Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Dolor del Sahara     
 
 Arriba.    14/01/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DOLOR DEL SAHARA

Por Josep MELIA

NOS duele, lejano y desconocido, eI Sahara. Los españoles tenemos mala conciencia en torno a este

asunto. Yo soy de aquella generación a la que impuso como tema monográfico de preuniversitario la

españolidad de las provincias africanas. Queda en nuestra conciencia la huella de demasiados discursos de

fraternidad que se decía indisoluble, de Ofrendas de miel y leche de camella, de chilabas en las Cortes.

Nuestra política sahariana fue un tratado de retórica, en soberbio error de Carrero, un dislate de la cruz a

la fecha. No supimos enfocar e! tema con un mínimo de racionalidad. Abandonamos el territorio a su

suerte convencidos de que aquella arena no valía una gota de sangre española. En el terreno egoísta

enmendamos con sensatez la vereda de tantas y tantas locuras. En el terreno de los principios preferimos

los barcos a ¡a honra. Yo defendí en las Cortes el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Poco faltó para que me acusaran de traidor. Y añadiré más. Una política más Inteligente, y la concesión

efectiva de la autodeterminación, Ja libertad democrática y el autogobierno habría mantenido el territorio

unido al destino de España. Obviamente una España no democrática no podía democratizar el desierto. La

orgonicidad no era exportable y quienes juraban que era la redención de la humanidad no fueron ni

siquiera capaces de sugerir a la República de Guinea que se atuviera a los patrones metropolitanos. Sin

embargo, yo que creo en la autodeterminación de los pueblos no creo en la independencia del Sahara que

fue español. Por eso, si bien estoy convencido de que tal como estaban las cosas lo mejor que podíamos

hacer era desentendernos del tema, pienso que nuestra reacción no se atuvo a las reglas de las potencias

internacionales, sino a los condicionantes de un país débil, con Franco agonizante y con una sucesión que

dependía en gran medida de la paz exterior y de la moral de un Ejército al que no se podía humillar con

una guerra inútil. Ya sé que mi postura no carece de elementos de contradicción. Esa es precisamente ia

dialéctica de mi dolor, la cruz de mi mola conciencia. Porque yo quiero que el pueblo saharaui sea libre,

pero sé que no puede ser independiente. No tiene el territorio ni población ni recursos materiales para

defender sus inmensas fronteras. Y esta es la razón por ta que unos y otros manejan el pueblo saharaui

con plena conciencia de que puede querer ser una nación, pero no logrará ser un Estado. Él Sahara es un

retal que se disputan tas grandes potencias. Argelia quiere una salida al Atlántico y esa es su boza. Rusia

juega a desestabilizar la situación en el Estrecho y su baza es poner en juego el trono de Hassán.

Nosotros, con todos nuestros errores, hicimos política atlántica y europeísta. La izquierda, con toda su

bueno intención y su indudable carga moral, hace política prosoviética y tercermundista. Lo triste del caso

es que nos fuimos del Sahara con la convicción de que para nosotros no valía una guerra y con la certeza

ae que antes o después le costaría un conflicto armado a los grandes bloques que mantienen y disputan e|

equilibrio geopolítica. Me alegro de que el Congreso llame a declarar a los implicados en la

descolonización. Nadie se puede sentir ofendido por la existencia de un Parlamento que fiscalice, que

investigue, que pida cuentas. Pero me asustan las intenciones. ¿Se plantea este asunto como un problema

de política Interior o exterior? Si lo que se quiere hacer es depurar responsabilidades políticas, puede que

el proceso a la última fase del Régimen resulte interesante. Pero puede también que surjan presiones que

sería preferible ignorar, porque van Indeleblemente unidas al proceso de transición política. Además, es

psicológicamente grave empeñarse en hurgar en la herida cuando se carece de fuerza para curarla.

Nosotros podemos auto-flagelarnos con nuestros pecado, pero somos simples peones del cortejo

internacional. El Sahara es ahora otro peón en disputa por parte de las grandes potencias. Por parte de

aquellos países entre los que nosotros estuvimos y entfe los que ahora no estamos. Por culpa de Franco,

evidentemente, pero también por culpa de una izquierda con más carga ética que interés nacional. Se me

dirá que al entregar el Sahara a marroquíes y mauritanos le hicimos el juego a los Estados Unidos y al

sistema feudal de Hassán. Lo admito. Lo que ocurre es que en la duda, prefiero que esjemos del tado

americano que del lado ruso. Y la neutralidad no nos es posible. El gran error del PSOE ea su política

exterior. Las dos Españas dialogan respecto de los socialistas europeos. ¿Es un problema de dinero o una

cuestión de incoherencia Ideológica? Con el dolor del Sahara en el alma veo cómo esta daga no sólo hiere

al querido pueblo saharaui. sino que amenaza con destruir !a unidad de nuestra posición ante el exterior.

Las d soEspañas dialogan y confraternizan en el Parlamento. Pactan y se soportan en los asuntos

domésticos. Luego, cara a afuera, tienen distintos amantes y reciben subvencionas de galanes

irreconciliables. La izquierda se empeña en uncirnos al carro de los socialismos mediterráneos, de las

dictaduras sostenidas por Moscú. Y ese no es el camino que le conviene al gran país europeo que fuimos

y queremos volver a ser.

 

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