transmisibles. Tanto más cuanto que quienes las vivimos, desde la cabeza a la base, carecemos de los

hábitos y e) entrenamiento que tienen en otros países de tradición democrática. Conocimiento que en

nuestro caso sólo poseen, en alguna medida, quienes tuvieron que luchar en la clandestinidad para

organizarse, si bien es verdad que también en ellos se acusan fallos y errores, pues los partidos se hacen a

la luz de los taquígrafos y no en las catacumbas. Organizar la vida política en un régimen de libertades es

un oficio que no se aprende de la noche a !a mañana y muchos de los errores de UCD son producto, en

unos casos, de la inexperiencia y, en otros, de! miedo a enfrentarse abiertamente con los problemas desde

la óptica de las propias convicciones, sin complejos ante ¡as actitudes de quienes defienden otras idaas.

No podemos olvidar, sin embargo, que son muchos los factores que inciden en la vida interna del partido

y entre ellos uno destaca en particular: el hecho de que la UCD tenga que afrontar simultáneamente

el complejo problema de la reorganización del Estado a la vez que encauza —o intenta hacerlo con

acierto— los problemas inherentes a la gobernación del país. En parte debido a estas circunstancias

externas —pero sólo en parte— se producen dos fallos graves en la vida de nuestra organización: el

primero es la falta de información y comunicación entre los distintos niveles del partido; el segundo es la

falta de discusión y de debate interno. Ambos son consecuencia de una larga etapa de secretismo y

ocultación de los problemas de nuestra vida política como nación. En cuanto a la falta de información,

vaya por delante que éste es un problema del que se quejan todas las bases de todos los partidos políticos

del mundo sin excepción. Los partidos se organizan con burocracias más o menos cualificadas y

numerosas que tienden a aislarse de sus bases, que las ignoran y que sólo recurren & ellas -en tiempos de

elecciones para prometer entonces que serán fieles cadenas de transmisión de los deseos mayoritarios de

sus electores. Sin embargo, una vez terminado el trámite electoral las burocracias de los partidos tienden a

recobrar su soberanía y a ignorar ios compromisos asumidos con los seguidores. Gobiernan desde

entonces las burocracias muchas veces de espalda a su realidad electoral y con absoluto desprecio de los

canales de comunicación que les unen —o deberían unirlas— a las bases. Esta falta de comunicación

tiende a agravar los problemas y a distanciar a las bases de sus compromisos con el partido, hasta el punto

que muchos partidos han dejado de existir durante este siglo, en Europa y América, como consecuencia

de este fenómeno de alejamiento. Este es, como digo, uno de los primeros problemas que hay que abordar

en UCD porque esta distancia de las bases hace posible, en ocasiones, que la burocracia y los líderes del

partido cabalguen por su cuenta y riesgo alejándose, cada vez más, del mandato recibido.

El segundo problema es consecuencia de! anterior. En el partido no se conocen los temas que ocupan y

preocupan a quienes gobiernan, tanto a nivel nacional como local y tampoco, obvio es decirlo, se discuten

y debaten. Esta falta de debate, este rechazo a ia discusión de los problemas ideológicos y de políticas

concretas se justifican con muchos argumentos: las bases, se dice, no tienen ni la información (lo que no

es su culpa) ni la preparación técnica adecuada para debatir los complejos problemas de un Estado

moderno; hay temas que por su naturaleza requieren un tratamiento reservado y limitado a las altas

instancias del partido; muchos asuntos públicos no pueden esperar a la consulta de las bases, etc. Con

estos argumentos y otros análogos se suprime, de hecho, cualquier clase de información y debate. Y por

este camino, habría que añadir, llega el momento en que los líderes del partido acaban actuando en el

vacío y al margen de quienes lo han elegido. El miedo al debate interno es aquí, entre nosotros, un hábito

adquirido en la etapa anterior, cuando se ¡nos intentaba convencer de que la actividad política estaba

reservada a unos pocos elegidos sabiamente desde la cúspide del Poder. Y así resulta que muchos de los

fallos que reflejan las actuaciones públicas de UCD como partido nacen de esa falta de comunicación y de

ese temor af debate interno de las distintas soluciones que caben siempre en materias tan a ras de suelo

como las que ocupan la vida política y económica de nuestra nación. Se da la circunstancia, sin embargo,

de que desde ahora hasta las próximas elecciones generales de 1983 UCD celebrará dos congresos

nacionales y numerosas asambleas locales para elegir a sus representantes y debatir los problemas vivos

de nuestra realidad política y económica, sabiendo de antemano que en este esfuerzo cada cual tiene que

tirar del carro porque no es ésta una película de leales y traidores. Porque no hay buenos y malos en un

partido si todos pretenden con su esfuerzo ayudar a construir un partido coherente con las aspiraciones de

los electores que nos han votado. La democracia ha enseñado a otros pueblos que los problemas empiezan

a encontrar vías de solución cuando se airean y discuten sin miedo a ios fantasmas que nacen muchas

veces en los despachos aislados de los dirigentes. Y de este aislamiento quede constancia pública de que

no acuso a nadie en concreto porque quien esté libre de pecado.

Joaquín GARRIGUES WALKER

 

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