Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Los reformadores     
 
 ABC.    23/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DOMINGO, 22 DE ENERO DE 1978. PAG, 3

LOS REFORMADORES

TODO reformador encuentra una in mediata y creciente resistencia de la institución o colectividad que

traía de reformar: en tan sencilla ley histórica se resumen los afanes y muchas veces las desventuras que

corresponden a esos españoles idealistas y beneméritos que pudiéramos designar con una ampliación del

tituio propuesto por la profesora Gómez Molleda para un conjunto de ellos: los reformadores de ia España

contemporánea. La présenle transición, planteada entre reforma y ruptura, se inclinó providencialmente,

gracias a la inequívoca decisión del pueblo español, por la reforma; esto es una reforma y tan seria que los

antiguos adictos a la ruptura dicen que ers cierto sentido ss trata también de una ruptura. Excelente

resultado para los estrategas de la ruptura, situados en ios vértices del triángulo de ia transición; cuyos

nombras no hace falta expresar, porque están en la mente d« todos. Pero además de ese triángulo director

de la reforma han contribuido decisivamente a elia otros reformadores: algunos han sucumbido

provisionalmente al terrible desgaste de un trabajo realizado en condiciones imposibles, como el breve

equipo reformista que luchaba dentro del primer Gobierno de ia Corona, según ha confirmado

dramáticamente en su análisis uno de eflos, José María de Areilza. Entre ¡os que siguen en la brecha, con

sus objetivos perfectamente resumidos en la ley histórica citada ai principio, habré de referirme en estos

apuntes de imagen a ios artífices de la reforma fiscal, Fuentes Quintana y Fernández Ordóñez, quien por

cierto ha tenido la luminosa idea de brindarnos un estupendo estudie de conjunto, en dos tomos, con e!

titulo «Medidas urgentes de reforma fiscal». Tocaré también la trayectoria del reformador militar, general

Gutiérrez Mellado, quien parece haber superado ya serenamente una dt-fícii posición política; pero dentro

del contexto reformador me interesa referirme hoy a un joven ministro no sólo poce conocido, sino

absurdamente mal conocido, Enrique Sánchez de León, que ha lomado sobre si la misión imposible —e

ineludible— de !a reforma sanitaria. Por lo pronto su importantísimo decreto sobre elevación genera! de

pensiones —el más amplio y generoso de toda la historia social española— está pasando sin tratamiento

informativo adecuado, como si se tratase de una disposición de mero trámite; 51 ni siquiera su propio

partido, la U. C. 6., aprovecha tan estupendo recurso electora!. Tampoco se ha recalcado de manera

suficiente e! logro de una aspiración por la que la Prensa y la oposición clamaba desde hace muchos años;

la incorporación plena del presupuesto de la Seguridad Social (con el que se han cometido desaguisados

históricos en épocas anteriores), a la luz y los taquígrafos, de los Presupuestos Generales del Estado,

La reforma sanitaria era ineludible. Durante el régimen anterior la acción sanitaria se centró en lo

curativo; mientras la medicina preventiva, cuya importancia distingue a urt país desarrollado, se atendía

desde una Dirección General de Sanidad arrinconada en el Ministerio de la Gobernación; y cuya

reconocida compelencía se comprometía por una situación de indigencia presupuestaria. La red de

hospitales, desigualmente repartida, se concentró en zonas urbanas, mientras zonas rurales extensísimas

—conozco de cerca los casos sangrantes de Yecla y Caravaca— quedaban desatendidas. Los

ambulatorios se masificaban. La comunicación médica se deshumanizaba. La asistencia farmacéutica

competentísima en lo profesional— sufría la interferencia da los grandes monopolios. Un equipo ejemplar

da políticos y técnicos, entre ios que figuran, a veces con increíble sacrificio persona!, grandes figuras de

la medicina y la sanidad española, ha emprendido la reforma sanitaria y ¡a tremenda gestión de ia

Seguridad Social a ias órdenes de este ministro extremeño, uno de los hombres más experimentados,

competentes y templados de la transición. No han faltado las resistencias pasivas, sobre iodo, desde

algunas corporaciones médicas, cuya reforma profunda se ha pedido, por ejemplo, desde urt joven y

poderoso sindicato libre que agrupa a 10.000 profesionales nada menos. Desde las zonas de resistencia, y

con alevoso aprovechamiento de unas declaraciones de! ministro tergiversadas y manipuladas, se ha

montado una campaña que a sus propios fautores conviene olvidar cuanto antes; y que puede haber en-

contrado extrañas complicidades marginales en algún sector mínimo del propio partido del ministro de

Sanidad. Hay, por supuesto, algún rasgo cómico, como cierto presunto subsecretario que se revuelve

airado cuando se le ofrece un puesto importante, aunque menor, y luego orquesia una campaña regional

especialmente virulencia. Desde el punto de vista comunicativo, la hostilidad a la reforma sanitaria es un

tema apasionante, sobre el que convendrá volver en su momento. Ahora me he limitado a señalar el

problema dentro del contexto genera! de ia reforma política y social española, y a subrayar los peligro» de

manipulación envueltos en una aparente y egoísta —por no decir caciquil— defensa de la

profesiortalídad. Cientos de veces ha demostrado este periodista su admiración y agradecimiento por la

clase médica española, y no me estoy refiriendo s ella; pero deseo llamar la atención sobre cierta especie

oculta de intocables —excepción en una comunidad médica ejemplar— que solamente invocan s la

democracia cuando conviene a sus particularismos y sus privilegios Y que en quistados en eses

privilegios poseen una increíble capacidad de intringa y de tergiversación.—Ricardo de la CIERVA

 

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