Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
 Ofensiva UCD. 
 En el que ha de consistir el gran servicio al pueblo español     
 
 Ya.    30/12/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

Pag. 7 — YA

OFENSIVA UCD

SERVICIO AL PUEBLO ESPAÑOL

LA UCD pasa a la ofensiva. Suárez ha empezado por donde debía: reforzar la osamenta y la musculatura

del partido. Fin de los cenáculos madrileños. Unidad a rajatabla. La UCD cuenta ya con un importante

documento ideológico. Sin ideología, como sin organización, no hay partido. Son el alma y el cuerpo. La

UCD queda configurada como una opción de centro, sin más adjetivos. Lo importante para nosotros es

ser un partido del pueblo. Nos distinguimos claramente de la postura "centro derecha", que acaba de ser

definida como estando "al servicio del puro capitalismo". El centrismo es la forma actual del populismo.

Tenemos una mística que se impregna de la mejor, tradición demócrata cristiana y social demócrata. Ahí

está la reforma fiscal de Fernández Ordóñez. ¿Puede caber alguna duda de que está hecha para servir al

pueblo ? Lo prometido en la campaña electoral se cumple, y todos aceptamos el sacrificio de pagar más,

porque nos .guía el pensamiento de mayores inversiones públicas para redistribuir el bienestar. El

electorado de UCD no se siente estafado. Se siente, sencillamente, tranquilo en su conciencia y satisfecho

en sus expectativas. Habíamos prometido redistribuir, y redistribuimos. Eso es todo. IGUAL que estamos

haciendo la reforma fiscal ahora, haremos luego la del suelo y la vivienda, la de la agricultura, la de las

profesiones, la de la enseñanza... Pero la más importante de todas las reformas será la de nosotros

mismos. Lo fundamental, hallar un idealismo nuevo, exaltar el valor de la persona y de los objetivos

desinteresados. No sólo, pues, esas reformas en el interior, sino la lucha por los derechos humanos en los

130 países en que fallan, la liberalización progresiva de los pueblos que están sometidos hoy a dictaduras

permanentes o transitorias y la redención del Tercer Mundo del subdesarrollo cultural, de la dependencia

económica y política, del hambre. La UCD, que algunos se empeñan en ver como simple alianza

electoral, un sindicato de ambiciones políticas personales y de intereses oligárquicos, debe ser el gran

partido del pueblo, que restaure la vigencia de nuevos ideales, sin los cuales no vale la pena vivir. Contra

el materialismo, con su secuela el consumismo contra el conformismo, contra la desintegración de la

persona, de la familia, de la escuela, de la cultura, la UCD revivirá todo lo que nos justifica y nos eleva.

Frente a este populismo de la UCD sólo quedan nostalgias residuales, por un lado, y marxismo, por otro,

un marxismo que confiesan en sus programas tanto el PCE como el PSOE. Pero el marxismo, con o sin

leninismo, con o sin prefijos, no es la solución para un país civilizado como el nuestro. El gran filósofo

italiano Norberto Bobbio ha demostrado la incompatibilidad radical entre marxismo y democracia, y ésta

es la contradicción interna que devorará al eurocomunismo y al socialismo del PSOE si no profundizan en

sus planteamientos filosóficos. El sociólogo francés Alain Touraine, socialista, profesor de Nanterre,

abandona la fe marxista porque conduce a la acumulación en la misma mano del poder político, del

económico y del ideológico. ¿ Dónde queda espacio para la libertad? Cor-nelius Castoriadis ha llegado a

escribir que, en un determinado momento, tuvo que escoger entre ser revolucionario o ser marxista,

porque, en efecto, el marxismo aparece como dogmatismo, y todo dogmatismo es de derechas. Todo

dogmatismo resulta oscuro y anticuado. EL mito revolucionario, según Ernest Gellner, ha sido re-

emplazado por el de la "liberalización". Esta idea fuerza está barrenando el bloque oriental con el

fenómeno de la disidencia, que no cesará de amplificarse. Nadie puede enterrar las aspiraciones a la

libertad de las personas y de los pueblos, y ningún régimen ha conseguido en la historia permanecer in-

móvil. La UCD, pues, se presenta como un partido moderno y atractivo, en cuanto propugna esa

liberalización en el plano del pensamiento y de la actuación política. ¿Podrá alguien negar que Suárez ha

hecho ya la transición deade el autoritarismo a la democracia? El marxismo ambiguo del PSOE nos

quiere encandilar & todos con una palabra mágica, "autogestión". Así trata de quitarnos el miedo a su

política estatificadora, sea de la escuela, sea de la propiedad. Pero no caigamos en el error en que ellos

parecen sumidos de buena fe. No conocemos ningún país del mundo en que se aplique la autogestión,

como no sea en Yugoslavia, y Yugoslavia es un Estado con partido único—la Liga Comunista—y

comisarios políticos en las empresas. Autogestionar significa, para la mentalidad socialista, administrar lo

que no es nuestro, sino ajeno, lo que es del Estado o de las entidades públicas. La UCD afirma, en

cambio, y defiende la verdadera autogestión, aquella que se basa en la propiedad. Sólo administramos

amplia y libremente lo que es nuestro. Cuando gestionamos lo ajeno, hemos de atenernos a las

instrucciones del mandante. No somos libres. Y no se trata de gestionar lo que otros crean, sino de crear

nosotros mismos instituciones o empresas para administrarlas después. Este derecho privado de la

creación es justamente la parte más hermosa de la libertad. Así, por ejemplo, antes de "autogestionar" las

escuelas construidas y planificadas por el Estado, propiedad suya, por tanto, nosotros queremos que !a

Constitución y las leyes reconozcan a los padres el derecho a crearlas libremente, y entonces sí que

estarán en condiciones de gestionarlas, sin perjuicio de los controles del Estado, estrictamente necesarios

para preservar el interés público. Con la propiedad de la tierra o de la empresa ocurre lo mismo. Nunca se

ha suprimido en vano aquel importante derecho. Allí donde no hay propiedad, allí hay dictadura, y ésta

ejerce las facultades inherentes al dominio estatal, por medio de los comisarios políticos, de los burócratas

y de los policías, según la frase insuperable de Albert Camus. En este punto, la UCD recoge la herencia

del liberalismo de mejor linaje. FRENTE a la tesis de la propiedad capitalista, que ha dado lugar a tantos

excesos; frente al marxismo, que sólo concede la posesión, reservándose el dominio estatal, nosotros

afirmamos la "propiedad humana", la propiedad limitada en el espacio y en el tiempo, la propiedad que

sirve tanto a la libertad, al permitir el juego de la libre iniciativa, como al interés público, en virtud de los

deberes y de las vinculaciones que le impone la ley. Frente a la empresa capitalista, nosotros afirmamos la

empresa comunitaria. La UCD, pues, dispone de todos los ingredientes para constituir un gran partido: un

líder indiscutible e indiscutido, una ideología sólida, una mística atrayente, una masa de seguidores, un

pueblo a quien servir. El gran servicio de este partido al pueblo español en la actual hora constituyente, ha

de consistir en: a) Edificar rápidamente un nuevo orden jurídico. Hemos de volver a escribir una buena

parte del Aranzadi, porque son muchas las leyes que necesitan adaptarse a la filosofía democrática. Este

es el sentido que yo le veo a los acuerdos de la Moncloa. Alli se ha hecho una lista de leyes para la

democracia. Ahora bien, la UCD dispone en su militancia de los cuadros profesionales capaces de

desarrollar esa ingente tarea legislativa no sólo en los aspectos previstos en los pactos de la Moncloa, que

nos obligan, pero no nos limitan, sino en otros muchos que han sido allí olvidados. b) Salvar nuestra

economía de la crisis de la energía, de la crisis de los alimentos y las monedas, medíante una política de

austeridad, con una reforma fiscal que no sea puramente recaudatoria, sino reactivadora de ¡a inversión.

Toda Europa está acusando el impacto de esas crisis. Nosotros, para superarla, hemos de hacer un mayor

esfuerzo to-davía que ellos, dada nuestra actual situación. c) Dejar bien asentados los pilares para la

convivencia nacional, organizándose ella, ante todo, como un gran partido de masas, junto a las otras op-

ciones de poder, igualmente organizadas; crear su propio aparato sindical, a lo que tiene ei mismo

derecho que el PSOE con la UGT, o el PCE con Comisiones, lográndose que esas centrales controlen el

poder obrero: encajar el tema de las autonomías y, por supuesto, coronarlo todo al aprobar la

Constitución, logrando que ésta tenga un gran asentimiento popular. d) Llevarnos a la Europa

comunitaria, lo que nos exigirá renovados esfuerzos de todo tipo. La misión de UCD podría resumirse así:

forjarse como partido, posibilitar y contribuir a la convivencia nacional, hacer un nuevo Estado, participa

r en la empresa europea.

Alberto BALLARIN MARCIAL

 

< Volver