Autor: Tucumán, Jaime de. 
   El socialismo inencontrable     
 
 Ya.    10/01/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

El socialismo inencontrable

EN su libro, recientemente traducido al castellano con el título de "En defensa de la libertad", Raymond

Aron ha señalado la paradoja existente en nuestro mundo actual, en el que todo el mundo se declara

socialista, pero nadie se identifica con el modelo de Estado soviético, que es en realidad el único de los

que existen en la actualidad que dice inspirarse en el pensamiento de Marx. La verdad es que no existe un

modelo de sociedad y de Estado "socialista o socialdemócrata", porque este modelo se identifica, en

definitiva, con el más amplio de las sociedades occidentales, El caso de Suecia no supone desmentir la

afirmación precedente, porque en esta nación la Industria de exportación más agresiva, por ejemplo, es de

propiedad privada y está muy concentrada, porque el sistema de libertades es idéntico al de cualquier otro

país occidental y porque existe esa misma identidad en el terreno económico, en lo que respecta a los

precios y a la apertura al mercaao exterior. Es, en cambio, evidente que muchos socialistas, especialmente

los del área mediterránea, no aceptan con facilidad esta inexistencia de un modelo socialista de Estado y

sociedad independiente de la occidental. Se trata de lo que con ironía Aron denomina como "el socialismo

inencontrable" (el de un Soares o un Mitter-rand), sobre el que la primera y principal pregunta sería si es

simplemente posible. Pregunta interesante, sin duda, y también para los españoles, puesto que, en

definitiva, el socialismo de Felipe González no es sino una versión de este tipo de "socialismo

Inencontrable". En qué consisten los propuestas concretas de este tipo de socialismo. El español no tiene

hoy en día intelectuales que las hayan resumido, aunque se puede prever que io hagan en el futuro. Por

eso sería necesario remitirse a las obras, traducidas al castellano, de dos grandes intelectuales extranjeros:

uno. italiano. Norberto Bobbio, ha escrito "¿Qué socialismo?"; de otro, francés, Maurice Duverger, se

tradujo el año pasado su "Carta abierta a los socialistas". Bobbio, en su libro, empieza por lamentarse de

la ausencia de una verdadera concepción marxista del Estado. En Rusia, los bolcheviques, que pensaban

originariamente en la pura desaparición del mismo sustituido por meras "oficinas contables" (según decía

Bujarim, llevaron a cabo en realidad "la experiencia de la persistencia de lo provisional". El marxismo se

ha concentrado durante décadas en sus ataques al Estado representativo, pero no ha proyectado uno

nuevo. La democracia está "distorsionada" en los Estados capitalistas, y, a través de ella, no parece fácil

un tránsito al socialismo, pero al mismo tiempo este sistema es mejor que todos los que le han precedido

y que los que hasta ahora lo han seguido. No se ha dado históricamente nunca la síntesis entre socialismo

y democracia, pero ésta no es sólo necesaria, sino también imprescindible en un país en el que la

economía esté colectivizada. Bobbio, presumiblemente, ante la oleada de gauchismo que reina en buena

parte de la juventud de su país, hace una vehemente "invitación a no creer en los atajos", "al estudio, a la

reflexión, a la meditación sobre las cosas de la historia, a abandonar las frases hechas, las fórmulas, los

catecismos, el orgullo de los iniciados, la falta de instrucción y el doctoralismo, el hablar dií´ícil, la jerga

de las sectas y de las escuelas". Después de tan prudentes consejos, el libro de Bobbio concluye con una

patética pregunta: "¿Se ha dicho que la democracia es una vía, un camino. Bien, pero ¿adonde?"

MAURICE Duverger escribió su "Carta abierta a los socialistas" en un momento en que todavía en su

país se pensaba como inevitable la victoria de la izquierda en las próximas elecciones de marzo. También

en su reflexión jugaba un papel decisivo, como en el caso de Bobbio, la desconfianza ante los supuestos

logros de los partidos socialdemócratas. En los países con gobiernos socialdemócratas —nos dice—. "el

progreso hacia la socialización de la economía va tan despacio como el de los soviéticos hacia la liber-

tad". Sin embargo, el gran propósito de hacer compatible libertad y socialismo sigue siendo el de mayor

trascendencia, porque "hoy no existe ningún régimen político que sea a la vez socialista y democrático;

todos los regímenes socialistas son dictaduras y todas las democracias son capitalistas". PARA este gran

propósito, Duverger piensa que en Francia se puede contar con los comunistas, no porque sea posible

fiarse de ellos, sino poique sólo podría instalarse un régimen comunista en Francia "la víspera o el día

siguiente del estallido de la guerra mundial". El gran sociólogo francés reconoce a continuación que la

llegada a esta "tierra incógnita" que sería un socialismo con democracia efectiva está erizada de

dificultades. La transición debería ser no "una fractura, una rotura o un desgarramiento", "sino el fiel de

una balanza que oscila de un lado a otro". Muchos problemas surgirían en el terreno económico y social.

Duverger, por ejemplo, es partidario de un amplio programa de nacionalizaciones, que prácticamente

dejaría en las manos del Estado aquellos sectores estratégicos para la economía del país. La autogestión

plantearía graves tensiones en lo que respecta, por ejemplo, a aquellos países o sectores industriales en los

que tal tipo de organización puede concluir en una especie de neomaltusianismo (por ejemplo, en la Gran

Bretaña, donde la fuerza de los sindicatos concluye a menudo en una disminución de la productividad y,

por tanto, también de la competitividad exterior). Duverger ve también un grave peligro en factores de

índole ideológica. La izquierda peca en ocasiones de "ideolatría" con respecto a Marx, como si con su

pensamiento se hubiera resuelto de una sola vez y para siempre cualquier problema de la humanidad. Otro

tema de preocupación para Duverger son las tendencias no democráticas que pueden surgir de la unión de

la Izquierda, y, por ello, califica de "el más estúpido de los eslogans estúpidos" la Identificación entre

"elección" y "tración", tal como hicieron algunos de los revolucionarios de mayo de 1968. Duverger

concluye con la sabia sentencia de que "para construir un socialismo auténtico, la primera condición es

librarse de ilusiones acerca del socialismo". EN mi opinión, estos dos libros demuestran que los

socialistas mediterráneos, en su desprecio por los logros de la socialdemocracia europea, están buscando

como solución de repuesto el ensayo de algo nuevo, pero que, de puro serlo, resulta "inencontrable": en

ninguna parte ha triunfado un sistema de autogestión y son muy pocos los países que ni siquiera lo han

intentado. Los pactos con los comunistas en otras épocas no han concluido nunca >le forma positiva para

los socialistas. Loe peligros tanto de los excesivos "ensayismos" en tiempos de crisis económicas como de

los pactos con sectores que en cuanto la izquierda esté en el poder trataran de rebasarla desde una óptica

no democrática son obvios. Urge, por tanto, denunciarlos sobre todo en un país como el nuestro, en el que

si los votos socialistas soa mayoría, no va a ser precisamente Frangois Mitterrand quien ocupe una cartera

ministerial.

Javier TUSSELL

 

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