Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   El apoyo total     
 
 ABC.    04/12/1977.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

DOMINGO, 4 DE DICIEMBRE DE 1971. PAG. 3

EL APOYO TOTAL

NO, querido Luis Apostua: nadie to IVA echado histeria A la crisis de U. C. D., que era una crisis

objetivamente histérica. Hace diez días todo iba bien en U. C D.; los problemas se deshuesaban y se

enderezaban. De pronto sobrevino el terremoto. Con dos circunstancias, no sé si desencadenantes:

primero la concentración de los diez mil empresarios en Barcelona, que puso de manifiesto la terrible

incidencia y el terrible desgaste inducido por la crisis económica y social sobre el partido del Gobierno,

mientras no hay exactamente un Gobierno del partido porque no hay exactamente un partido; segundo, la

postura constituyente del Episcopado, que dejó al descubierto los problemas ideológicos en la contextura

de U. C. D. Entonces los jefes de fila de U. C. D. iniciaran un «ballet» suicida de reticencias,

declaraciones, proyectos de evasión y aproximaciones pactistas. Habra que cegarse para no verlo: y, al

precio Que sea, los cronistas políticos o dejamos de serlo o comunicamos al público la información a que

el público tiene derecho, por más que todo el mundo oficioso se la escamotee. Conscientes de la extrema

debilidad de U.C.D., los movimientos convergentes de la llamada nueva derecha, que a mí me parece

viejísima, saltaron a despedazarla. Cuando Abel Hernández, que es un lince objetivo, parecía desfondado

en su recuadro del miércoles, se limitaba a reflejar exactamente un desfonde. Cuando Ignacio Camuñas,

en la conferencia —estupenda— de María Rosa Boceta, a importancia importancia demoledora a sus

declaraciones de ABC, disimulaba esa importancia con unas gotas de cinismo liberal: porque sigo

pensando que no es un irresponsable, a pesar de las apariencias. Cuando José Ramón Lausén apoyaba a

Suárez frente a las tensiones de su grupo se bloquearon los teléfonos con llamadas de Teruel a favor suyo

y en contra de los presuntos disidentes; porque esos electores habían votado al Centro, no a los

minipartidos. Estaban aún muy recientes los movimientos de Fernández Ordóñez, que para la aprobación

parlamentaria de la ley de medidas urgentes fiscales se apoyaba aparentemente más en los escaños del

P.S.O.E. que en los de U.C.D.; esto lo vimos muy claramente en el Senado y, sabiéndolo, apoyamos a

Ordóñez por puro patriotismo, mientras algo se nos retorcía dentro cuando nos dábanlos cuenta de todo,

lo cual no advirtió el inteligente ministro de Hacienda. Por último, el P. D. C. registraba intensas

tensiones entre la línea Osorio (a favor de la autonomía democristiana, pero con un «back-ground» de

intereses menos ideológicos) y la linea Cavero, de plena integración en U.C.D., mientras Alvarez de

Miranda, consciente de su respnsabilidad histórica, impedía la ruptura y trataba de forzar ana difícil

síntesis. Estamos ya en el jueves. En medio d« la semana hubo dos almuerzos sucesivos y trascendentales

en la Zarzuela. El primero, con el presidente Suárez; el segundo, con el cardenal Tarancón. Sobre éste

diré algo en el próximo número de «Blanco y Negro», al relatar la aventura constitucional de la Iglesia

española, el otro tema clave de esta semana, querido Apostua. El almuerzo entre - la Iglesia libre y el

Estado libre acabó bien; ya verán. Pero antes, en el otro almuerzo (y naturalmente esto no lo sé por

ninguno de los comensales, faltaría más), se- reconfirmó, con pruebas palpables, y de forma que incluso a

este cronista, qne ya lo esperaba, resultó definitiva, el apoyo total del Rey al presidente del Gobierno. Se

había especulado con qtue el Rey dudaba del apoyo; se había insinuado —creo que alevosamente— que

la Corona veía con buenos ojos la posibilidad de ciertas alternativas, y que incluso las había insinuado.

Qué barbaridad! ¡Qué desconocimiento del talante y la trayectoria de la Corona antes 7 durante la

transición! Con el apoyo total de la Corona —jamás perdido, pero inequívocamente revalidado— el

presidente del Gobierno se metió, uno tras otro, en los diversos compartimientos de la jaula de los leones.

¿Cómo es posible que algunos políticos ignoren todavía su táctica? Su táctica consiste en recabar primero

la seguridad desde la cumbre, y las manos libres. Segundo, en presumir la seguridad del apoyo total desde

las bases. Tercero, en lidiar a los políticos con el recurso de adelantarse a sus maniobras. La maniobra que

repetían los presuntos disidentes era asomar correctamente el borde del chantaje parlamentario —sin

decirlo jamás, por supuesto— mientras intentaban pactar con el P. S. O. E. para el caso de «lúe se

produjera la ruptura. Felipe González, Enrique Múgit-a y Alfonso Guerra han actuado en todo este

episodio •—un tanto vergonzante por parte de algún líder del Centro— con una altura de miras y un

sentido nacional que equivale a su reválida de madure/; pero los minipartidos del Centro han contribuido,

de forma suicida, al fortalecimiento del P. S. O. E. en un momento muy crítico para el P.S.O.E.

Suárez lo sabía. En aplicación de sn táctica estaba dispuesto a ser él quien pactase con el P.S.O.E. y, por

supuesto, el P.S.O.E. prefería pactar con él. Suárez, y todas las bases del Centro, siguen seguros de que no

ya el 15 de junio, sino hoy mismo, si se produce una nueva consulta electoral (posible arma remota de

Suárez) los minipartidos del Centro, confirmados artificialmente por Suárez en junio, quedarían barridos

del mapa, lo mismo que sus homólogos de junio que no estaban en el Centro; y ni siquiera algunos líderes

obtendrían probablemente el escaño del honor. Porque los minipartidos del Centro son los cenáculos

madrileños, más sus respectivos cónsules en las capitales de cada provincia, que sólo pueden vivir como

integrados en el Centro o como parásitos del Centro, situación tristísima que alguno de ellos conserva.

Segunda decisión de Suárez al entrar en la jaula: prescindir desde ya del apoyo parlamentario —si era

preciso— de quien no aceptase la decisión de disolverse. La eventualidad estaba legal y politicamente

prevista. Entonces comenzaron las sesiones. El patriotismo, el sentido político, el contacto con las bases

reales de U. C. D. por parte de los líderes regionales fue unánime y decisivo. La reacción de los jefes de

fila madrileños, hombres de notable sentido político, tes hilo aceptar inmediatamente la realidad. Se

impuso la sensación de responsabilidad histórica, expresada por el presidente, cuando comunicaba que la

reunión da U. C. D, había resultado decisiva para la consolidación de la democracia en España. Todo

volvía de nuevo a su canee de hace iin par de semanas. Habrá remodelación, pero eso es ya lo >le menos.

Fallan por aclarar las posiciones de Camuñas y el P. D. C. En el caso del P. D C. habrá, seguramente, una

pequeña escisión que responde más a intereses —muy respetables en lo personal— particulares que

generales; la cosa acabará bien seguramente, porque el P. 1> C. es un grupo con fuertes conexiones

populistas, y sus líderes —sobre todo fuera de Madrid, sobre todo los qtse han hecho una campaña

electoral—, salven que su pueblo les pidió Centro, no líneas confesionales. Aunque tal vez la decidida

actitud del Comité de U.C.D. evite, como sería de desear, la pequeña escisión del P. D. C. que,

naturalmente está prevista. En cuanto al caso del P. D. P., Ignacio Camuñas tiene, quizá, la última oe,a-

sión de demostrar púbücamenlc quién tiene razón sobre su envergadura política, quiénes le hemos

defendido siempre o quiénes han confundido su imagen con su profundidad. Termina, pues, la semana

con una enorme esperanza. Con un montón de buenas noticias, entre las que destaca, además de las

resumidas aquí, la espléndida actuación del ministro de Sanidad, Enrique Sánchez de León, que expuso

en una Comisión ampliada del Congreso, durante dos horas y media, la situación y los objetivos de su

enlosa! Deparlamento, y se creció, durante un debate de cuatro horas, hasta dar la talla del gran político

que lleva dentro, como me comentaba, asombrado, no grupo de políticos de izquierdas a las doce y media

de la noche a la puerta de Fernanflor. Queda así corregida e1 rumbo, analizada y superada la histeria.

Vamos a ver si se mantiene la mejoria en medio de la crisis economica y social, que se sigue agravando,

que provoca todas las convulsiones y derrumbos todos los pronósticos.—Ricardo DE I.A CIERVA.

 

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