Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
   La participación     
 
 Ya.    06/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA PARTICIPACIÓN

LA UCD, a fuer de personalista y siendo el partido de las libertades, considera la "participación" como

uno de sus lemas políticos. Participar significa "tomar parte en las decisiones que hayan de afectarme en

el ámbito de cualquier cuerpo económico, social o político donde me halle inserto". Este es el único

camino de la libertad. La participación seria y responsable del ciudadano no puede agotarse en el voto de

las grandes ocasiones. Hay un plebiscito diario, tácito o expreso, que debe sostener todas las instituciones,

desde el municipio a la nación, pasando por una gama numerosa de unidades donde trabajamos y

vivimos, la empresa, la universidad, el colegio profesional, el sindicato, el partido, el municipio, la

provincia. ACABO de decir la provincía. y, en efecto, ésta es, hoy por hoy, un ámbito político

administrativo de la mayor importancia, en tanto que la región no existen ni en lo político ni en la

administrativo, siendo su delimitación geográfica y económica bastante difícil de establecer en algunos

casos. Que nadie minimice ni trate con desdén el fenómeno provincial. Una pléyade de administrativistas,

todos de primera categoría, han subrayado su importancia y han ironizado con razón sobre la fórmula que

algunos simples quieren montar: el municipio sería de izquierdas, la provincia derechista. El profesor

García de Enterría lleva veinte años propugnando la provincialización de nuestra administración local y,

curiosamente, el informe inglés sobre la devolución de poderes a Escocia y Gales, el más serio análisis

realizado modernamente sobre el tema, recomienda idéntica solución. (Véase el libro "Estudios sobre el

proyecto de Constitución". Madrid, 1978). Ahora bien, lo que nosotros nos proponemos en este período

constituyente es ir hacia adelante en la obra democratizadora, creando un ámbito más ambicioso, el de las

comunidades autónomas, que, en la mayor parte de los casos, se compondrán de varias provincias

agrupadas por razones históricas, geográficas, económicas y culturales. Tratamos de intercalar una

delimitación política, y no sólo administrativa, entre las provincias y el Estado. En ello residirá el más

original y atrevido perfil de la nueva Constitución. PUES bien, superar la provincia por la región o porte,

nacionalidad reclama y exige la participación de todos los ciudadanos. En términos vulgares, la

regionalización consistirá para ellos en tener que relacionarse con un nuevo centro de poder situado en la

capitalidad de la región. Es menester que lo admitan. En términos más elevados significará una nueva

identidad regional. ¿No es lógico que ello requiera el referéndum provincial? Si hoy vivimos

electoralmente, administrativamente, políticamente, económicamente incluso, en la provincia, ¿no hará

falta nuestro consentimiento expreso para cambiar el marco? Yo lamento que algunos partidos no

estuvieran de acuerdo en el Senado con estas razones, y mucho más que alguien evocara con tal motivo

una política de "burgos podridos" a cargo de la UCD. Hablar de "burgos podridos" a estas alturas,

refiriéndose a los pueblos de las provincias rurales, es añadir el escarnio al subdesarrollo y a la injusticia

que padecen. Resulta, además, anacrónico e inexacto. En las elecciones de 1977, ganadas por UCD. no

hubo corrupción ni podredumbre. NI los propietarios o empresarios podían amenazar a los arrendatarios

con el despido, ni probablemente les hicieron ninguna, o casi ninguna, indicación de voto. Que yo sepa,

no hubo —salvo contadas excepciones—-coacciones económico - sociales de ninguna especie. De

"burgos podridos", nada. Más valdría, pues, dejar de utilizar en el Parlamento expresiones de este tipo,

que corresponden a otra etapa de agrios enfrentamientos verbales, hoy felizmente superada.

NOSOTROS, desde luego, seguiremos propugnando la participación a todos los niveles. Somos

sinceramente autonomistas, mas no por razones electorales ni por exhibición de progresismo. Creemos

que las comunidades autónomas han de construirse de abajo arriba, empezando por la realidad actual, que

son los municipios y las provincias. Esta construcción ha de hacerse con toda, seriedad, sin precipi-

taciones ni atropellos. Que cada provincia consienta, y asi la unidad ee basará en la voluntad de todos, no

en la coacción o en el arrastre masivo de los votos de las grandes metrópolis regionales. Que los

ciudadanos sepan a dónde van. cuál ha de ser el estatuto de su futura convivencia y que lo aprueben

voluntariamente. Sólo así se logrará el efecto práctico de que al redactar los Estatutos no se pospongan los

derechos de las provincias menos pobladas. Sólo así tendremos comunidades autónomas seguras y

estables, capaces de afrontar los delicados problemas de consolidación que les aguardan. En caso de no

aprobar el Estatuto, que quede fuera de la comunidad autónoma la provincia de que se trate, pues asi se

habrá previsto al pedir el referéndum sobre e1 Estatuto. Lo demás sería precipitación y frivolidad, algo

que acabaría volviéndose contra el mismo proceso autonómico que queremos propiciar.

Alberto BALLARIN MARCIAL

Senador UCD por Huesca

 

< Volver