Autor: Moya Moreno, Arturo. 
   En el centro     
 
 El País.    23/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL PAIS jueves 23 de febrero de 1978

OPINION

TRIBUNA LIBRE

En el Centro

ARTURO MOYA MORENO Diputado de UCD por Granada

Se está replanteando por algunos, ante la opinión pública, una cuestión política aparentemente académica,

pero cuyo fondo ideológico y práctico es indudable: se trata del tema de la localización relativa de las

fuerzas poli ticas a la derecha, en el centro o a la izquierda. Por haber obtenido el mayor respaldo popular

en las elecciones de junio; por asumir actualmente la responsabilidad de gobernar; por ser uno de los

principales protagonistas del proceso de democratización española, Unión de Centro Democrático es el

partido que con más frecuencia está sometido ante la opinión a estos exámenes de locaiización en el

espectro político. Curiosamente, desde sectores situados a la derecha de UCD se ha venido afirmando que

La política del Gobierno, y por tanto la del partido que lo apoya, es de izquierda o, cuando menos, de

centro-izquierda; y al mismo tiempo, desde esos mismos sectores se invita a UCD a participar en una

presunta gran operación de formación de la derecha española o, a lo sumo, de centro-derecha.

Y más curioso todavía es observar cómo, desde los sectores que podríamos llamar de la derecha del

propio seno de UCD, se presta atención a estos planteamientos. Puede argumentarse que la diversidad de

alas en el seno de un partido pluralista como el nuestro es síntoma de vitalidad interna. Esto puede ser

cierto, aunque también puede ocurrir que la diversidad llegue a extremos de entendimiento con otras

opciones políticas hoy distintas, pero históricamente afines en un pasado próximo. Y eso, si ocurriese,

sería sumamente grave. Equivaldría, en otras palabras, a reproducir en España el modelo italiano, siendo

así que ellos son maestros en el arte de sobrevivir sin gobernarse, en tanto que aquí sucede exactamente al

revés. Puede resultar un poco chocante, de puro sabido, pero se hace necesario de nuevo recordar ahora

cuál fue la vocación con que nació Unión de Centro Democrático. Cuando se inició la formación de este

partido, primero como coalición de partidos, una idea básica presidía todo el propósito: hacer imposible

en España la repetición de una bi-polarización política que, históricamente, ha sido trágica entre nosotros.

El centro nació presentando a los españoles una bandera de concordia, de moderación y de reformismo

progresivo. Esta actitud, no diré inédita, pero sí muy poco ensayada en nuestra vida pública, recibió la

aceptación de seis millones largos de conciudadanos, e hizo de UCD la primera fuerza política del país.

Yo entiendo los resultados de las últimas elecciones como un triunfo espectacular de la moderación y del

progreso y una voluntad de huir de enfrentamien-tos radicales. El puro bipartidis-mo, sin la presencia de

elementos equilibradores, ha sido en España un enfrentamiento metafisico, porque no se partía de

un concepto de sociedad aceptado en sus puntos básicos por las principales fuerzas políticas (como

ocurre, por ejemplo, en tres países con florecientes sistemas bipartidistas: Estados Unidos, que es el

ejemplo neto, y Alemania Federal y Gran Bretaña, donde el bipartidismo sustancial aparece matizado por

la presencia de pequeños grupos liberales), sino de conceptos en buena medida antagónicos en cuanto al

modelo de sociedad y de Estado que se propugna. Las elecciones han producido un mapa político en el

cual —salvando la situación vasca o la catalana, que en el conjunto de España son la excepción— la

moderación ha triunfado encarnada en la UCD, pero con la presencia significativa y no desdeñable de

fuerzas situadas a su derecha y a su izquierda: Alianza Popular, el Partido Socialista Obrero Español y el

Partido Comunista. Sobre estos cuatro soportes está hoy edificada la democracia en España, y en cierto

modo nada más natural que las dos minorías extremas del arco parlamentario intenten acercarse a

posiciones en donde se residencia la abrumadora mayoría del electorado; pero hoy por hoy sería temerario

suponer que estos movimientos de aproximación vayan a ser respaldados por el pueblo de modo que

cristalice pronto ese tipo de bipartidismo, de tan penosa memoria en nuestra Patria. Por eso conviene

decir con claridad que tratar de identificar a UCD con la derecha, sencillamente no corresponde a la

realidad de las cosas. La política planteada desde su mismo nacimiento por UCD, y seguida por el

Gobierno que preside Adolfo Suárez, es una política que, ciertamente, comparte algunos postulados de la

derecha civiliza-da, como son el modelo económico-social de economía de mercado, el reconocimiento

de la libre iniciativa en todos los órdenes o la inserción de España en el mundo occidental democrático.

Pero también enarbola algunas de las banderas defen-didas por la izquierda democrática en Occidente: la

justicia distributiva, la solidaridad entre los hombres, la honestidad fiscal a ultranza, la existencia de un

sector público, etcétera. Ni se es necesariamente de derechas por propugnar el sistema de economía de

mercado, ni se es forzosamente de izquierdas por exigir un sistema fiscal progresivo y cumplido de

manera terminante. De hecho, la política del presidente Suárez, seguida por su Gobierno, ha dado pruebas

fehacientes de que en estos meses se han venido cumpliendo tanto las promesas electorales como los

postulados ideológicos de Unión de Centro Democrático. Y toda es política es de centro, de centro-centro,

si vale la redundancia, y dicho sea con ánimo clarificador. ¿Por qué razón la reforma fiscal o la defensa

del medio ambiente han de ser patrimonio exclusivo de la izquierda? ¿Y por qué motivo la derecha puede

permitirse asumir Ja exclusiva de la defensa del individuo frente al poder creciente del Estado?

El hecho de no compartir la tesis marxista de la lucha de clases, el ateísmo científico, la estatalización

económica y social, etcétera, distancia a UCD de la izquierda; pero considero que es un error el deducir

de ahí que este partido deba ser situado en la derecha. Se trata, ya lo sé, de términos relativos, y

justamente en virtud de esta relatividad es más necesario subrayar la posición centrista de UCD, porque,

efectivamente, en España existe una actitud de derecha que no es la actitud política de Unión de Centro

Democrático. Es una actitud muy honrosa, perfectamente defendible en una democracia, pero que no es la

nuestra. ¿Pactos? ¿Alianzas? ¿Entendimientos circunstanciales? Con quienes sea necesario en cada

momento. También con la derecha. Pero desde una actitud que no responde a este flanco del abanico

político español. Sin renunciar a la propia naturaleza de una opción de centro, personificada por Adolfo

Suárez, tanto en el partido como en el Gobierno, y que demostró en las urnas ser la posición preferida por

los españoles.

ni

 

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