Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Romper la UCD     
 
 Arriba.    19/03/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Tribuna libre

Romper la UCD

Por Joseph MELIA

¿Pretendía el PSOE forzar un jaque mate al Presidente Suárez? La lógica así lo hace ver. Densos rumores,

para colmo, involucran en la operación los interesados consejos de ´los enemigos personales del

Presidente. Se produce, así, una coincidencia en el antisuarismo de los candidatos presidenciales de la

derecha con la altérnate va de Gobierno de la izquierda. ¿Por las mismas razones? No podría la

irracionalidad llegar tan lejos, prefigurar una absoluta identidad de puntos de vista. En ambos casos, sin

embargo, existe bajo la capa de ataque personal a la figura de Suárez un mismo plan político: destruir la

UCD. Con distintos fines, obviamente. La izquierda —y ahí están, por ejemplo, las declaraciones de

Tierno Galvan— quiere que mande la derecha, pero que sea otra derecha. Se refiere a una derecha más

racional y segura de sí misma; pero, en definitiva, lo que pretenden es subrayar su sentido conservador,

afín con el concepto de- una derecha clásico. Se diría que les molesta el centrismo y lo filosofia de un

partido más apoyado en las clases medías que en la Oligarquía o el empresariado. El socialismo tiene

miedo a disputar esla clientela desde las posiciones ideológicas y tos programas actuales. Preferiría un

giro o la derecha, aunque fuera para ganar el electorado socialdemócrata, el progresismo moderado.

Idénticas razones a las de la izquierda, por tanto, son las que manifiestan los teóricos de la derecha. Por

efemplo, Alfonso Ossorio o e! propio José María de Areitza. Lo curioso del caso es que las discrepancias

ideológicas ocultan en ambos casos profundos problemas de discrepancia o de rivalidad personal. En

cambio, donde es confeso y público el pugilato de candidaturas —Fraga versus Suárez— e( contencioso

se diluye hacia una progresiva aproximación ideológica y superposición del electorado político. A Fraga,

por paradójico que parezca, le interesa reforzar el centro. En su esquema de Gobierno existe una coalicion

a la manera írancesa fundada en la colaboración de los gaullistas (AP) con los centristas (UCD). Por eso,

a pesar de todas las rivalidades, reservas y dicterios iniciales, Jos dos grupos políticos han acabado por

encontrarse en el camino. Con eílo, definitivamente, si alguna vez AP jugó a derribar o Suárez como

líder político, ahora ha renunciado a ello. En cambio. la estrategia de todos los que aspiran a suceder al

Presidente desde los mismos mecanismos de confianza en base a los cuales el llegó a la presidencia,

tratan por todos los medios de romper este esquema. Para ello la fórmula —y es en ello donde vuefven a

coincidir los delfines y los socialistas— es tratar de quemar a Suárez para romper la UCD. A todos ellos,

en efecto, no se les oculta que el partido gubernamental no está hecho, que sigue siendo una permanente

contradicción, que hay dos cosas que lo mantienen y lo mantendrán hasta que se produzca su I Congreso:

el poder y eí (iderazgo de Adolfo Suárez. La derecha aspira a que tos mecanismos del poder —Corona y

Consejo del Reino incluidos— hagan desplazar la titularidad hacia una opción mds definidamente

conservadora, aunque en el fondo a cada quisque Jo único que le preocupa son las expectativas

personales. La izquierda, en cambio, trata de destruir la UCD para forzar la escisión del grupo de

Fernández Ordóñez, equilibrar a( PSOE con el ala que ahora echa de menos después de la entrada de tos

marxistes radicales del PSP, y, en definitiva, para ensayar una dialéctica de recambio o partir de una

mayarla parlamentaria que difícilmente obtendrán si por un todo se niegan a pactar con los comunistas y

por e) otro se encuentran lo posibilidad de una coalición entre UCD y AP. Y como esta panorámica

ofende las impaciencias de (09 socialistas, tratan por todos (os medios de hundir la persona del Presidente

Suárez para deshacer el edificio político que sustenta la más que hipotético probobílidad tíe un repetido

triunfo de la derecha real de este país. A mi modo de ver, por lo menos, esta es la realidad y por eso me

irrita que algunos apologetas de Suárez tengan que invocar la confianza real —que no viene oí caso ni

hace ningún bien a ninguna de las dos partes implicadas— cuando aquí ¡o único que se juega es un

problema de votos y de mayorías parlamentarias. Pero por eso mismo también me parecen descabellados

los intentos de personalizar en Suárez esta situación, aunque en 4o actualidad seo e) único que puede

conducirla hasta más allá de las Termopilas de la transición. Este es un error en ei que la izquierda no

debiera haber caído. Un error que no es (ruto de un método de análisis de la realidad social, sino de ia

excesiva confianza que han concedido g los conspiradores. Quizá por esta razón se encuentren con un

efecto sorpresa. Que sus ataques contribuyen a aglutinar !a UCD y su desgaste de la figura presidencial a

relanzaría y fortalecería.

 

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