Autor: Tusell, Javier. 
   UCD: Una autocrítica     
 
 Ya.    16/03/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

UCD: UNA AUTOCRÍTICA

CREO que no se puede considerar un estúpido triunfalismo considerar que el Gobierno presidido por

Adolfo Suárez ha conseguido llevar a cabo una labor verdaderamente importante desde junio pasado la

reforma fiscal, la democratización de las instituciones. los pactos de la Moncloa, las preautonomías...,

son, en mi opinión, pruebas de valor suficiente para demostrar la afirmación con que se inicia el presente

articulo. Felizmente no se han cumplido los pronósticos que, en plena campaña electoral, aseguraban que

UCD se descompondría o trataría de hacer una Constitución no democrática. Se ha demostrado. además,

que no existe por el momento otra opción de Gobierno que la presente, frente a una izquierda que no

parece capaz de superar un oposicio-nismo a ultranza. Por otro lado. Alianza Popular, en mi opinión, no

ha conseguido delinearse claramente como una alternativa de centro: por el contrario, sus repetidos

bandazos a un lado y otro demuestran una positiva incapacidad para encontrar su propio sitio en el

espectro político del país. En cuanto a la nueva derecha, es. de momento, un fenómeno que tiene que ver

mucho más con la gastronomía que con la política. Sería ya hora de darse cuenta que una cena o una

comida no significa la creación de un partido, ni menos que éste sea viable. PERO si las líneas anteriores

me parecen difíciles de re-balir. también me parece indudable que UCD no ha acabado de perfilarse como

partido po-íitico. Se ha conseguido la unidad en un tiempo récord, sa ha iniciado una labor de propaganda

que ha empezado a ciar sus frutos, pero debemos reconocer que todavía estamos muy lejos del ideal. Así

como otros partidos políticos practican la autosatisfacción como norma, UCD debería ser capaz de

reconocer esta realidad, de hacer su autocrítica y de a partir de ella, ponerse a trabajar para alcanzarla.

Lo primero que resulta necesario es darse cuenta de la absoluta prioridad que la tarea de la construcción

del partido tiene, incluso en relación con la obra de Gobierno. De nada sirve que en esta segunda se

obtengan grandes éxitos si no se engendra una estructura capas? de repetir la victoria electoral. Pero,

además, es preciso darse cuenta que en la España de hoy un partido que pretenda ocupar una posición

centrista en el espectro político tiene que ser en buena medida un partido de masas, no un partido de

notables o una simple maquinaria electoral. Y eso, por ei momento. UCD no lo es. PARA conseguir que

lo sea en mi opinión sería necesario adoptar una postura que implica un importante cambio de matiz

respecto de la adoptada en los últimos meses. La socieciad española viene practicando una abstención

culpabe respecto de la política, esperándolo todo del Estado o la Administración, sin darse cuenta de que

ya se ha acabado definitivamente el régimen autoritario. Pero para que se decida a asumir sus propias

responsabilidades resulta imprescindible que UCD se dé cuenta que la lucha política diaria en una

democracia consiste en librar batallas. Bien está tratar de no dramatizar las situaciones tensas: se puede y

se debe pactar todo lo preciso en oí terreno concreto, en la política cotidiana. Pero ¡o que no puede

suceder es que se dé la sensación, muchísimas veces falsa. de que se arrebaten, mediante exigencias

perentorias, las decisiones que corresponden al ejecutivo. UCD no debe temer que sus posturas

desagraden a algunos, porque es la única forma por la que logrará que satisfagan a otros lo suficiente

como para conseguir afiliados. Y, sobre todo, hay que mantener un debate constante en el terreno de los

principios y de las grandes concepciones de la sociedad. No se puede resbalar sobre las ideas, porque asi

ni se construye un partido ni se ganan unas elecciones. Hay un ejemplo que a mi me resulta, sangrante:

UCD podría tener el apoyo de la inmensa mayoría de los intelectuales de este país. Pues bien, por

desgracia y de momento, hemos sido incapaces de editar una revista de pensamiento, cuando el PCE tiene

tres y el PSOE tiene un par. YO creo que pariiendu de esta actitud todo lo demás se conseguirá por

añadidura. Todos los que ocupamos cargos en la estructura de partido de UCD hemos sido nombrados a

dedo. Pero esta situación, que crea recelos y personalismos y que, por supuesto, es insostenible a largo y

aun a medio plazo, se explica porque el partido no crece lo suficiente como para llega)1 a convocar

congresos provinciales en los que la democratización interna se imponga, Y no crece porque no se dan

todas las batallas que deberían darse. Y, al no existir democracia interna, tampoco puede existir la

disciplina: si la hubiera, alguna de las declaraciones que se han hecho deberían haber sido seguidas de una

sanción inmediata. Estas líneas no se dirigen contra nada ni contra nadie. Son una reflexión en alta voz,

en un alto en el camino, y una demostración de que la estructura de UCD tiene una flexibilidad de la que

carecen otras agrupaciones. Pretenden, sobre todo, ser una invitación a io que es más necesario para

construir el partido: trabajar, trabajar y trabajar. En la conciencia de que la sociedad española necesita una

solución centrista, estabilizadora de la democracia y reformista en lo social.

Javier TUSELL

 

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